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Uganda: Radios comunitarias sanan heridas de guerra

por Juan Ortega

  Will Boase/IPS

La emisora de frecuencia modulada Mega, de esta ciudad del norte de Uganda, ofrece programas de entrevistas y debates y las últimas canciones de moda para los radioescuchas de todo el distrito, además de fomentar la paz y promover la reconciliación en la región.

La radio recuerda también la contribución de las emisoras a la paz durante la guerra lanzada por el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), que devastó el norte de esta nación del centro-oeste de África y a la que se puso fin formal en 2008. 

El LRA comenzó la guerra contra el gobierno de Uganda en 1987. A mediados de los años 90, el comandante Joseph Kony se volvió contra su gente, el grupo étnico acholi. Sus combatientes asesinaron a miles de personas, secuestraron a miles de niños para usarlos como soldados y obligaron a dos millones de personas a refugiarse en campamentos para personas desplazadas.

Los líderes y representantes de organizaciones no gubernamentales, responsables de informar a una población que vivía en una situación caótica en un país donde la pobreza y el analfabetismo eran rampantes, necesitaban una forma de reorganizar a las comunidades y de hablar con los rebeldes sobre paz y reconciliación.

Las radios comunitarias del norteño distrito de Gulu, en el corazón del territorio acholi, se volvieron el eje de esos esfuerzos.

Recurrieron a la radio porque “puede llegar a la última persona del lugar más recóndito”, señaló Arthur Owor, director de la Asociación de Medios del Norte de Uganda, ubicada en la ciudad de Gulu, capital del distrito.

Con un auricular y una batería, los presentadores pueden comunicarse con decenas de personas. “Las ganancias netas fueron realmente altas en términos de mensajes”, apuntó.

Las emisoras locales como Mega, surgidas a partir de 2000, tenían programas que llamaban a los rebeldes a participar en las negociaciones de paz, ofrecían un foro para que las comunidades comenzaran a hablar de justicia y cedían un espacio para que las familias suplicaran a sus hijos secuestrados que escaparan del LRA y volvieran a casa.

Okema Lazech Santo, coordinador de programar de la organización Ker Kwaro Acholi, que reúne a líderes tradicionales, se describió como alguien que estuvo en el centro de la guerra y de los esfuerzos de reconstrucción.

La radio fue “útil para movilizar a la gente, sirvió para rogar a los secuestrados que volvieran a casa. Fue la única herramienta que realmente sirvió para lograr la paz en el norte de Uganda”, afirmó.

Miembros de la fraternidad radial de esta zona asumieron con seriedad su papel de promotores de la paz. Con frecuencia comparaban su respuesta a la que dieron las emisoras durante el genocidio de Ruanda, en 1994, donde se utilizaron para promover asesinatos.

La radio Mega, que pronto recibió apoyo del gobierno ugandés y del Departamento de Desarrollo Internacional de Gran Bretaña, fue fundada en 2002 para “resolver el conflicto en la región”, según Nicky Afa-Ei, responsable de programación, quien trabaja en la emisora desde el comienzo.

El principal mensaje de Mega fue que la región quería paz y el público objetivo no fue necesariamente la comunidad, sino los rebeldes “con sus propios auriculares” que estaban dentro del área de alcance de la señal, indicó Afa-Ei.

La emisora creó programas para hablar sobre amnistía y justicia tradicional, a veces con apoyo de organizaciones no gubernamentales, e invitó a diferentes tipos de gente, como líderes tradicionales, padres y hasta escolares, a grabar un mensaje de paz.

Y Mega encontró su público. Un día de diciembre de 2002, en lo peor del conflicto y dos meses después de la inauguración de la emisora, Afa-Ei conducía un programa cuando llamó el propio Kony.

“Ahí fue cuando la gente escuchó por primera vez su voz después de muchísimo tiempo”, recordó. “Fue bastante amigable, pero culpaba al gobierno diciendo que no era realista”, apuntó.

Luego Kony y sus allegados comenzaron a utilizar las emisoras locales como vía de comunicación con las autoridades y directamente con la gente, hasta que el gobierno consideró que sus comunicados eran demasiado propagandísticos y prohibió entrevistar a rebeldes sin la presencia de un representante oficial.

El programa estrella de Mega, “Vuelve a casa” (Dwag Paco, en luo), todavía se recuerda con respeto en la comunidad, incluso entre empleados de la competencia. El objetivo era sortear a la propaganda del LRA y alentar a los niños y niñas que habían sido reclutados a la fuerza a regresar a sus pueblos.

Su conductor, John Lacambel, llevaba niños soldados al programa para que relataran su retorno al hogar y así contrarrestar la amenaza del LRA de que los mataría sin regresaban con su familia.

Dwag Paco fue clave para los esfuerzos de reconciliación, indicó Santo. “Logró que muchos rebeldes desertaran y regresaran a casa”, apuntó.

La región norte y, en especial, Gulu están en auge. El cese de las hostilidades (resultado de conversaciones de paz inconsistentes y del avance de las fuerzas ugandesas en 2008) y el regreso de las personas desplazadas contribuyeron a la renovación de la infraestructura y al surgimiento de nuevos negocios.

La antena de Mega ya no sobresale en el contorno, atestado de bancos, hoteles y tiendas de comestibles con luminarias. Otras siete emisoras comunitarias pueblan el dial.

“Estamos en proceso de recuperación y de estabilidad”, indicó Owor, por lo que las emisoras también cambian de papel y se vuelcan al entretenimiento. En vez de los programas de las organizaciones no gubernamentales, hay más entretenimiento y noticias regionales, así como otros que pasan música a la hora del almuerzo.

Pero la programación todavía se caracteriza por debates vinculados a la guerra, indicó Willy Chowoo, conductor de Choice FM. Eso incluye la polémica cuestión de la amnistía a los combatientes.

Una de las prácticas más horrendas del LRA fue obligar a los rebeldes a regresar a sus pueblos a saquear, secuestrar y asesinar a sus habitantes. Ayudaba a cortar los lazos entre los combatientes y su hogar y aseguraba los vínculos con la insurgencia.

Con el repliegue el LRA, algunos rebeldes, muchos de los cuales fueron niños reclutados a la fuerza, regresan poco a poco a sus pueblos. Situaciones dramáticas pregrabadas recrean un escenario en que la población local se ve confrontada al manejo de esos casos.

El mensaje, dijo Chowoo, es “no deben tomar represalias. La gente no debe pagarles con la misma moneda”.

El trabajo de las emisoras coincide en la necesidad de reintegrar a los rebeldes, uno de los objetivos que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, especificó antes de enviar efectivos para ayudar a atrapar a Kony a principios de este año.

Hay otros problemas como la apropiación ilegal de tierras que eran propiedad de los desplazados, la seguridad alimentaria en una comunidad que durante mucho tiempo dependió de la asistencia de organizaciones no gubernamentales, y la salud por la falta de infraestructura.

Líderes tradicionales y algunos miembros de la comunidad denuncian los problemas en programas de radio y expertos consultados ofrecen soluciones.

El norte de Uganda se ve constantemente enfrentado con su legado bélico, pero Afa-Ei dice que las radios comunitarias de la zona tratan de “forjar un camino para un futuro mejor”.

* Este artículo fue producido con apoyo de Unesco (http://www.unesco.org/new/en/)

John Lacambel condujo un programa en la radio Mega FM alentando a los combatientes del Ejército de Resistencia del Señor a abandonar la fuerza y regresar a casa.

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