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SACÁNDOLOS DE LAS PANCARTAS

by sedec

Fueron tantas las veces y tantas las personas que me insistieron que debía escribir mi historia, que finalmente no sabía si hacerles caso o ¡mandarlas a la cresta!

Finalmente accedí a los pedidos de dejar un testimonio sobre mis vivencias, con la idea que se conociera una historia que ha sido la de tantas y tantas familias de mi patria querida.

Mientras avanzaba en los apuntes, me di cuenta que me encantaba escribir sobre Manuel, mi compañero en toda la expresión de la palabra, y de la familia que estábamos construyendo, en momentos en que pretendíamos transformar nuestro Chile en un país más humano, más fraterno, más igualitario, más justo.

Pronto, el encanto principal de hacer este trabajo radicó en el hecho esencial de que él me permitía sacarlos de las pancartas y de los números de las estadísticas y darles vida. Ellos no son y nunca fueron sólo una fotografía como usted, estimado lector o estimada lectora, los identifica.

En este testimonio de vida quiero que usted los conozca tal como eran: Seres sencillos y simples, sólo seres humanos, nada más.

Pensaban que la vida podía mejorar, elevar la condición humana por sobre la miseria y hacerla más solidaria, generosa. Cuando se entrega la vida por alcanzar sueños de humanidad, el olvido, el silencio, es volver a matarlos. Y no sólo a ellos, es también matar nuestros propios sueños, que son un himno a nuestro país y a la humanidad toda. Ésa es la esencia de estas memorias.
Como en los cuentos de hadas, disfrutábamos cada momento juntos, pensando en que seríamos felices para toda la vida. Pero no fue así, porque al cumplir los 50 años, Manuel fue detenido por la dictadura, pasando a la calidad de detenido desaparecido. Así nos robaron la dicha de llegar a viejos regaloneando a nuestros nietos y biznietos.

También a mis hijos Mañungo, a Luis Emilio y a su esposa Nalvia con la criatura que llevaba en su vientre, seres malignos los secuestraron en una noche, que en realidad fue parte de una tremenda Noche Negra que se extendió por todo nuestro territorio e incluso más allá de las fronteras

Cuando pienso en ellos, mis sufrimientos no son nada comparados con los que debieron soportar cuando eran martirizados, sumergidos en las oscuras mazmorras, pensando en qué sería de sus hijos, sus viejos, sus hermanos, qué pasaría con las personas que amaban. Qué pasaría con su “Consentida”, como me llamaba mi compañero.

¡Qué difícil ha sido vivir sin Manuel, sin él….! ¡Sin ellos!
Pero, asimismo, el recuerdo de los hermosos momentos que pasamos juntos, y por sobre todo de su calidez humana, me inyectaron una fuerza de voluntad que paso a paso se fue haciendo inquebrantable.

Pensando en ellos, soporté –como tantas madres, hermanas, esposas e hijas de detenidos desaparecidos- humillaciones, insultos y amenazas. Más aún -lo que tal vez debe ser como una daga para quienes actuaron de manera siniestra durante tantos años- pude reír y hacer reír.

No lo he hecho sola, me ha sustentado el cariño de mi pueblo, de tanta y tanta gente sencilla y buena que se acerca a mí con una palabra de aliento y un brillo especial en los ojos que acaricia mi alma y me ha permitido resistir.
Ya tengo 92 años y aún tengo la esperanza de recibir alguna información del paradero de quienes por siempre llevo en mi corazón y en la sangre, y la necesidad imperiosa de que en mi país impere la justicia por sobre la impunidad.

La invitación que le hago, entonces, es a recorrer ahora conmigo estas memorias que explican por qué ellos no son una fotografía en una pancarta sino parte de la historia de un Chile que aun sangra por sus heridas abiertas….

Ana González De Recabarren (92 años). Cinco integrantes de su familia fueron detenidos y hechos desaparecer en 1976, durante la dictadura cívico-militar chilena.

..Extracto del libro de Ana González De Recabarren, pronto a ser editado y publicado por Prensa Opal.

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