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PODCAST | Crónica de Ruperto Concha: Trambolín

by sedec

La semana pasada el mundo parecía al borde de la catástrofe. El aparato bélico de Estados Unidos en la OTAN había elevado su tono de amenaza contra Rusia, a la vez que voceros de Washington insistían en una posible intervención militar en apoyo del gobierno de Ucrania en contra de las provincias rebeldes de Lugansk y Donetsk, habitadas por rusos desde más de 3 siglos, a los que el gobierno golpista ucraniano, que con apoyo de Estados Unidos había derrocado al presidente constitucional Viktor Yanukovich, les había prohibido incluso hablar en su propio idioma.

Es decir, esos millones de habitantes de esa vasta región, que eran rusos y seguían siendo rusos, por un simple decreto de un gobierno golpista, en el que participaban organizaciones declaradamente nazis, debían perder hasta su identidad.

Ante esa amenaza, Rusia respondió con dos advertencias: Una, que jamás dejaría de dar apoyo a la gente rusa que había pasado a convertirse en ucraniana recién en 1954, cuando el entonces presidente de la Unión Soviética Nikita Khruschev, decidió regalarle a Ucrania la Península de Crimea y las provincias del suroeste ruso, Lugansk y Donetsk.

Y, dos, que, si alguna fuerza militar extranjera se atreve a intervenir contra los rebeldes rusos, Rusia intervendrá penetrando con sus fuerzas armadas en aquellas provincias que de hecho fueron rusas desde el siglo 18.

Crimea, que mantenía su condición de República Autónoma, respondió al golpe de estado anti ruso realizando de inmediato un plebiscito en que el 94% de la gente votó por no aceptar el gobierno golpista y en cambio recuperar su integración con Rusia.

Por supuesto, Estados Unidos y sus aliados europeos vociferaron que el plebiscito había sido fraudulento y que tanto Ucrania como las provincias orientales debían ser propiedad del gobierno golpista.

Por cierto, los rusos formalizaron de inmediato la reincorporación de Crimea, que pronto quedó unida a la Madre Patria por un puente sobre el estrecho de mar que separa ambos territorios.

Por su parte, la población rusa de las provincias orientales se negó a reconocer el gobierno golpista y se han sostenido en rebelión, recibiendo, por cierto, ayuda extraoficial de sus parientes rusos que son sus verdaderos compatriotas y que a menudo están unidos por lazos familiares.

El gobierno ruso ha consentido que organizaciones nacionalistas presten apoyo a los rebeldes e incluso que les proporcionen armamento de manera privada. Pero, si alguna potencia extranjera se atreve a intervenir matando a rebeldes rusos, Moscú intervendrá declarando la guerra.

Recordemos que sólo unos días antes, el recién asumido presidente de Estados Unidos, John Biden, había lanzado injurias contra el presidente ruso Vladímir Putin, al que calificó como un “asesino desalmado”.

Se entiende, así, que la semana pasada el Ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, declarara ante la prensa mundial que las relaciones de Rusia con Estados Unidos y sus aliados habían tocado fondo. Es decir, que, de mantenerse la postura que al parecer estaba imponiendo Washington a los europeos… bueno, Europa perderá a Rusia para siempre.

Oiga… y hasta los niños chicos europeos saben que fue Rusia la que derrotó a Napoleón Bonaparte, y que fue Rusia la que derrotó a Adolfo Hitler… ¿Que Rusia le faportó al mundo occidental a genios de la música, como Tchaikowsky, Rachmaninof, Mussorgsky, Prokofiev y tantos otros, junto a escritores geniales como Tolstoi y Dostoyevski y científicos como Dimitri Mendeleiev, padre de toda la química moderna? En fin…  ¿Se da cuenta Ud. de lo que implica que Rusia deje de ser europea?

Bueno, en ese momento quedó en evidencia que la Unión Europea en realidad es una entidad artificial con muy poco de democrática, como lo evidencia el propio Parlamento Europeo cuyas únicas atribuciones son confirmar o no los acuerdos que tome la Comisión Europea. Es un parlamento que sólo puede decir “sí” o decir “no”. Y, claro, prácticamente siempre dice que sí.

Es por eso que la abstención en las elecciones de ese parlamento se evidencia cómo más del 50% de los europeos con derecho a voto considera que no vale la pena ir a votar.

Bueno, en esa dramática semana, el furibundo ministro de exteriores de Biden, Antony Blinken, llegó a exigir a los gobiernos europeos que pararan de inmediato la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que casi duplicará el abastecimiento de gas natural ruso a Europa, y que ya está listo en más del 95% para entrar en funciones.

En ese momento, el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, había elevado hasta la estridencia una supuesta amenaza de invasión de Rusia contra Europa, y de hecho se estaban realizando maniobras belicosas claramente provocativas a corta distancia del enclave ruso de Kaliningrado y sobre los barcos que están concluyendo la instalación de las tuberías del gasoducto.

Oiga, y sin embargo, de repente, de un día para otro, el mismo Stoltenberg dulcificó sus declaraciones, y no sólo admitió que no existe ninguna señal de posible invasión rusa. Además, admitió que no hay consenso entre los gobiernos europeos que apoye las exigencias de aplicar más sanciones contra Rusia.

De hecho, Alemania le respondió dulce, clara y alegremente a Antony Blinken que el gasoducto entre Rusia y Alemania quedará listo en poquísimo tiempo más y que proveerá a los europeos de un excelente gas natural un 20% más barato que el gas licuado que Estados Unidos quiere venderles.

Ah, y algo más: también esta semana que pasó, el gobierno de Estados Unidos, así, como para calladito, le propuso a Rusia prolongar el arriendo de cohetes rusos para el transporte al espacio orbital terrestre.

Rusia aceptó, ¿por qué no, si pagan al contado y sin discutir el precio?

Así pues, de una semana en que los aviones de combate parecían a punto de empezar a frotarse con el enemigo, sobrevino una relajación inesperada. Incluso la China emergió limpiecita de las acusaciones de ser culpable de la aparición del virus Covid-19, tras una acuciosa investigación realizada en el mismo Wuhan por los biólogos internacionales de la Organización Mundial de la Salud. Quedaba en claro que nada vinculaba a los laboratorios bacteriológicos chinos, como lo había vociferado la gran prensa de las transnacionales.

Fuera de ello, diversos medios periodísticos alternativos le recordaron a la opinión pública mundial dos hechos concretos que Washington quisiera que nadie tomara en cuenta.

Uno es que los dos únicos países del mundo que se sobrepusieron a la pandemia con gran éxito económico son, fíjese Ud., dos países que tienen gobiernos comunistas: China y Vietnam.

Y Dos, que esos mismos dos países comunistas son los únicos que han derrotado a los Estados Unidos militarmente. China, que intervino en 1950 para salvar a Corea del Norte de la invasión estadounidense que estaba a un tris de apoderarse de la totalidad de su territorio. En una campaña de intensas batallas, en pocos meses, puso en retirada, con terribles bajas, a los ejércitos estadounidenses que finalmente tuvieron que replegarse a Corea del Sur, aceptando un cese de hostilidades, una tregua, para ocultar la terrible derrota que le había costado la vida a decenas de miles de soldados estadounidenses.

El otro fue Vietnam, que, tras 20 años de cruenta guerra, en que Estados Unidos empleó sus más terribles recursos de destrucción, culminó con la patética retirada norteamericana de Vietnam del Sur, en una fuga indisimulada, abandonando cientos de toneladas de equipo militar, pertrechos, maquinarias e, incluso, una masa indeterminada de dólares en billetes y de oro en barras, el 30 de abril de 1975.

Sobre esos recuerdos sobrecogedores, un sector al parecer muy amplio de la opinión pública europea tomó conciencia de cuán pavorosa es la posibilidad de una guerra, sobre todo si se da en el propio territorio nacional.

Y ello en el exasperado estado de ánimo que tiene la gente por las restricciones para enfrentar la pandemia de Covid-19 en Europa, la angustiosa evolución del virus y los escándalos sobre el tema de las vacunas.

De hecho, el miércoles pasado la prensa europea reveló el surgimiento de una marea de “turistas vacunatorios”, que están viajando a Rusia para inocularse la vacuna SputnikV, que parece ser la más eficaz ante las nuevas variantes del virus.

Y a la vez, mientras en Europa y Estados Unidos los gobiernos se esfuerzan por acaparar cada cual el máximo posible de las vacunas disponibles, China y Rusia, en cambio, iniciaron la distribución internacional de sus vacunas SINOVAC y SPUTNIK, a todos los países, incluyendo grandes partidas gratuitas para países como El Salvador y Guatemala, que no tenían plata para comprarlas, y, también dando créditos a largo plazo a otros países como Chile, que no pueden comprarlas al contado.

Incluso en Argentina, el laboratorio ruso que creó la vacuna Sputnik pactó con un laboratorio de Buenos Aires la producción local, tanto para la demanda interna como para abastecer a otros países sudamericanos.

¿Qué fenómeno de conciencia social, de percepción de la realidad mundial, está generando esta pandemia del Covid-19?…

Entre los procesos más angustiosos exacerbados durante la pandemia, se cuenta la proliferación de aparatos de espionaje sobre las personas. Sobre todas y cada una de las personas de países como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, donde ya hay decenas de millones de cámaras de vigilancia conectadas a procesadores de reconocimiento visual. Prácticamente todas las ciudades de Estados Unidos, incluso ciudades pequeñas, la totalidad de las calles y los accesos de edificios, están enfocadas por tales cámaras. De hecho, esas cámaras han permitido que el FBI detenga, tome preso a centenares de personas acusadas de tener actividades políticas peligrosas.

Por ejemplo, se han hecho más de doscientas detenciones de personas que participaron en las protestas de Washington por supuesto fraude electoral, incluyendo a personas que no participaron en la toma del edificio del Congreso, el 6 de enero, pero que sí se integraron a marchas de protesta en la calle.

La suma de esas realidades, más la represión policial a la gente que se niega a aceptar las disposiciones de cuarentena y aislamiento para frenar los contagios de Covid-19, ya han generado una perspectiva nueva, distinta y de profunda disconformidad con el sistema político y social que nos presentan como “democracia neoliberal”.

Hay una profunda rebelión latente en el seno emocional de la gente de naciones supuestamente súper desarrolladas.

Un personaje joven español, identificado en Facebook como “Francisco Aldea”, lanzó la palabra “europerros” en vez de “europeos” para referirse a los políticos de Europa que se muestran serviles a los mandatos de Washington.

¿No es ese un juego de palabras que, siendo un chiste, es en realidad un diagnóstico de cómo la gente está viendo a los políticos actualmente?

En América Latina también se está produciendo una reacción profunda y emocional de la gente común, sobre todo de los jóvenes, en contra de los políticos corruptos y de la corrupción que ha invadido a las fuerzas policiales y militares latinoamericanas.

De hecho, se hace sentir una mezcla de rabia y desprecio no sólo hacia las élites, la gente más rica e influyente, sino también contra muchos de los mismos políticos que eran considerados “izquierdistas” o “progresistas”.

El caso más impactante es el que se produjo en la República del Salvador, Centroamérica, donde emergió un personaje poco conocido, de clase media adinerada y de origen árabe, llamado Nayib Bukele, que inicialmente era militante del Partido Farabundo Martí, eje de la izquierda salvadoreña.

Bukele logró primero ser elegido alcalde, y ya en ese cargo inició una forma de administración y contacto con la gente que provocó rabia en la derecha pero también causó desconfianza en su propio partido, que lo acusó de ser populista y no atenerse a los mandatos políticos emitidos por la dirección del partido.

Pese a ello, Nayib  Bukele obtuvo un creciente apoyo popular que lo llevó a ganar la presidencia de su país. Sin embargo, muchos de sus programas sociales fueron rechazados por el Congreso, donde incluso parlamentarios supuestamente de izquierda se pusieron en contra de muchos de sus proyectos.

Ante el bloqueo parlamentario de algunos de esos proyectos, llegó a hacer una demostración de fuerza, penetrando al edificio del Congreso acompañado de un grupo de militares.

Por supuesto Bukele fue acusado de golpista, cosa que él mismo refutó aduciendo que si hubiese querido dar un golpe lo habría hecho pues cuenta con el apoyo de las masas populares y también de las Fuerzas Armadas, algo similar al caso de Venezuela con Hugo Chávez.

Finalmente, el partido Farabundo Martí decidió expulsarlo. Bukele entonces creó un partido nuevo y lanzó su propia campaña para las nuevas elecciones parlamentarias.

El resultado fue abrumador. El partido de Bukele alcanzó una mayoría enorme, superior a los dos tercios, 57 escaños, lo suficiente para hacer aprobar absolutamente todos sus proyectos.

En cambio, la coalición derechista ARENA escasamente logró 17 escaños, y el izquierdista partido Farabundo Martí logró sólo 4, mientras la Democracia Cristiana escasamente logró elegir un diputado.

Por supuesto, el caso de Nayib Bukele provocó una reacción de furiosas condenas por parte de muchos de los demás partidos de la izquierda latinoamericana. Pero las bases sociales izquierdistas no parecen dispuestas a compartir esa condena. En el caso de Chile, por ejemplo, las redes sociales han mostrado una mayoría de críticos que celebran el castigo al oficialismo izquierdista.

De hecho, se ha mencionado mucho que las actuales leyes del cobre, y también las deplorables reformas de la legislación laboral, no han sido sólo obras de la derecha pinochetista, sino también del voto en el congreso donde la izquierda y la democracia cristiana han participado permitiendo generar una legislación laboral debilitada y abiertamente enemiga de la acción sindical.

También en el caso de Nicaragua, diversos partidos y grupos de la izquierda latinoamericana apegaron celebrando las violentas protestas contra el gobierno del presidente Daniel Ortega, aun sabiendo que esas protestas fueron financiadas y preparadas por agentes de Estados Unidos utilizando fondos del Congreso.

Sin suponer que el gobierno del sandinista Ortega esté libre de errores o incluso de corrupción, resulta incomprensible que partidos de la izquierda tradicional hayan apegado a un intento de derribar su gobierno constitucional en favor de un líder radicado en Miami y financiado por el Congreso de Estados Unidos.

De hecho, en estos momentos, en que se preparan las nuevas elecciones presidenciales, la oposición nicaragüense aparece en alianza con el expresidente derechista Arnoldo Alemán, ligado al gobierno del dictador Somoza e internacionalmente calificado como el más corrupto de todos los presidentes latinoamericanos.

No es de extrañar, entonces, que exista un distanciamiento creciente entre las bases sociales y las dirigencias de los partidos políticos tradicionales.

Sin embargo, pese a todo, es indudable que en toda Latinoamérica se está haciendo sentir un deseo de retornar al entusiasmo reformista y pragmático que parecía haber sido derrotado por la ola de triunfos derechistas, legítimos o no, en América Central, en Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Chile, Perú y Bolivia.

Ya, contra todo lo esperado, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, AMLO, marcó el inicio de un retorno al menos de la centroizquierda en México. El triunfo del peronismo en Argentina, el retorno a la democracia en Bolivia, el casi cien por ciento seguro triunfo de Andrés Arauz en Ecuador, y ahora el también casi seguro triunfo del Partido de los Trabajadores en Brasil, sea con el propio Lula da Silva, o con Fernando Haddad, respaldado por Lula, más los procesos de reencuentro de la centroizquierda en Perú y en Chile…

Así, todo parece estar presagiando la llegada de un tiempo de reconstrucción post pandémica, en un clima político mucho menos doctrinario, pero a la vez mucho más abierto a las aspiraciones concretas de la base social, especialmente de los jóvenes.

Desde ya, por ejemplo, incluso el gobierno derechista de Chile, y el gobierno desastroso de Bolsonaro en Brasil, se está avanzando rápido un vasto proyecto multinacional con participación de Argentina, Bolivia y Chile, más la incorporación proyectada de Brasil, Uruguay y Paraguay, de una integración interoceánica de transporte, conectando por ferrocarril los centros de producción con los necesarios puertos marítimos para exportación de productos latinoamericanos hacia los mercados asiáticos.

El proyecto, en gran medida financiado a través de créditos chinos, incluye la construcción de un gran puerto marítimo en la Tercera Región de Chile, Atacama.

En fin, pareciera que la pandemia del Covid-19 trajo consigo un sacudón profundo en la manera de percibir la realidad, las necesidades y los anhelos.

Ahora parece posible que ideologías tan disímiles aparentemente como la liberal ante la socialista, o la religiosidad ante el humanismo, en realidad no tienen por qué ser antagónicas, aunque sean diferentes.

Pues todas las ideologías tienen en común campos de entendimiento de lo que es justo y necesario. Campos en que es posible realizar tareas comunes, participar en la búsqueda de lo necesario, y dejar que las diferencias sean aceptables para todos.

Bien lo había entendido Mahatma Gandhi, cuando le dijo a un funcionario imperialista británico… “cómo voy a poder darte la mano, ¿cuando tú tienes tu mano empuñada?”

Hasta la próxima, gente amiga. Cuídense, hay peligro. Pero es un peligro bien aliñado de esperanza.

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