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PODCAST | Crónica de Ruperto Concha: Esperanza

by sedec

Durante las últimas semanas, los grandes titulares de la prensa internacional van pareciéndose a las letras de esos viejos tangos arrabaleros y enojados.

Algo así como “Cambalache”, que afirmaba que “el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos diez, y en el dos mil también”.

Y agrega luego: “Qué falta de respeto, qué atropello a la razón: ¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!”.

Bueno, en estos momentos en que el presidente Biden ensaya el futuro de su gobierno, están dándose señales nada de tranquilizadoras. Señales que hacen temer que pueda repetirse la estrategia militarista, agresiva y netamente imperial que tuvieron los dos presidentes demócratas que lo precedieron: Bill Clinton y Barack Obama, ambos muy liados con esa ya vieja halcona Hillary Clinton, ex primera dama, exsenadora y ex ministra de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos.

Pero ¿qué es lo que se está exhibiendo ahora desde Washington?…

Vamos viendo.

El miércoles pasado, y en un tono autoritario y amenazante, el presidente Biden declaró que “le va a cobrar cuentas a Rusia por su anexión de Crimea”. ¿A qué cuentas se estará refiriendo?… Ciertamente sus cuentas no toman en cuenta el referéndum convocado por el propio gobierno de la república autónoma de Crimea, después del derrocamiento del presidente de Ucrania, Víktor Yanukovich.

El gobierno de facto instalado en Ucrania ya había lanzado sangrientos ataques contra los habitantes de Crimea y Donetsk, que habían sido rusos durante ya tres siglos, hasta febrero de 1954, cuando el presidente de la Unión Soviética, Nikita Khruschev, cedió esos territorios rusos para conmemorar la incorporación de Ucrania a la Unión Soviética.

La brutalidad anti rusa de los golpistas ya se había hecho sentir en la ciudad de Odessa, donde brigadas neonazis atacaron la sede de los sindicatos, que seguían fieles al presidente, e incendiaron el edificio en cuyo interior alrededor de 50 dirigentes sindicales murieron quemados vivos.

Más aún, los golpistas prohibieron que se hablara ruso en Ucrania, en circunstancias de que los habitantes de Crimea y las provincias de Donetsk, del este, seguían siendo rusos y sólo hablaban ruso.

¿Qué tiene de raro que, entonces, los habitantes de Crimea, que tenían fuero de república autónoma, decidieran llamar a un plebiscito sobre su supervivencia? Por supuesto, en ese plebiscito un 94% de la gente votó por retornar a unirse a la Federación de Repúblicas de Rusia.

Por otra parte, ya la Unión Europea y Estados Unidos habían aprobado como legítimo el procedimiento de que una mayoría de los habitantes de un lugar pudieran decidir por plebiscito independizarse del país en el que estaban. Eso, exactamente, fue la situación en la provincia de Kosovo, al sur de Serbia, donde los inmigrantes albaneses, también por plebiscito y bajo control militar de la OTAN, votaron por separarse de Serbia y convertirse en la República de Kosovo.

Resulta así bastante claro que el presidente Joseph Biden prefiere hacerse el tonto y repetir la monserga, sin fundamento alguno, de que Rusia invadió Crimea para apoderarse de ella.

Pero, ¿qué contenido tiene el tono amenazante de Washington?

Lo que en estos momentos está exhibiendo Washington resulta inquietante, a juicio de analistas de universidades estadounidenses, como Frank Giustra, del Grupo Académico de Estudio de Crisis, de Nueva York, y Andrew Bacevich, presidente del Instituto Quincey de Responsabilidad Estatal.

Ambos analistas coinciden en señalar que Estados Unidos, en estos momentos, está empantanado en la inercia de una estrategia obsoleta de guerras permanentes.

El gasto de Estados Unidos en esa estrategia inservible es de más de un millón de millones de dólares anuales, sólo en sustentar un aparato militar desparramado por el mundo a través de 800 bases militares.

Eso, en momentos en que la infraestructura general en territorio de Estados Unidos está ya deteriorado y sin fondos para su reparación, incluyendo carreteras, puentes, centrales generadoras de energía, y mantención física del aparato de servicios gubernamentales.

Ese contrasentido de buscar seguridad mandando tropas a bases militares lejanas, mientras se abandona el mantenimiento funcional de la infraestructura nacional, resulta sorprendente pues, en estos momentos, las encuestas muestran que la opinión pública norteamericana es contraria al intervencionismo en otros países.

De hecho, se ha mencionado como innecesario, desgastador y peligroso comprometer a Estados Unidos en conflictos graves y tensiones con países como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Libia, Irak, Irán, Siria, Yemen y Afganistán, países que no son una amenaza real contra el pueblo de Estados Unidos.

Hasta ahora, el gobierno de Joseph Biden aparece como beligerante y excesivamente parecido a las líneas estratégicas del tan vilipendiado expresidente Donald Trump.

¿Cómo está repercutiendo eso en el espíritu de la gente de Estados Unidos?…

Ya mencionamos hace dos domingos la inesperada declaración del vicealmirante Charles Richards, jefe máximo del STRATCOM, organismo que maneja y controla el arsenal nuclear de Estados Unidos.

Según este señor Richards, las fuerzas armadas estadounidenses en estos momentos están listas para iniciar una guerra nuclear contra Rusia y China, lo que implicaría el lanzamiento de misiles sobre esos países como primera acción bélica.

O sea, según el jefe máximo del STRATCOM de Estados Unidos, eventualmente ese país estaría dispuesto a lanzar sin previo aviso, sin declaración de guerra, una andanada de misiles nucleares que supuestamente aniquilarían a Rusia y a China, países que ya no quedarían en condiciones de responder.

Por supuesto, incluso dentro de Estados Unidos no se toma muy en serio semejante fanfarronada. Pero la persistente campaña de prensa con acusaciones gravísimas y sin fundamento contra Rusia y China, está provocando un muy peligroso crispamiento emocional en gran parte de la opinión pública de ese país.

De hecho, en Estados Unidos se están multiplicando los incidentes de agresiones racistas en contra de personas que parecen tener rasgos asiáticos. Atentados contra vehículos, asaltos callejeros, insultos contra personas supuestamente chinas, que al final resultan ser vietnamitas, coreanos, malayos, japoneses o indonesios o taiwaneses.

En estos momentos la fobia antichina busca justificarse en las supuestas acciones de brutalidad represiva del gobierno de Pekín contra las minorías étnicas de Sinkiang, donde hay gran número de turcomanos uighures de religión musulmana. Y contra los tibetanos.

Frente a eso, causó mucho impacto, fuerte impacto el anuncio del presidente chino Xi Yinping, de que se completó el programa de erradicación total de la pobreza en toda la extensión del país, con su población de 1.400 millones de habitantes.

De acuerdo a las cifras entregadas, en estos momentos no hay en toda China ninguna persona, de ninguna edad, que reciba menos de 2,2 dólares diarios. Eso, en circunstancias de que la definición mundial de frontera de la extrema pobreza, aprobada por la Unión Europea y las Naciones Unidas, es un ingreso diario de menos de un dólar con sesenta centavos. O sea, en estos momentos, cada niño que nace en la China, en el sector más pobre, ahora tiene asegurado un ingreso mínimo diario de 2 dólares con 20 centavos.

En tanto, las informaciones de la misma prensa occidental del área económica, confirmó esta semana que el crecimiento económico de la China proyectado para este año llegaría a un 8% de su producto interno bruto. O sea, un crecimiento enorme.

En Europa oriental, por su parte, las arremetidas de protestas contra los gobiernos centrales de Rusia y Belarús ya aparecen debilitadas. De hecho, los propios dirigentes de las protestas la semana pasada en Minsk, en contra el presidente Lukashenko, admitieron que, en sus palabras “ya han perdido las calles”.

Ahora, en el caso de Aleksei Navalni, en Rusia, fue abrumador el impacto cuando se dieron a conocer las declaraciones brutalmente racistas y ultranacionalistas, que éste había hecho anteriormente. Navalni, fíjese Ud., había calificado de “Ratas” a los inmigrantes georgianos, y de “infección” a los inmigrantes asiáticos. Y a los grupos separatistas del Cáucaso, Navalni los había definido como “plaga de bichos”.

Tras conocerse esa parte del discurso de Aleksei Navalni, que se presenta como defensor de los derechos humanos y la democracia, la propia organización Amnesty International resolvió, de inmediato, quitarle a Navalni el carácter de “prisionero de conciencia” con que se le había presentado mundialmente.

Por cierto, esta evolución de la arremetida contra China y Rusia, estruendosa y persistentemente sostenida por todo el aparato de la Gran Prensa, está provocando un proceso de disociación en las bases sociales estadounidenses y europeas.

Mientras, por un lado, hay un sector furiosamente convencido de que China y Rusia son el origen de todo el peligro, incluyendo la pandemia del Covid, hay también frente a esos, por el otro lado, un sector creciente de personas que exigen dejar de lado la sobre politización ideológica, que llega a ser visceral y casi religiosa contra China y Rusia, y dar paso a un reencuentro racional y objetivo entre las naciones, sobre un propósito de rescate del bienestar de la gente y recuperación del medio ambiente planetario.

Ya en 1967, frente a la llamada “Primavera de Praga” que sacudió al gobierno comunista de Checoslovaquia, el filósofo marxista Louis Althusser planteó la necesidad de separar lo que es teoría y ciencia política y económica, por un lado, y lo que es “ideología”, por el otro.

Categóricamente, Althusser dijo: “La ideología es sentimental, es una argamasa que se utiliza para rellenar los vacíos que presente la teoría científica”.

Con ello, se planteaba que la doctrina de un gobierno debe ser entendida como aplicación de una teoría sobre los hechos reales, y que esa teoría racional debe evolucionar según la ciencia avanza en el entendimiento de la realidad social y política.

El mundo actual está profundamente estremecido por las crisis del cambio climático, las sucesivas crisis económicas y ahora las pandemias y el surgimiento de cepas patógenas resistentes a la farmacopea médica.

El conjunto de esas crisis debiera ser enfrentado por la especie humana con un conjunto de nuevos conceptos racionales, bien pensados, y libres del sentimentalismo ideológico que se carga de nacionalismo, de racismo, e incluso de una religiosidad que fácilmente se carga de ferocidad y fanatismo.

¿De dónde podrán surgir esos nuevos conceptos racionales?…

Así como en Chile ya se han generado valiosos grupos de estudio y planificación apuntados a generar una nueva constitución política, y esos grupos incluyen sectores valiosísimos de la sociedad, que van desde la masonería y las instituciones académicas hasta organizaciones estudiantiles y sindicales, también en otros países en estos momentos se hace sentir una marea de pensamiento inteligente orientado a descubrir qué es lo que hay que hacer.

Y en esa marea de inteligencias en busca de organización, las mujeres están alcanzando un nivel cada vez mayor de participación y fuerza.

Recordemos que, hace ya 80 años, la bióloga norteamericana Rachel Carson publicó su estremecedor libro “la Primavera Silenciosa”, exponiendo los efectos degeneradores del medio ambiente provocados por el uso de químicos para la agricultura industrializada.

De hecho, todo el poderoso rumbo ecológico de hoy se origina en esa valiente mujer de ciencias. Pero muchas otras mujeres magníficas han sostenido y siguen sosteniendo ahora la defensa del planeta Tierra en la crisis del cambio climático generado por la polución industrial y la sociedad de consumo.

La bióloga Sylvia Earl, encabezando las iniciativas de protección a los océanos, Wangari Mathai, capaz de crear en Sudáfrica un cinturón verde de más de 50 mil mujeres capaces de reciclar, ganarse la vida haciéndolo y además plantar miles de árboles, donde antes sólo había mujeres negras, oprimidas y en extrema pobreza.

La bióloga Carmen Margulis, que junto a su colega James Lovelock, de la NASA, logró estructurar prácticamente la noción de que todo el planeta es un ser vivo en el que cada especie, incluyendo la humana, no es más que una célula.

Winona laDuke, por otra parte, una activista piel roja que ha logrado comprometer a todas las diversas naciones indígenas a su alcance en una fuerza unida de recuperación de la naturaleza y compromiso ecológico…

En fin, son innumerables las mujeres que en estos momentos están protagonizando la fuerza colectiva que intenta salvarnos del desquiciamiento químico, político, militar y corrompido en que nos hallamos.

¡Y qué decir de esa fascinante, encantadora y audaz jovencita sueca, Greta Thunberg, y ahora también su amiga y compañera Disha Ravi, de la India, que están jugándose junto a los pequeños campesinos de la India, en la lucha contra la agricultura industrializada!

De hecho, si a Greta Thunberg la atraparan en la India los policías del gobierno, la condenarían posiblemente a 10 años de cárcel por provocar insurrección popular contra el gobierno.

Frente a esas mujeres y esas chiquillas aguerridas… no es mucho lo que los jovencitos varones tienen para mostrar. Son muchos, son demasiados los jóvenes y adolescentes que parecen obsesionados por vivir a la moda, consumir a destajo y no darse tiempo para cosas como ir a votar en las elecciones…, en fin, que están conduciéndose como se suponía eran las mujercitas tontas y frívolas de antaño.

Hasta la próxima, gente amiga. Cuídense, hay peligro. Pero la Esperanza sigue teniendo nombre de mujer.

Por Ruperto Concha / resumen.cl

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