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PODCAST | Crónica de Ruperto Concha: Derecho a ser tontos

por sedec

Al fin la teleserie electoral de Estados Unidos parece tomar un rumbo derecho y apegado a Derecho. El presidente Donald Trump declaró que mantiene sus denuncias de fraude electoral, y con ello implica que está dispuesto a acatar el fallo de la justicia sobre las investigaciones que ya se iniciaron, aunque el fallo le sea desfavorable.

Sobre esa base, parece desinflarse el estridente coro de la prensa que disfruta con la fantasía de que Trump estaba tramando dar un golpe antidemocrático a fin de apernarse en el poder.

En estos momentos, únicamente Rusia se ha abstenido de enviarle felicitaciones a Joseph Biden como Presidente Electo. En palabras de Vladímir Putin, Rusia, por respeto a la democracia y al Derecho, espera que el Presidente Electo sea declarado por la autoridad competente, y no sólo por publicaciones de prensa.

Por otro lado, entre los demócratas, lo más relevante es la planificación de la lucha contra la pandemia del COVID19, que, a nivel mundial, está adquiriendo caracteres aterradores. De hecho, la pandemia parece ser aún peor de lo que se creía.

El miércoles pasado, el doctor Michael Osterholm, designado por Joseph Biden como cabeza de la campaña contra la pandemia en su equipo de gobierno, anunció que se propone aplicar una férrea cuarentena global, que tendrá una duración de entre un mes y un mes y medio, sobre todo el territorio de Estados Unidos.

El doctor Osterholm afirmó que Estados Unidos dispone de lo que él llamó “una gran piscina llena de dinero” para auxiliar a la gente por sus pérdidas de ingresos, y para restaurar la economía hasta el momento en que se disponga de una vacuna para frenar realmente la pandemia.

Desgraciadamente el doctor Osterholm no explicó de dónde ha salido esa gigantesca reserva de dinero… Digamos, esos varios millones de millones de dólares, en momentos en que el presupuesto de Estados Unidos está ya en un déficit acumulado que es superior a todo el producto interno bruto de la nación.

Como sea, resulta evidente que para el Partido Demócrata de Estados Unidos la pandemia del COVID19 es el problema principal y de máxima urgencia para el país. Tanto como para anunciar una cuarentena con aislamiento total durante 4 a 6 semanas, y teniendo muy claro que el costo de la paralización humana del país entero será pavorosamente elevado.

Según las informaciones surgidas de los círculos científicos en las últimas semanas, hay razones de sobra para tener muchísimo miedo por ese virus diabólicamente astuto y destructor.

Incluso las personas contagiadas que han sido naturalmente inmunes a la pandemia, tienen en su organismo una presencia de virus activos que se radican en los órganos internos y al cabo de algún tiempo provocan síntomas inesperados.

En el cerebro, el virus provoca disminución de algunas funciones sensoriales, además de disminuir la capacidad de pensar con claridad. Provoca un estado de confusión que perturba la capacidad de trabajo y también la afectividad.

En el sistema circulatorio, el virus provoca con frecuencia la formación de coágulos en la red arterial. Y esos coágulos pueden eventualmente obstruir la llegada de sangre a algunos órganos y músculos con efectos dolorosos y a veces invalidantes.

Si esos coágulos llegan a obstruir la red arterial del cerebro, su efecto es catastrófico y eventualmente provocan la muerte.

También el virus COVID-19 se radica fuertemente en los testículos, afectando la capacidad sexual de los varones y provocando la muerte de alrededor del 50 por ciento de los espermios. Y eso, además sugiere que el COVID-19 puede ser contagiado sexualmente de marido a mujer.

Resulta así que la relativamente baja mortalidad de la pandemia oculta graves efectos que sin ser letales provocan discapacidad en gran número de casos.

En fin, la permanencia del virus en las personas que parecen haber sanado del contagio, indica que la pandemia sigue latente y las personas aparentemente recuperadas siguen siendo contagiosas.

Pero los descubrimientos más graves se refieren a la gran capacidad del virus para adaptarse y evolucionar. De hecho, en Dinamarca los investigadores médicos detectaron que el virus de un ser humano puede, y de hecho lo hace, contagiar a otros animales -en Dinamarca fueron los visones– realizando una veloz modificación de su ADN. Después, en los animales contagiados los virus a su vez experimentan mutaciones y se vuelven contagiosos para los seres humanos.

O sea, en el paso del humano al animal y luego del animal a otros seres humanos, el virus tiene mutaciones que anulan incluso el efecto de las mejores vacunas que se han obtenido.

De hecho, los biólogos temen que la presencia del virus ya sea imposible de eliminar del todo.

Son muchos los académicos y analistas de estrategia que están describiendo el efecto de la pandemia del COVID19 como un proceso potencialmente transformador de la convivencia, la política y las normas de derechos humanos.

Ya se habla del peligro de que los gobiernos del mundo se vean compelidos a instaurar una suerte de “dictadura sanitaria”, capaz de anular gran parte de los derechos y libertades propias de una democracia.

De ahí que exista ya una corriente de opinión que plantea la posibilidad de que la pandemia pueda haber sido provocada artificialmente con miras a diseñar una nueva estructura de poder político y económico que se aplique en todo el planeta.

Es impresionante la propuesta de los grandes personajes del Foro Económico Mundial de Davos, de hacer un “restart”, un volver a empezar corrigiendo las falencias y los errores que han sido desastrosos para la economía mundial desde mucho antes que comenzaran las pandemias y epidemias mundiales.

Aparece emergiendo desde la organización de los más poderosos líderes de las más enormes fortunas, junto a los líderes políticos de los países más poderosos del planeta, la noción de que el sistema neoliberal ya fracasó. Que no hay vuelta atrás, y que debemos prepararnos para la vida en un mundo drásticamente distinto del que conocíamos.

Esa llamada a rediseñar la arquitectura misma de nuestra civilización, ¿puede o no generar la sospecha de que una élite de personas poderosas y riquísimas se propone tomar el poder a nivel planetario, quizás hasta con las mejores intenciones?…

Las gigantescas sociedades anónimas que manejan, por ejemplo, las industrias de armas, aparatos y tecnologías destinadas a provocar destrucción y muerte de seres humanos, ¿tienen ellos en sus directorios próceres confiables en la búsqueda de la paz mundial?…

Y las gigantescas empresas farmoquímicas transnacionales, que lucran con cada epidemia o pandemia, que lucran con cada fármaco obteniendo ganancias de hasta el diez mil por ciento en remedios y vacunas, ¿tienen en sus directorios próceres confiables en la búsqueda de la salud mundial?…

La semana pasada, el ex primer ministro de Noruega y actual Secretario General de la OTAN, Lens Stoltenberg, emitió un lindo llamado a los líderes de todas las naciones, para que se prohíba por completo el uso de la energía nuclear con fines bélicos. Que las bombas atómicas desaparezcan de los arsenales de todas las potencias del mundo.

Y, claro está, para la inmensa mayoría de las personas bien intencionadas, ese llamamiento del jefazo de la OTAN, resultó emocionante y digno de aplauso… hasta que nos damos cuenta de que es una hipócrita artimaña en favor de las multinacionales de la muerte. Las industrias bélicas, de los que Bob Dylan llamaba “Los amos de la guerra, a quienes ni Jesucristo podría perdonar”…

El llamamiento a prohibir las bombas atómicas es ni más ni menos que una reedición de los mismos países que hoy integran la OTAN, que después de lanzar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, intentaron guardarse sólo para ellos la pavorosa nueva arma nuclear.

Más aún, en los momentos en que la Unión Soviética era el aliado decisivo e indispensable para vencer a la Alemania de Hitler, los gobiernos aliados occidentales intentaron con todas sus fuerzas impedir que los soviéticos alcanzaran la tecnología para la fisión nuclear del uranio y el plutonio. Es decir, en plena guerra, ya estaban los británicos, los estadounidenses y los canadienses, perpetrando la traición contra el aliado comunista.

Si bien los soviéticos contaban con sus propios científicos de física nuclear, a ellos los aliados les ocultaron los descubrimientos realizados por los físicos nucleares de la Alemania Nazi, que ya en 1944 habían sido llevados como botín de guerra a Estados Unidos, eso incluyendo al célebre Werner Von Braun.

Fue entonces que la joven científica británica Melita Norwood, tras haber visto el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón, tomó la decisión de reunir secretamente grandes paquetes de información tecnológica nuclear, y los hizo llegar a agentes soviéticos.

Cuando fue detenida como “espía comunista”, la joven Melita Norwood confesó abiertamente que sí, que había entregado esa información, sin recibir ningún pago ni beneficio por ello, y sólo porque había comprendido que la bomba atómica en manos de Estados Unidos, era darle a ese país el dominio por el terror sobre el resto del mundo.

Al facilitar el desarrollo del armamento atómico en la Unión Soviética, esa joven fue un factor decisivo para que las grandes potencias con armamento nuclear se neutralizaran mutuamente. Es decir, para que el espectro de la Tercera Guerra Mundial quedara congelado al interior de la llamada Guerra Fría, desde 1945 hasta nuestros días.

¿Se fija Ud?… La prohibición del armamento nuclear es exactamente el truco para que las industrias de armas sigan enriqueciéndose, y que la victoria sea posible únicamente para los que gasten más y más en comprar su producción de asesinato y destrucción en nombre de un “patriotismo” supuestamente sagrado.

Sin bombas atómicas, ya habría estallado la Tercera Guerra Mundial.

En estos momentos, las economías de todo el mundo occidental están en recesión. Únicamente China ha logrado sostener su desarrollo económico con un asombroso margen positivo del orden del 8% anual. Las compras chinas de materias primas han permitido, por ejemplo, que el precio del cobre haya llegado a los 7 mil dólares la tonelada, o sea, algo más de 3 dólares la libra, lo que se traduce en muchísimo alivio para la economía de Chile.

El recién pasado martes 10 de noviembre, por teleconferencia 15 de los principales países del sudeste asiático confirmaron su adhesión formal al Tratado Económico de Asociación Regional Amplia, propuesto por la China.

Entre los estados firmantes se cuentan Australia, Japón y Corea del Sur, supuestos aliados de Estados Unidos contra China. Bueno, después de eso, el Secretario de Estado Mike Pompeo emitió un lloroso llamamiento a que esos países, aunque se unan económicamente al tratado con China, “por lo menos de palabra hagan algunas declaraciones en contra de la China”.

Y, oiga, los 15 países miembros del Tratado Económico suscrito la semana pasada, suman casi el 50% de la economía mundial de estos momentos… muy lejos más que lo que aspiraba a ser el tristemente célebre TPP, Trans Pacific Partnership, que trató de poner en marcha el entonces presidente Barack Obama precisamente contra la China.

¿Es este Tratado, diseñado e impulsado por China, un anticipo de la posible nueva arquitectura económica, política y cultural, sugerida por el “Reset” de los miembros del Foro de Davos?…

¿Es que, acaso, aparecen hermanándose dos nociones de globalización planetaria que supuestamente estaban destinadas a odiarse, y que ya habrían iniciado la Tercera Guerra Mundial, si no existieran las bombas atómicas?…

¿Cómo se concilian, se conjugan y se articulan dos nociones de globalidad supuestamente de extrema derecha y extrema izquierda?…

Los casi 8 mil millones de seres de la especie Homo sapiens estamos atestando la tierra, haciéndole a este planeta algo que desgraciadamente nos recuerda, se parece mucho, a lo que el COVID19 le está haciendo a los cuerpos humanos.

Nos multiplicamos por millones cada día, invadimos los órganos geográficos de nuestro planeta todavía vivo, y donde llegamos provocamos degradación ecológica, suciedad y muerte de otros seres vivos… Somos, nos hemos convertido en, una especie de virus planetario.

Y también en estas dos últimas semanas, mientras mirábamos la teleserie electoral de Estados Unidos, muy pocos le prestaron atención la publicación de la revista Nature, Naturaleza, de Noruega, sobre el recalentamiento del planeta, dirigida por el científico Jorgen Randers, Profesor de Estrategia Climática de la Escuela de Negocios de la Universidad de Noruega.

La publicación cierra una investigación realizada durante los últimos dos años por universidades europeas, estadounidenses y rusas sobre el cambio climático. Y el informe es sobrecogedor, al señalar, sin rodeos, que ya, en este momento, la polución planetaria con efecto invernadero sobrepasó los límites de lo reversible.

Es decir, en estos momentos, aunque se aplicaran todos los acuerdos para reducir las emisiones de gases, ya la tierra seguirá recalentándose automáticamente, por la desaparición de los hielos en ambos polos y el aumento de la temperatura de los océanos.

La única manera de detener el recalentamiento, con todos sus desastrosos efectos ecológicos, sería comenzar a aplicar intensas medidas para extraer el anhídrido carbónico que está saturando la atmósfera planetaria.

Para ello sería necesario, por ejemplo, iniciar la plantación de miles de millones de árboles.

Aunque los científicos admiten que es posible diseñar alguna forma tecnológica para extraer el anhídrido carbónico del aire y acumularlo bajo tierra, señalan también que hasta ahora las tecnologías propuestas no han sido eficaces, han tenido un costo prohibitivo, y presentan peligros de producir efectos colaterales peligrosos.

Es decir, de lo que la humanidad dispone ahora, únicamente la plantación masiva de árboles y la protección de los bosques que todavía quedan, son la única salvación para que el planeta Tierra siga siendo habitable para la vida como la conocemos.

¿Serán capaces nuestros políticos de responder a esa realidad?… Los que dicen proteger a los niños de la amenaza de adultes depravados, ¿se darán cuenta de la depravación que es quitarles el futuro sano a todos los niños del planeta?

Y nosotros, los que con nuestros votos les entregamos el poder a los políticos, ¿seguiremos siendo tan tontos como para creer que cumplirán su palabra y nos defenderán la vida y la gran patria de todos?…

¿Tenemos derecho a ser tan redomadamente tontos?

Hasta la próxima, gente amiga. Hay peligro. Ser tontos no es un derecho. Es un peligro.


Por Ruperto Concha / resumen.cl

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