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Onesima Lienqueo, la defensora mapuche que lucha por los derechos de la niñez

por sedec
Mujeres de palma y maíz

Onésima Lienqueo es una mujer Mapuche de 36 años que defiende el derecho de las niñas y niños para que sean reconocidos como defensores del agua y de las comunidades Mapuches, en Chile. Luego de diversas injusticias, decidió convertirse en defensora y encauzar su vida para luchar por la mapu (tierra).

“Hola, compañera. Lo siento, hoy es un día muy difícil: Estamos de duelo, falleció el abuelo de mi hijo”, me dice Onésima en nuestro primer acercamiento. Acepto. Desde el primer momento que hablamos fue como sentirme en un espejo de reflejos color lavanda, como los tonos de su ropa en sus fotos.

Onésima Alejandra Lienqueo, de 36 años, es indígena del pueblo Mapuche, defensora de la tierra y del derecho de las niñas y niños para que sean reconocidos como defensores del agua y de las comunidades Mapuches, en Chile; por eso, también es vocera de la Red por la Defensa de la Infancia Mapuche: Infancia Libre y sin Represión.

La lucha de Onésima para que las niñas y niños sean reconocidos como defensores de los territorios mapuches es fundamental porque este pueblo representa el 79.8 % de la población indígena en el país chileno, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Una comunidad con una historia marcada por la marginación, el desplazamiento, saqueo, despojo y ocupación militar que proviene de los pactos políticos y económicos entre el gobierno y las mineras que se asentaron en tierras Mapuches.

Onésima me narra sobre la fundación de la Red por la Defensa de la Infancia Mapuche, iniciativa que también trabaja con profesionales en otros territorios originarios en los que hay más de 150 niños dentro de la organización, los cuales han vivido procesos de violencia, de vulneración de sus derechos medioambientales, salud psicológica y sexual.

“Más que activista Mapuche, yo me considero una mujer Mapuche defensora de la tierra y la niñez. Sé que muchas personas no logran entender y comprender la defensa de la niñez desde otros puntos de vista, pero al no reconocerlos también como defensores de derechos humanos o como defensores de la tierra, no se le logra prestar importancia sobre cómo les afecta el impacto de los proyectos extractivos, las vulneraciones o la militarización de estos pueblos. Hablamos de la defensa de las mujeres, pero no hablamos de estos niños que pierden a sus madres en esa defensa”, me comparte Onésima. Y reitera: “Como pueblo no debemos dejar a nadie en el olvido”. Frente a la distancia, con los cambios en la agenda, logramos comunicarnos.

Luz, su madre, la parió a las 23 y 55 minutos de un 29 de octubre de 1983 en la ciudad de Santiago. Ella ha sido su inspiración de lucha; fue trabajadora doméstica, mujer de la clase obrera. Onésima nació durante la dictadura de Augusto Pinochet, situación que, dice, la hace sensible a la maternidad, a la infancia, a pelear por quienes nacen en medio del terror. “Los procesos de lucha por nuestros derechos, como personas. como del territorio. van incorporados” sentencia.

Cuando nació, la constelación de Virgo (un planeta femenino que simboliza la tierra) estaba abrazando el planeta Marte. Es decir, esto significa el cuerpo, la fertilidad y la conservación de la energía, la rabia; el ser de empuje cuerpo a cuerpo. Marcada por el Sol en Escorpio, con la búsqueda de profundidad que trae en la mirada.

A través de una llamada telefónica, Lienqueo comparte que desde la cosmovisión del pueblo Mapuche y desde su proceso espiritual no concibe su vida sin ser defensora de la tierra y de todo lo que la rodea: del medio ambiente, de la biodiversidad. “Es importante llevar la defensa territorial que busca cuidar los recursos naturales y porque es ahí dónde hay un espíritu y energía que permite vivir, ¿cómo no defender a la madre que te dio la vida? Es una responsabilidad como mapuche, ser defensora de la tierra”, dice la también psicopedagoga y educadora intercultural.

Recuerda que en el año 2016 se intensificaron los incendios forestales en Santa Olga, territorio Mapuche que desapareció completamente y que hasta el día de hoy a sus pobladores no se le han devuelto sus recuerdos ni se le han dado espacios dignos para seguir viviendo. Es un año que tiene muy presente y como definitorio porque fue cuando asumió su lucha como defensora de las tierras que se acompañan del mar Pacífico.

Ese año también fue muy doloroso para las mujeres en procesos de lucha por el asesinato de la defensora indígena de las aguas mapuches, Macarena Valdés. Aquel 22 de agosto de 2016, Macarena fue encontrada sin vida en su casa junto a su hijo de meses de vida; era madre de cuatro hijos. “Una situación muy compleja, dolorosa, para nosotras como mujeres, como defensoras. De inestabilidad, de mucho implementar el miedo y el terror a quienes levantaban el proceso de lucha”, relata Onésima.

Fue esa intimidación por parte del Estado a través de la policía, lo que la motivaron para exigir justicia para quienes son vulnerados por su activismo en la defensa territorial.

Tres años después, el 5 de junio de 2019, organizaciones de derechos humanos en Chile presentaron un amparo de protección para Onésima Lienqueo en el Tribunal de Temuco Araucanía, luego de amenazas, hostigamiento policial e irrupción en su casa, situación que la obligó a desplazarse durante tres meses junto con sus hijos.

“Por todas esas acciones que se presentaron en contra de mi persona y de mi familia, nos tuvimos que mudar para estar seguros, estar tranquilos, dormir bien. Y tener un espacio en el que uno pueda seguir viviendo; porque la lucha es por la vida, no por es por la muerte ni por sobrevivir” lanza contundente.

En octubre de 2019, durante la inauguración del encuentro de defensores de derechos humanos en Dublín Irlanda, Onésima Lienqueo increpó a la actual Alta Comisionada de las Naciones Unidas y ex presidenta del pueblo chileno, Michelle Bachelet, luego de su discurso sobre los niños, niñas y personas del pueblo mapuche que han sido víctimas del Estado chileno. Entonces, Onésima encaró a la funcionaria del organismo para evidenciar su actuar durante su mandato en el país y reclamar su responsabilidad política en cada caso de violencia contra la niñez en Chile.

“Ya había sentimientos encontrados de impunidad por la falta de justicia en los que Bachelet no había cumplido en su mandato como presidenta, principalmente en el caso de Macarena Valdés y en las agresiones contra la infancia en el país. Bachelet en su discurso habló sobre los derechos de los pueblos, del derecho a la manifestación; dijo que el denunciar y defender los derechos humanos no era un acto terrorista, aunque en su gobierno se aplicó la ley antiterrorista a quienes defendían los territorios”, reclama desde el recuerdo Onésima.

En ese momento sintió rabia y mucha pena, porque todo lo que estaba diciendo la mandataria era muy injusto. Bachelet le respondió que no sabía, que no era su responsabilidad. “Para mí sí era parte de su responsabilidad, era la líder política, era la presidenta de Chile, por ende todo lo que pasaba debajo de su gobierno era su responsabilidad. Fue un diálogo para hacer justicia y para hacer valer el derecho de nuestros niñas y niños para poder decirle en su cara que no hizo nada, y que era mejor que no se dirigiera y hablará del pueblo mapuche si ella no lo había respetado”, dice Onésima con un suspiro largo.

De acuerdo con el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA) en 2009 el Grupo Económico Matte mantiene secuestrado lugares sagrados del pueblo Mapuche; una de las corporaciones está asentada en los pueblos indígenas chilenos Kuel y Klen Klen, lugares ceremoniales que fueron invadidos y en los que se han impactado gravemente las tierras.

La diplomada en filosofía e infancia de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, Rocío Aliaga Huentrutripay, explicó a Distintas Latitudes que los derechos humanos de las mujeres indígenas de los pueblos de la Nación Mapuche han sido vulnerados y criminalizados por la represión, condenando su derecho legítimo de manifestación frente a empresas extractivistas que han invadido y han exterminado el equilibrio de la Mapu (tierra).

Rocío Aliaga detalló que esto es histórico y que actualmente esta represión brutal se está agravando porque Chile está gobernado por un grupo reducido con intereses económicos claros y, de este modo, ha implementado leyes a su favor, criminalizando todo aquello que va en contra de su modelo económico neoliberal que predomina en el país.

Por su parte, Amnistía Internacional ha venido advirtiendo y se ha pronunciado ante lo que representa la ley antiterrorista en términos jurídicos, una ley que tiene como objetivo agravar las penas, estableciendo penas más graves a delitos comunes, tipificando el derecho de manifestación como “actos terroristas”, que contiene normas excepcionales que violan la garantía del debido proceso y del juicio justo a personas procesadas bajo esta ley y que funciona como un mecanismo de criminalización contra el pueblo Mapuche, señala Aliaga.

Las cifras de asesinato de defensoras del territorio en Chile no son tan altas como en Colombia y México. Sin embargo, ha habido hermanas mapuche que han sido víctimas de represión y violencia. Recordemos el caso de Macarena Valdés, La Negra, que fue hallada muerta, colgada en su casa en Tranguil en la región de los Ríos. “La Negra era defensora socioambiental del territorio y lideró la lucha contra la instalación de una central hidroeléctrica en el Río Tranguil. Una situación que generó impotencia por el procedimiento de investigación falto de transparencia, con irregularidades y que aún permanece en impunidad”, recordó la investigadora académica.

Destacó que esta violencia y represión por parte del estado chileno ha perjudicado a las autoridades ancestrales de los pueblos Mapuche. En 2008 la Machi Linconao, defensora de los pueblos Mapuche por la preservación de los territorios ancestrales, presentó un recurso de protección ante la Corte Suprema para hacer efectivo el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) referente a los pueblos indígenas y tribales, logrando su protección. Sin embargo, en 2013 fue detenida a causa de una presunta participación en un asesinato, en la detención la despojaron de su vestimenta mapuche como un acto de violencia simbólica y espiritual por su rol de Machi.

Las agresiones y las violencias contra las mujeres mapuches no son visibilizadas, como en casos donde la mujer no pertenece a un pueblo indígena, son varias mujeres mapuche que han sufrido represión y donde las investigaciones no son transparentes. “De modo que en Chile la dinámica en todos estos casos de violencia y represión contra las mujeres indígenas mapuche claman por justicia y, sobre todo, por salir de la impunidad y triunfe la protección a los derechos humanos y una sana justicia”, finalizó Rocío Aliga.

Asimismo, Ivi Oliveira, coordinadora de Protección para las Américas de la organización de derechos humanos Front Line Defenders, dijo en entrevista con Distintas Latitudes que desde el organismo han acompañado con muchísima preocupación la situación de violencia que viven las mujeres defensoras del territorio en Chile, en particular defensoras como Onésima Lienqueo en el pueblo Mapuche.

La representante de la organización denunció la dificultad que han tenido para documentar la información sobre violencia contra las defensoras del territorio por un cerco informativo, porque hasta hace muy poco la región y el mundo miraba al país como la joya de América Latina; sin embargo, el pueblo Mapuche ha sido la resistencia, en el que la lucha siempre ha sido criminalizada y silenciada.

“La lucha siempre del pueblo Mapuche ha sido colocada en la prensa y en los espacios públicos como un pueblo violento y terrorista, eso ha dificultado la solidaridad de otras luchas con el pueblo Mapuche para que sean invitados a espacios chilenos para la visibilización de la lucha de las mujeres defensoras que son silenciadas”, reclamó.

En Chile como en otros países en América Latina las mujeres defensoras han estado ahí para garantizar los derechos y el cuidado de la tierra no sólo para ellas, también para sus familias y sus territorios. La capacidad, el sentido de solidaridad, la sensibilidad, entendimiento y esa voluntad de solidarizarse por la militarización de los cuerpos y del territorio, afectan en particular a las mujeres y a la posibilidad de que sigan defendiendo y ejerciendo su labor como defensoras, finalizó.


Las mujeres transmisoras de los saberes

“La mujer es fundamental para el cuidado de la semilla, de la tierra y el desarrollo la defensa del territorio, pero cuesta mucho porque vivimos en un sistema patriarcal y las mujeres al llevar la defensa territorial, la familia, enfrentan los prejuicios del abandono, de la maternidad, del hogar y la vida propia. La defensa es un camino solitario, es un aspecto a trabajar entre nosotras, porque la defensa de la palabra es amplia y parece quedar en el viento, nos miran con una posición de desventajas. Sin duda es un proceso en las comunidades con los compañeros respecto a nuestros roles y al respeto que se merecen las mujeres, las niñas y los niños que no sean desde la disminución, sino de la valorización y protección con respecto a la lucha”, dice Onésima.

La defensora chilena fue madre a los 16 años de edad. Dice que ha crecido con sus dos hijos. Para ella la maternidad no sólo es vulnerabilidad, sino carácter y defensa, quizá el inicio, el camino. Hace 12 años que Onésima camina sola con sus dos hijos, porque decidió llevar una maternidad sola, alejada de la violencia; porque como dice, es una sobreviviente de la violencia familiar de la que le costó salir.

Platicamos mucho, en muy poco días sobre “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara, que es parte de la música que acompaña su historia. Me dice que cuando era niña vio “Color púrpura”, un filme sobre la protesta del pueblo sudafricano, —con todo lo que costaba tener televisión—, una película en la que identificó el sentido de injusticia, la desigualdad y el racismo que también se vivía en Chile que ningún ser humano debería vivir en ningún lugar.

Me cuenta que en este tiempo de pandemia ha modificado sus acciones de activismo y defensa con trabajo en casa a través de las telecomunicaciones, levantando información y elaborando diseños que tengan que ver más con la comunicación por redes sociales, y desde ahí han establecido espacios de lucha, realizando conversatorios y espacios de reflexión junto a las comunidades.

“Yo soy una mujer muy apasionada respecto a cómo la situaciones de violencia e injusticia que se dan en otros lugares, con las personas, me llega muy adentro. Yo soy una persona que se emociona mucho y llora mucho, y así me sale la fortaleza de defenderlos, porque también nací en procesos de desigualdad y racismo”, me dice Onésima.

Su libro favorito es El libro de los por qué de Charlie Brown, lo leyó porque había una biblioteca donde trabajaba su mamá, ella la hacía leer muchos textos, ese era el que más le entretenía porque tenía todas las respuestas; lo que provocó que ahora cuestione todo.

“La Mapu (tierra) es todo para mí, es el todo, es donde vivimos, es el espacio que compartimos con todas y con todos, con otras culturas y otros pueblos que nos pertenece a todas, a todos y a todes, no tiene un único dueño. Es lo que nos dio la vida, la razón por la que estamos pisando la tierra estando en ella”, lanza para despedirse.


Mujeres de palma y maíz. Una serie de historias de mujeres indígenas que defienden el agua, la tierra, los bosques, los ríos y los derechos de las mujeres campesinas. Historias de las voces silenciadas de quienes están en la primera línea en la lucha por la preservación de los ecosistemas y la protección de los derechos humanos en América Latina.

Ilustración: Alma Ríos.

FUENTE: Distintas Latitudes

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