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Monsanto: El veneno nuestro de cada día

por Juan Ortega

Nuestro mundo vive una profunda crisis sanitaria producto del Covid19 y nos enfrentamos a diversas preguntas sobre las formas y estrategias de alimentación que tenemos como humanidad.

La continua privatización de las semillas de nuestros alimentos ha devenido en una mercantilización de los sistemas alimentarios que ha impactado en un desmedro nutricional por el abandono de las formas clásicas de agricultura.

Son millones de chilenos y chilenas los que hoy en contextos de pandemia, perdieron fuentes de trabajo y con ello la posibilidad de llevar alimentos a sus mesas y familias. Las estrategias de un estado en permanente ausencia no logran convencer a los sectores más vulnerables que ven peligrar su seguridad alimentaria.

Durante las últimas décadas se ha profundizado el impacto del consumo de alimentos que provienen de semillas modificadas genéticamente. Al menos, un 25% de las hortalizas que se consumen en Chile provienen de semillas Monsanto. Nuestro país es hoy la puerta de entrada a la región Conosur para la transnacional. Con las simientes de maíz y soya que se producen en Chile, se abastencen los mercados norteamericano y europeo, produciendo millonarias ganancias.

Diversas organizaciones y comunidades han luchado por años por regular la producción y consumo de organismos modificados genéticamente y reiteran el rechazo a Bayer-Monsanto y su modelo de agronegocio. Estas redes han denunciado prácticas industriales y económicas que introducen agro tóxicos y organismos transgénicos como parte de la dieta cotidiana de millones de habitantes del mundo entero, produciendo desnutrición, contaminación y enfermedades genéticas.

Soberanía Alimentaria como derecho humano

El modelo del agro negocio industrial se ha profundizado a una velocidad sideral durante el siglo XXI trayendo importantes beneficios económicos a las empresas que privatizan el mercado de las semillas y viven de la producción a gran escala de alimentos. Dicha situación viola derechos colectivos e individuales de comunidades rurales y pueblos originarios. Gabriela Curinao, integrante del directorio de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas ANAMURI, señala

“La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a producir alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles y producidos de forma sostenible y ecológica. Es poder decidir nuestro propio sistema alimentario y productivo. Es un derecho fundamental que no puede estar limitado ni controlado por los intereses de la agroindustria y el capital.”

Bayer-Monsanto registra ventas que superan los US$ 15.000 millones al año, instalándose en diversos continentes dejando en la mayoría de las ocasiones una estela de muerte, daño ambiental y destrucción de las agriculturas locales, desplazando a las formas tradicionales de la agricultura y privatizando semillas nativas.

Hace casi un año se aprobó por la fiscalía nacional económica la fusión en chile de Bayer y Monsanto, legalizando la presencia de la empresa en nuestro país. El transporte, acopio y tratamiento de semillas transgénicas pone en riesgo diario de contaminación genética a los habitantes de localidades como Buin, Paine, Graneros, Rengo y Melipilla.

Lucía Sepúlveda, integrante de Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina RAP-AL y de la plataforma Chile Mejor sin TLC, señaló hace pocas semanas en una columna para Radio Universidad de Chile la irregular negociación que se estaba llevando a cabo desde el Servicio Agrícola Ganadero SAG para conseguir un nuevo marco legal para el funcionamiento de transgénicos, poniendo en consulta pública un decreto que regula el “acondicionamiento, permanencia y liberación al ambiente” de semillas transgénicas importadas, y también de las desarrolladas en Chile.

“Nos parece inaceptable que la industria biotecnológica y las empresas semilleras estén tomando el control de la regulación de los transgénicos desde dentro de los organismos técnicos del estado, hacemos un llamado a las organizaciones a movilizarse y a participar de la consulta pública en el sitio web del SAG”, señala María Elena Rozas, también integrante de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina, al respecto de esta maniobra realizada en tiempos de pandemia.

La presencia de Monsanto es nefasta y atenta contra la vida, reitera Rozas: “Monsanto es el peor virus y cáncer que azota solapadamente a la humanidad y también a nuestro país, con sus prácticas destinadas a acumular dinero y poder sobre la cadena alimentaria, está contaminando nuestros alimentos, acabando con la biodiversidad, el funcionamiento de los ecosistemas y las economías locales.”

Experiencias de lucha y defensa territorial

En Chile, numerosas experiencias prácticas de la agroecología dan cuenta del valor de sostener procesos de cultivo y cosecha que respeten los ciclos naturales, respetando los saberes ancestrales, reafirmando que comer es un acto político de inicio a fin.

Desde la Escuela de Agroecología Germinar ubicada en la localidad de Chincolco defienden el derecho a producir los propios alimentos y recuperar las formas tradicionales de cultivo enfatizando en el negativo efecto que han traído las empresas:

“Nos parece importante visibilizar el rol nefastoque ha tenido la agroindustria, el agronegocio y el monocultivo al incorporar productos químicos para mejorar la agricultura intensiva, y en especial a Monsanto como Transnacional en diferentes países y continentes, donde han aplicado la producción con agrotóxicos de forma indiscriminada, simplificando los ecosistemas y provocando que los alimentos se estandaricen y pierdan los nutrientes que tenían los alimentos producidos por comunidades campesinas y pueblos originarios”, sostiene Nicolás Quiroz, integrante de la experiencia.

Ubicada en la Región Metropolitana, la comuna de Paine ha sido el centro de operaciones de Monsanto Bayer poniendo en riesgo a sus habitantes y amenazando con contaminar sus recursos naturales y las cosechas de los productores locales.  La radio comunitaria local ha hecho suya la lucha por denunciar los efectos de la transnacional siendo un actor fundamental en las estrategias de educación de la población. Susana Capriles, directora de Radio La Voz de Paine da cuenta de su rol:

“Como medio de comunicación comunitaria estamos concientes de la importancia de visibilizar los efectos de Monsanto en nuestra comuna. Hemos estado permanentemente generando los espacios a través de programas radiales, cuñas o talleres de educación ambiental para la comunidad, de manera que pueda articularse en la defensa de la semilla, del agua y los territorios. Nos impacta porque somos una comunidad rural que se siente amenazada por los agrotóxicos.”

Por Juan Ortega; Medio a Medio

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