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Medios de comunicación

by Patricio Rivera

Por Wilson Tapia Villalobos.-|

En estos días difíciles, en que la compañía se hace más necesaria, los medios de comunicación juegan un papel trascendental. En la vida cotidiana son importantes, pero las funciones que se les exigen son más específicas: informar, entretener y educar. Sin embargo, tal finalidad está en constante entredicho, y no por el paladar comunicacional delicado del telespectador, radioescucha o lector.

Para informar hay que estar férreamente afincado en la imparcialidad, en la amplitud de criterio, y las preferencias políticas deben quedar de lado al momento de dar a conocer un acontecimiento, cualquiera que éste sea, o hacer ver desde que bando, Partido o coalición está ubicado quien informa. Eso hoy no ocurre.

Para entretener hay que tener sumo cuidado en los límites hasta los que se puede llegar sin caer en la chabacanería y eso no sólo por la delicadeza de quien recurre a los medios, sino porque la entretención también incide en la cultura. Con lo cual se invade la tercera función que es educar. Y en este ámbito, los medios están claramente en deuda.

Un reciente informe acerca de la TV chilena, elaborado en el Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI), sostiene que ese medio no cumple con las premisas básicas que se le exigen a su función. Afirma que la información que entregan los canales locales es centralista, con un escaso bagaje sobre el que afincar lo que comunican y uniforme políticamente. La calificación que obtienen los programas de TVN, Chilevisión, Mega, La Red y Canal 13, es de mediocre a mala. De todos ellos, los mejor calificados son los de TVN, pero manteniéndose dentro del rango general.

Y si ampliamos la mirada a los restantes medios, los resultados no son más favorables. Hoy, los diarios y radios tradicionales muestran un pobre bagaje informativo y la tendencia política es de con un marcado acento conservador. Las excepciones se podrían encontrar en las radios de universidades tradicionales, como Universidad de Santiago o Universidad de Chile. Pero en ambos casos, el peso informativo es muy leve por la carencia de reporteros y, por ello, de una cobertura nacional amplia y sólida. La novedad está en las redes sociales, que también entregan información. Sin embargo, las noticias falsas abundan, aunque existen informativos que han logrado afincarse gracias a la calidad de sus investigaciones.

Hay que dejar en claro que esta realidad no es nueva, ni experimentó variaciones importantes cuando los sectores del progresismo local ejercieron el poder político, período que se prolongó durante todo el lapso transcurrido desde que terminó la dictadura, con la sola excepción de los dos gobiernos del Sebastián Piñera. Pero aún hay otras particularidades que llaman la atención. La calidad de la entretención es cuestionable, especialmente porque el nivel de los temas que se abordan es deficiente o carece de la amplitud que hoy debiera recibir la ciudadanía. No es aceptable que en ello se utilice un lenguaje que rompe los moldes del español cotidiano e, intentando ser ocurrentes, se cae en lo chabacano o en la descalificación de razas o preferencias sexuales.

En cuanto a educar, ya la dedicación a la información y entretención han abierto una profunda herida que es imposible cerrar. Al informar y entretener están educando. Con seguridad, la educación que entregan es de muy mala calidad y sólo profundiza las desigualdades que impone el modelo económico imperante.

En la actual y compleja coyuntura que vivimos, los medios se han enfrascado en la tarea de asustar, atemorizar a sus seguidores. No importa el color con que se trate de ocultar los mensajes. Siempre habrá un intersticio por el cual introducir la idea, políticamente orientada, de que el virus fue creado en China o se expandió desde allá debido a las costumbres alimenticias de su población. Tal vez ni siquiera se han informado de que sus avisadores, que son los que pagan sus sueldos y enriquecen a sus patrones, distribuyen productos o se nutren de materias primas fabricadas en la primera economía mundial, que hoy es China.

En este ambiente, no resulta imposible comprender la profundidad de los daños sociales que mostró el estallido social. Y, con seguridad, también explicará el futuro desarrollo de las acciones que tensionarán la convivencia. Tal como el virus aún no da muestras de haber terminado su misión, el malestar ciudadano tampoco ha sido superado, ni siquiera aliviado. Y en ello, los medios de comunicación no son ajenos, muy por el contrario.

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