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Malos tiempos para los Derechos Humanos: la fuerte crítica del exjuez Garzón al gobierno de Piñera

por sedec

El exjuez Baltasar Garzón hace referencias a la situación chilena en un artículo publicado esta semana en Fibgar (Pro Derechos Humanos y Juridicción Universal), las que son, sin duda, muy críticas a la situación de los derechos humanos bajo el régimen de Sebastián Piñera. El el artículo, una reseña de un mal año para el mundo, relaciona la respuesta del gobierno chileno a las demandas sociales “con la misma violencia experimentada en tiempos de Pinochet”. Baltasar Garzón estará en Chile desde el 23 al 27 de enero para participar el un foro sobre Derechos Humanos.

“Chile merece una mención aparte. La dictadura que Pinochet implantó con la imposición del modelo neoliberal a sangre y fuego se ha sostenido durante 30 largos años de transición, sin que el país haya podido sacudirse las cadenas autoritarias que han generado una de las desigualdades más extremas que existen hoy en el planeta. Ha sido así hasta que precisamente este año, en un ya mítico 18 de octubre, el pueblo chileno despertó y dijo “¡basta!”, saliendo en masa a la calle a pedir una nueva constitución y un pacto social que acabe con las insultantes inequidades”.

“Chile una vez más es fuente de inspiración para el mundo entero, pero el proceso social en ciernes está siendo contestado con la misma violencia experimentada en tiempos de Pinochet, pues ya cuenta con una veintena de muertos, otra veintena de desaparecidos, cientos de denuncias de tortura, incluidas vejaciones y violaciones sexuales, disparos al rostro y a quemarropa que han causado más de 350 traumas oculares de manifestantes, que en diferentes casos han perdido la vista de uno o de ambos ojos. Al reclamo de nueva constitución y pacto social se suma ahora la lucha contra la impunidad de estas masivas y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos”.

Despidiendo un año convulso (Artículo publicado en Fibgar)

Concluye un año más a la vez que da comienzo una década crucial para el presente y el futuro de la humanidad, y por tanto para todas y cada una de las estructuras internacionales, regionales y locales, en todos los ámbitos de la sociedad y del sistema.

América

Si partimos del continente americano, el panorama no es tranquilizador con un Donald Trump en el último año de su mandato, un impeachment en marcha y con decisiones mucho más traumáticas por venir, me temo. Más al sur, pero aún en el norte, México es el gigante que se debate entre la voluntad de AMLO en la pacificación del país, una economía incierta y una violencia que no cesa y desafía al Estado que, como la corrupción sistémica, deben ser abordadas con iniciativas más audaces que las simplemente represoras desarrolladas hasta la fecha.

Centroamérica, como siempre y desgraciadamente, representa el foco de la corrupción, que dicho sea de paso permea a casi todos los países, del “quiero y no puedo” o “no encuentro la forma de combatirla efectivamente”, y de la persecución de los defensores de Derechos Humanos, especialmente los ambientalistas, con una mención aparte y de severa crítica al gobierno nicaragüense por la cercenación de libertades.

Sudamérica está en efervescencia. De una parte, por los conflictos y la crisis humanitaria de países como Venezuela, en el que a las violaciones de Derechos Humanos se suman, principalmente, las acciones y ataques cada vez menos soterrados de EEUU, un “presidente errante” que hizo amago de intervención militar y una OEA que ha pasado de ser un organismo regional relevante a un mero apéndice del Departamento de Estado estadounidense. De otra, por la aparición más que preocupante de la extrema derecha, hoy gobernante, en Brasil de la mano del presidente Bolsonaro, émulo de Trump, y donde la Amazonia, los indígenas y los que piensan diferente están en alto riesgo.

En Colombia, la protesta social y política generalizada surgida en los últimos meses ha puesto de manifiesto la ineptitud del Gobierno del Presidente Iván Duque, con la particularidad de un proceso de paz que está siendo entorpecido por el Ejecutivo. A la vez, este Gobierno ha permitido que nuevos y viejos actores armados se apoderen de vastos territorios que el Estado renuncia a controlar, por falta de capacidad o voluntad. En consecuencia, han quedado a merced de los grupos violentos miles y miles de indígenas desarmados que cuidan el territorio, su modo de vida y a la naturaleza que los acoge.

Malos tiempos para los Derechos Humanos

Chile merece una mención aparte. La dictadura que Pinochet implantó con la imposición del modelo neoliberal a sangre y fuego se ha sostenido durante 30 largos años de transición, sin que el país haya podido sacudirse las cadenas autoritarias que han generado una de las desigualdades más extremas que existen hoy en el planeta. Ha sido así hasta que precisamente este año, en un ya mítico 18 de octubre, el pueblo chileno despertó y dijo “¡basta!”, saliendo en masa a la calle a pedir una nueva constitución y un pacto social que acabe con las insultantes inequidades.

Chile una vez más es fuente de inspiración para el mundo entero, pero el proceso social en ciernes está siendo contestado con la misma violencia experimentada en tiempos de Pinochet, pues ya cuenta con una veintena de muertos, otra veintena de desaparecidos, cientos de denuncias de tortura, incluidas vejaciones y violaciones sexuales, disparos al rostro y a quemarropa que han causado más de 350 traumas oculares de manifestantes, que en diferentes casos han perdido la vista de uno o de ambos ojos. Al reclamo de nueva constitución y pacto social se suma ahora la lucha contra la impunidad de estas masivas y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos.

También se han violado los Derechos Humanos en Bolivia, un país que ha vivido un golpe de Estado perpetrado con la excusa de un supuesto fraude electoral que hoy se sabe completamente falso sin que nadie pueda ya sustentar tal argumento, y que más bien se relaciona con el control de las reservas de litio. Ha sido una mentira idónea para llevar al poder a la ultraderecha racista que vuelve a despreciar todo lo indígena. Y el presidente constitucional, Evo Morales, es perseguido ni más ni menos que como terrorista, teniendo que exiliarse primero en México y ahora en Argentina. El MAS que gobernaba y es mayoría actual, padece un alto riesgo de imposibilidad para presentarse a las nuevas elecciones, con lo que estas formarían parte también del, ahora sí, gran fraude para vestir el golpe.

Por último, este año la persecución judicial de líderes políricos (lawfare) como el propio Evo, García Linera, los presidentes Rafael Correa de Ecuador, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, la presidenta y ahora de nuevo vicepresidenta Cristina Fernández en Argentina ha sido la regla de quienes, desde las élites corporativas, controlan el terreno de juego y el propio juego. Destaco que en Argentina nacen brotes de esperanza gracias a la victoria de Alberto Fernández.

Europa

Europa no va a la zaga: radicalización hacia la extrema derecha en países como Gran Bretaña, Polonia, Hungría, Italia o Grecia; aparición de la ideología neofascista con fuerza en Alemania, Bulgaria o España; su consolidación en Francia o Austria. Conflictos sociales graves como los chalecos amarillos en Francia que le están diciendo a Macron que la transición energética, precisa para la sostenibilidad del planeta, debe hacerse con la gente y no a costa de la gente; o la conflictividad con y la persecución de opositores y periodistas y el expansionismo en Rusia o Turquía.

Oriente Medio. Corrupción y muerte

No menos preocupante sigue siendo la situación en Oriente Medio, con Siria destruida por la confluencia del terrorismo, el aprovechamiento y los intereses cruzados entre Israel, Irán, EEUU, Rusia y Turquía, y los demás beneficios políticos regionales en juego que vienen degradándose irremediablemente desde la invasión de Irak en 2003.
Vemos un Líbano a punto de romperse por enésima vez; una Palestina asfixiada inhumanamente por el Gobierno israelí y que apenas recibe un soplo de aire de justicia con la apertura de investigación por parte de la Corte Penal Internacional contra Israel por crímenes de guerra. Hablamos de un Israel podrido en la corrupción en su más alta esfera institucional y cuyo presunto responsable, en un claro desafío a la justicia, comparecerá nuevamente a las elecciones. Nos encontramos una Arabia Saudí que sigue su acción implacable en Yemen, con miles de muertos, y atacando a opositores o directamente eliminándolos; una confrontación apenas larvada entre chiíes y sunníes, trufada con la corrupción que ha motivado la represión y centenares de muertos en Irak .

Asia. La ancestral desigualdad

En este continente la situación no es mucho mejor: aparte de los males ancestrales de la desigualdad, se intuye un problema identitario de primera magnitud en India, con el Gobierno de Narendra Modi y la discriminación contra los musulmanes, especialmente en Cachemira, lo que antes o después derivará en un conflicto abierto con Pakistán. Afganistán está roto por los cuatro costados por la corrupción, el narcotráfico y la guerra contra el terrorismo patrocinada por EEUU, que han acabado con toda posibilidad de su viabilidad como país, en el que más de una cuarta parte necesita ayuda humanitaria y en el que, según los datos de ONU, el 40% de los ciudadanos están afectados por el hambre y la malnutrición.

China se ve envuelta en una escalada económica y de confrontación arancelaria con EEUU sin precedentes, en lucha por la hegemonía económica mundial, desconociendo los Derechos Humanos y persiguiendo a los uigures; y en Myanmar (la antigua Birmania) el régimen de Aung San Suu Kyi (Premio Nobel de la Paz) contra los rohingyas.
Continúo: Filipinas, cuyo presidente Roa Duterte, definitivamente representa la más pura esencia del fascismo moderno; Indonesia, para la que la defensa del medioambiente no existe, hasta el punto de convertirse en uno de los países más problemáticos en este campo. Siempre queda Japón.

África. El desastre humanitario político y social

África representa el crisol del desastre humanitario, político, social y económico más grande y también el más frustrante en la humanidad: los conflictos políticos (Kenia Tanzania, Etiopia, Côte d´Ivoire, Argelia, Marruecos y el Sahara) los gobiernos autoritarios (Egipto); los Estados fallidos (Somalia, Mali, Sudán, tanto del Norte como del Sur, República Centroafricana); la explotación delictiva y abusiva de los recursos naturales en los dos Congos o en Uganda.

Más aún: las hambrunas en el Sahel; los desastres naturales y las migraciones masivas en la mayoría de los países; las guerras y acciones militares de grupos terroristas en Chad, Camerún, Nigeria, Burkina Faso, Mali; la corrupción sistémica en Mauritania, Angola, Zimbabue, Sudáfrica. Apenas se salvan del desastre algunos países como Botsuana, Ruanda, Senegal o Ghana.

Finalmente Australia, continente siempre más pacífico y tranquilo, arde por todas partes y queda expuesto al desastre ambiental más catastrófico de su historia.

La violencia de género que no cesa

Me refiero aquí por su carácter universal a un deleznable crimen universal que se repite y no cesa: la violencia de género. La violencia machista ha sido transversal a todos los continentes con especial incidencia en África, Latinoamérica y Asia. Sin olvidar al mas de medio centenar de víctimas españolas de 2019 que, desde 2003, elevan muy por encima de mil la cifra de mujeres asesinadas en nuestro país. Los casos se suceden y todavía falta mucho para asumir el mensaje reiterado cada 8 de marzo en el que se pone en evidencia que los derechos de la mujer siguen sin ser cubiertos y sin cerrar la brecha de la desigualdad.

España y la memoria

Con este panorama, parecen menores los problemas de una España sin Gobierno, perdón, con un Gobierno en funciones, que devienen de una investidura pendiente a obtener in extremis, con unas negociaciones que trufan lo judicial con lo político en una mezcolanza a la que nos han abocado la desmesura judicial de unos y la incompetencia política de otros.

Pero también han sucedido cosas: hemos conmemorado los 80 años de la “retirada” y del final de la guerra civil, así como del exilio republicano y la diáspora de españolas y españoles por todo el mundo. En particular por México y el resto de América Latina, incluido el mítico Winnipeg de Pablo Neruda rumbo al país más austral del mundo, Chile, recordando además el fallecimiento en 1949 de Niceto Alcalá Zamora en Buenos Aires, Argentina.

En 2019 fue exhumado del Valle de los Caídos el Dictador Francisco Franco, que siguió “dominando” por 44 largos años sobre los cadáveres de sus víctimas sin nombre, traídas de todos los rincones de España para perpetua exaltación del dictador. Aún queda mucha tarea pendiente, ya que es necesario resignificar el Valle y transformarlo en un lugar de memoria y reflexión democrática; hace falta exhumar a las decenas de miles de compatriotas que se encuentran en fosas y cunetas esparcidas por toda la geografía española, encarar nuestro pasado y elaborar, mediante una Comisión de la Verdad, un censo de víctimas, para conocer y preservar sus historias, para repararlas y dignificarlas y para erradicar los comportamientos de odio como los ejercidos por Ortega Smith de Vox, contra las Trece Rosas. Igual que es necesaria la creación de un banco de ADN, que permita las identificaciones de los desaparecidos, y dar término al drama de los bebés robados, un asunto que no es en absoluto del pasado, sino que tiene, lamentablemente, plena vigencia.

La crisis catalana

La crisis político-judicial que vivimos se mantiene en su punto más álgido con un resultado judicial todavía incierto debido a la forma en que la Sala Segunda del Tribunal Supremo tramitó un juicio en el que a la soberbia procesal, en vez de la prudencia, se sumó el desconocimiento de normas internacionales. Unas normas que otorgan primacía indiscutible a las de la Unión Europea de la que formamos parte, sobre las normas locales, a la hora de decidir sobre la inmunidad parlamentaria y el inicio de la misma. El Supremo no consideró desde el momento en el que se produjo que la inmunidad de jurisdicción y de ejecución, derivadas de la inmunidad parlamentaria adquirida por Oriol Junqueras el día 13 de junio de 2019, les impedía, al menos en su caso, continuar el proceso hasta saber si se mantenía o no su inmunidad por parte del Parlamento Europeo. Así lo ha resaltado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en su sentencia de 19 de diciembre pasado, destacando que que tal inmunidad fue adquirida antes del inicio de la deliberación y fallo de la sentencia (14 de octubre de 2019).

Es cierto que no se debe confundir inmunidad con impunidad (bien lo sé), pero tampoco se puede mantener a una persona en prisión cuando tiene inmunidad y esta no ha sido suspendida, so pena de incurrir en una situación bastante delicada para quien mantenga esa posición. Guste o no guste a esa parte de la política española y de los medios de comunicación que se amparan siempre y de forma interesada en la infalibilidad de la justicia sobre todo cuando les beneficia, el parlamentario europeo Oriol Junqueras debe ser puesto inmediatamente en libertad a la espera de la decisión del Parlamento Europeo, tras recibir el correspondiente suplicatorio. A partir de ahí, se tendrá que entrar en la validez o no del juicio seguido contra él.

Modelo neoliberal y COP25

En el año que termina, la ultraderecha se ha constituido en un fenómeno que ha excedido fronteras, como intento desesperado por parte de algunos de negar la realidad de un mundo complejo y global que se enfrenta a problemas igualmente complejos y globales. Es así precisamente porque el modelo neoliberal no da para más, porque el planeta es finito y el modelo de desarrollo actual se basa en un crecimiento permanente y sostenido, que es tan ilusorio como pernicioso. Los otros pilares neoliberales son la desregulación y la libre competencia, que sólo nos llevan a la desigualdad extrema y a la explotación de la mayoría a manos de unos pocos que acaparan y acaparan cada vez más riqueza.

Son las mismas élites políticas y empresariales que en Estados Unidos no tienen ningún reparo en tratar como verdaderos animales a los inmigrantes, aunque sean mujeres y niños, o en volver a aumentar este año sus emisiones de CO2 y negar una vez más el cambio climático, mientras los demás líderes mundiales son incapaces de ponerse de acuerdo en adoptar medidas verdaderamente eficaces en la Cumbre del Clima. La COP 25 ha sido un foro universal que ha puesto en evidencia la incompetencia de nuestros gobernantes y la avaricia de las grandes corporaciones que los controlan, en especial en aquellos países que se niegan a formar parte o se retiran de estos acuerdos, que son los países más contaminantes, como China, India, Estados Unidos, Rusia o Brasil. Mientras tanto, el personaje del año según la revista Time, Greta Thunberg, afirmaba en septiembre ante Naciones Unidas: “La gente sufre, la gente muere y ecosistemas enteros están colapsando. Estamos al principio de una extinción masiva y ustedes solo hablan de dinero y de cuentos de hadas de eterno crecimiento económico. ¡Cómo se atreven!”

Delitos contra el medio ambiente

De la cumbre en materia de la justicia hay que hacer mención de la ministra del ramo, Dolores Delgado, que apuntó la necesidad de creación de un derecho penal internacional del medio ambiente, y de un tribunal supranacional que castigue a los responsables de estos delitos. Tal recordatorio se une a la tendencia ya explicitada en los Nuevos principios de la Jurisdicción Universal Madrid Buenos Aires de FIBGAR de 2015 y de la exigencia de la incorporación del ecocidio como un nuevo crimen al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional o de lesa humanidad, de acuerdo con la definición que nos legara Polly Higgins, la ambientalista fundadora de Ecological Defence Integrity (EDI), que este año nos ha dejado prematuramente, y de cuyo ejemplo nos nutrimos para continuar en la defensa de la naturaleza. Tendencia a la que también se sumó el papa Francisco, quien este año calificó al ecocidio como un pecado, como un nuevo crimen contra la paz y la humanidad.

La alternativa al neoliberalismo, como dijera José Saramago, es la es la conciencia. No hay camino posible si no tenemos conciencia, conciencia de especie, de la especie humana que está amenazada en su riqueza y diversidad por la acción depredadora de una minoría que no ha sido elegida por nadie y que no responde ante nadie, pero que se siente con el derecho de enriquecerse cada vez más a costa del planeta y de todas y todos los demás seres vivos que habitamos en él. Creen que podrán mitigar los efectos del cambio climático, sin darse cuenta que ni todo el oro del mundo compensa el daño irreparable a la humanidad y a nuestra “casa común”, en palabras del pontífice.

El camino de futuro es claro, sólo falta determinación, perseverancia y aunar esfuerzos para que en común hagamos de este mundo un lugar más amable para quienes vivimos en él. Despidamos el convulso 2019 y demos la bienvenida al 2020, con toda la ilusión y el compromiso para encarar un nuevo año, con una ruta clara.

El Clarín de Chile

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