Los triunfos pírricos del gobierno de la dupla Piñera-Mañalich

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

A finales del Imperio Romano, por lo regular había una diarquía en la cual dos emperadores se disputaban el poder. A causa del Covid-19 Piñera y Mañalich han pasado de ser reyes a emperadores: la declaración de zona de catástrofe, decretada por el gobierno, termina por anular las garantías constitucionales, y así, la diarquía, puede tener el dominio de los cuerpos y de las almas. (En terminología de Michel Foucault, el alma pasa a ser la cárcel del cuerpo).

Desde las alturas del poder el Presidente y el ministro de Salud saben muy poco sobre las vivencias cotidianas, por ejemplo, de los santiaguinos de las comunas populares, por consiguiente, no se les puede ocurrir que en una “cité” o en una pequeña pieza en un edificio alberguen a más de 10 a 20 personas, entre familiares y allegados.

Antiguamente las cuarentenas estaban destinadas a aislar a los pasajeros y tripulantes de un navío, por ejemplo, la ruptura de la cuarentena en Marsella, en el siglo XVIII, abrió la puerta a la propagación de la Peste Bubónica desde ese Puerto francés.

En la llamada impropiamente “Fiebre Española” fue imposible implementar una cuarentena debido a la Primera Guerra Mundial, por lo cual la gripe se diseminó a través de las trincheras convirtiéndose en la epidemia más grave del siglo XX, con millones de muertos.

Hoy, en pleno siglo XXI, aplicar las cuarentenas totales también se hace muy difícil, pues la parálisis de las actividades, especialmente económicas, trae consigo una feroz depresión que, en el caso actual, puede superar a la de 1929.

Esta plaga del virus ha servido para mostrar la monstruosa geografía de la pobreza y del hambre en el gran Santiago. Para las comunas ricas, cuyos habitantes tienen ahorros suficientes para llenar varias veces la despensa y la nevera, e incluso, pueden recurrir a los grandes supermercados con sólo presionar una tecla de su celular que, a la brevedad, los alimentos están en su puerta.

Las comunas de Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea y Providencia tienen un ingreso promedio per cápita de un millón de pesos. Si consideramos 800 mil pesos para la salud por persona, podrían darse el lujo de agendar visitas domiciliarias y vacunaciones en el auto, (el alcalde Lavín y sus colegas de estas comunas deben contar con mucha imaginación para gastar su presupuesto que, incluso, permite darse lujos como la creación del Museo de Cera, en Los Domínicos). El Consultorio de la Comuna de Vitacura, por ejemplo, es mejor que cualquier clínica privada; en los distintos Consultorios de Las Condes acuden principalmente las asesoras de hogar y los demás trabajadores domésticos, ya que sus patrones cuentan con excelentes planes en las Isapres.

Que el Presidente y el ministro de Salud luzcan su “premio limón” no es problema, pues su tarea no consiste en ser simpático, pues se trata de que “sean buenos cirujanos” – decía el ministro Mañalich – pero el problema radica en su abultado ego que les impide consultar con los especialistas e investigadores, y mucho menos implementar el trabajo en equipo, (un ejemplo es que han dejado de lado las fundadas indicaciones del Equipo Asesor).

El ministro de Salud que compite con su jefe directo la falta de criterio y metidas de pata, se ha peleado con los alcaldes, con los directivos del Colegio Médico e investigadores, a quienes margina y desinforma.

El querer imponer sus poderes sobre la base solamente de la coerción se hace muy fácil en dictadura, pero imposible en democracia. El principal problema que ha provocado la multiplicación de los casos de infectados en la Región Metropolitana, (85% del total del país), es la desconfianza y la lejanía que existe entre la ciudadanía y la diarquía en el poder.

Las explicaciones dadas por el ministro y su equipo respecto al desastre en Santiago no convencen a los especialistas, tampoco a los ciudadanos, pues está claro que sólo en un bajo porcentaje se debe al aumento de testeo, y el verdadero problema consiste en constatar el alto número de positivos que arrojan los test que se ha aplicado.

El culpar a los pobres, que están obligados a salir de sus tugurios para poder comer cada día, es la vieja táctica de la derecha: los pobres están en esa condición por flojos, hediondos e ignorantes.

Sebastián Piñera siempre será el Presidente de los ricos y poderosos: a raíz de la explosión del Covid-19, empresas como Cencosud y otras, se dan el lujo de repartir utilidades entre sus accionistas y, además, recurren al Estado para hacer efectivo la subvención destinada a los trabajadores a fin de evitar el despido.

El Presidente, haciéndose el “santo”, en un alarde de generosidad llama a la unidad nacional para afrontar la pandemia, sin embargo, no ha hecho otra cosa que aprovecharse de los superpoderes para lograr la mejora de su imagen, ya deteriorada, incluso, por la encuesta CADEM.

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