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La importancia de la Pedagogía unida a la lucha social en Brasil

por Patricio Rivera

Por Cristiano Morsolin*

La quinta edición del Congreso Internacional de Pedagogía Social & Simposio de Postgrado, que se realizó recientemente en Vitória [Estado de Espírito Santo – Brasil], fue un evento dedicado a discutir, de manera amplia, la reglamentación de la Educación Social como profesión en Brasil, la formación del profesional pedagogo social y las áreas de actuación que abarca la Pedagogía Social como Teoría General de la Educación Social.

Frente a la opción política del actual gobierno, de hacer de Brasil una “patria educadora”, el V CIPS cuestionó el lugar que debe ocupar la “educación popular, social y comunitaria en las políticas públicas en Brasil”, en un momento en el que se discute el Sistema Nacional de Educación, el Plan Nacional de Educación, la Reforma de la Enseñanza Media, el destino de los recursos del Pre-Sal a la Educación, la reducción de la mayoría de edad penal y la violencia contra la juventud pobre y negra de las periferias, entre tantos otros temas.

Esta entrevista fue concedida por Jacyara Silva de Paiva, líder de la Pedagogía Social en Brasil. También es educadora social, abogada, teóloga, doctora en Pedagogía Social por la UFES/USP [Universidad Federal de Espírito Santo/ Universidad de São Paulo] y profesora de la Facultad Estácio de Sá/Espírito Santo.

¿Cuál es su perspectiva existencial sobre la Pedagogía Social?

Siempre estudié en la escuela pública. En Brasil, aún hoy, incluso teniendo en cuenta todos los avances sociales de los Gobiernos de Lula y Dilma, la escuela pública es un espacio de saber para la persona pobre y, dentro de ese espacio, hay poco de enseñanza y aprendizaje, dado que ese espacio debe ser dividido con acciones sociales. Terminé la escuela secundaria en una de ellas e hice un curso técnico, pues a los pobres, aquí en Brasil, les estaban reservados los cursos técnicos; a los más pudientes, la preparación para entrar en la universidad pública, que era casi exclusiva de las familias más pudientes. Hoy, gracias a las acciones afirmativas de los Gobiernos de Lula y Dilma, las cosas están cambiando un poco y los pobres y negros ya logran llegar a la universidad pública, antes destinada sólo a los más ricos.

Con 18 años, ya trabajaba de manera formal, en blanco, porque como todo hijo de la pobreza comencé a trabajar desde muy pequeña, limpiando casas de familias, hasta que resolví mudarme de Estado y hacer Teología en un estado que queda a 2.000 kilómetros del Estado donde vivía. El curso fue pagado por una Iglesia Bautista, pues yo no tenía condiciones para pagar. En ese tiempo, comencé a trabajar con prostitutas y adictos, en las calles de Recife, capital de [Estado de] Pernambuco, un Estado que hasta el día de hoy tiene una división de ingreso soportable y, precisamente por eso, con grandes problemas sociales. Yo trabajaba con la Iglesia Bautista en un convenio con una ONG de Estados Unidos, llamada “Visión Mundial”.

Después de un año trabajando en las madrugadas, en las calles de Recife, comprendí que mi trabajo no era un trabajo para salvar “almas”, como quería la Iglesia, sino un trabajo educativo, que podría libertar vidas, liberar a personas oprimidas por una relación social injusta. Llevaba, durante el día, a las prostitutas, homosexuales y usuarios de drogas a los jardines de la institución donde estudiaba y vivía. Esta institución hacía Teología con énfasis en la educación y la acción social. Lo hacía porque lo creía un lugar seguro para dialogar con mis educandos de la calle y, por llevar a esas personas a los jardines de la institución, se me prohibió vivir en el internado.

A partir de ahí, surgió una gran revolución en mi vida. Pasé a vivir en una zona de prostitución y, allí, pude convivir más de cerca con mis educandos: las prostitutas, los adictos y sus hijos, que en su mayoría vivían en las calles de Recife, mendigando y haciendo pequeños robos. A partir de ahí, pude conocer y aprender con ellos y ellas valores significativos, pero no sentía los dolores que ellos sentían, pues aunque viviía dentro de la zona de prostitución, yo no estaba allí para prostituirme sino para realizar un trabajo de acción social. Al mismo tiempo, pasábamos en Brasil por un momento único, que fue el término de la dictadura, el movimiento de las elecciones directas para presidente. Brasil hervía políticamente y tuve el privilegio de participar de varios movimientos sociales; inclusive, en esa ocasión, formamos el primer club de madres, formado por prostitutas, en Recife, donde a través de él realizábamos varias reivindicaciones. Se llamaba “Club de Madres”, pues estábamos todavía a finales de la dictadura y aún no podría haber asociaciones.

Pasé a formar parte también del Movimiento Nacional de Niños y Niñas de Calle. Como tenía sólo 19 años, no formaba parte de la gestión, pero era bastante activa en Recife. Fui a Brasilia, capital del país, junto con los niños y niñas de calle de Brasil, en un movimiento que podríamos llamar inédito y viable, tal como mencionaba [Paulo] Freire (estudioso de la educación), que movilizó a todos los niños y niñas de calle de Brasil. En esa época, el movimiento evitó muchos asesinatos de niños y niñas; actuaba contra la persecución a los educadores sociales, que eran víctimas de amenazas por parte de los policías, pues ellos denunciaban toda y cualquier forma de maltrato a los/las niños/as. Actuamos en el gran movimiento de construcción del Estatuto del Niño y del Adolescente de Brasil, que hasta hoy es un de los estatutos más avanzados del mundo, que todavía las fuerzas reaccionarias insisten en modificar para perjudicar a los niños y adolescentes empobrecidos de Brasil.

En la época del Movimiento Nacional de los Niños y Niñas de Calle, que todavía existe en Brasil, las denuncias surgían por todas partes, amparadas por un movimiento fuerte e intrépido que, junto con la actuación política, se preocupaba por la formación pedagógica. El movimiento reunía a personas de todo el país y tuvimos el gran privilegio de tener al profesor Paulo Freire conversando con nosotros varias veces, aclarando que nuestro hacer era un hacer pedagógico y político, que debíamos ser amorosos, en el sentido de un amor convertido en acción, que debíamos estar siempre reflexionando acerca de nuestra praxis (teoría y práctica). Decía que no éramos superiores ni inferiores a los educadores escolares, que éramos simplemente educadores con una Pedagogía diferenciada.

¿Por qué, para Paulo Freire, el diálogo es muy importante en la educación de calle?

Paulo Freire cree que el dato fundamental de las relaciones de todas las cosas en el mundo es el diálogo. El diálogo es el sentimiento de amor convertido en acción, el diálogo amoroso, que es el encuentro de los hombres que se aman y que desean transformar el mundo.

Según Freire, el diálogo no es sólo una calidad del modo humano de existir y actuar: el diálogo es la condición de ese modo, es el que convierte en humano al hombre.

La relación profesor-alumno debe estar pautada en el diálogo, ambos posicionándose como sujetos en el acto del conocimiento, en una relación horizontal. El autoritarismo tradicional, que permeaba la relación de la educación tradicional, debe ser desterrado para dar lugar a la Pedagogía del diálogo. Sin embargo, esa relación horizontal no se puede imponer, sino que ocurre naturalmente, cuando educando y educador logran colocarse en la posición del otro, teniendo la consciencia de que al mismo tiempo son educandos y educadores.

En la Pedagogía del diálogo se incluye también el concepto de educación para Freire, según el cual nadie sabe todo y nadie es enteramente ignorante. La educación no puede disminuir a la persona humana, debe llevarla a la redención; por eso, una educación que reprime no es la que redime.

Para Freire, nos educamos en comunidad. Su búsqueda era por una educación comprometida con los problemas de la comunidad, el lugar donde se efectivizaba la “vida del pueblo”; la comunidad, para él, era el punto de partida y de llegada. “Sólo conociendo la cultura del educando el educador conseguirá dialogar con él, y por eso oyéndolo no correrá el riesgo de ser autoritario” (Freire 1985).

La educación es un proceso permanente, no se agota en los minutos de cada aula, no está pegada a los muros escolares, precisamente porque no ocurre exclusivamente en la escuela. Según Freire, nos educamos toda la vida, hasta el momento de la muerte; para él, se constituye en un acto educativo. El diálogo, por lo tanto, es lo que debe permear todo el proceso educativo, pues no es sólo una calidad del ser humano sino lo que convierte en humano al hombre, el diálogo es lo que da sentido a la vida.

La Pedagogía del diálogo sirve de guía, es un inmenso farol en el oficio de ser educador de calle, pues a través del diálogo el educador social de calle llega al educando, que se encuentra allí. El escuchar, el acto de oír al otro en las calles impedirá que el educador de calle sea un educador autoritario. La búsqueda de alternativas con el educando de calle sólo se dará a través del proceso dialógico. El diálogo es, así, lo que da sentido al oficio de educador social de calle, pues a través de él se establecerá el proceso educativo entre el educador y el educando de calle.

Los diálogos se establecen en las plazas, en las veredas, en las calles, en fin… El diálogo, para el educador social, es mucho más que un método, es el muelle propulsor para respetar el saber del educando que se encuentra en las calles y, a partir de ese punto, avanzar con él.

Al escuchar empáticamente, el educador ayuda al educando a desvelar críticamente su cotidianeidad y a recuperar su condición de sujeto de su proceso histórico.

Otro diálogo importante fue el Congreso de Pedagogía Social. ¿Cuál es su balance?

Realizar un Congreso Internacional en medio de una crisis económica no fue algo muy fácil, fue necesario tener la esperanza freiriana, que no es la esperanza que espera, es la esperanza del verbo esperanzar. Aquella esperanza que, como él mismo decía, construye, cree, aunque todo esté diciendo que no hay posibilidades.

Éste fue el V Congreso Internacional realizado por la Asociación Brasilera de Pedagogía Social fuera de São Paulo. Por eso, la responsabilidad era enorme, dado que São Paulo es la mayor capital brasilera y Vitória una de las menores. Con osadía, aceptamos el desafío propuesto por el profesor Roberto da Silva, en una reunión a fines de 2013 en São Paulo.

Con un equipo valioso, formado por los educadores Erineu Foerst, Gerda Foerst, Priscila Chiste, Zoraide Barbosa, Alex Jordane, Jacyara Paiva, Leticia Queiroz, Giovane Fernandes y Lauro Sá, la osadía esperanzada reinó incluso en los momentos más difíciles. El diálogo amoroso daba siempre lugar a discusiones acaloradas en la organización del Congreso. Buscábamos oír al otro a través de todos los gestos necesarios, en una relación horizontal y cuidadosa del uno hacia el otro; al final de cuentas, debemos poner en práctica lo que teorizamos.

El Congreso Internacional de Pedagogía Social sólo fue posible porque se realizó de manera dialógica y horizontal, con muchas manos, mentes y corazones. Todos los conferencistas brasileros se pagaron sus pasajes, alimentación y hospedaje, para que pudiéramos realizar el Congreso. Todos nosotros estamos unidos en un solo compromiso, que es la Justicia Social.

Todos luchamos por la Educación Social, por los varios campos de la Educación: Educación Social con los Niños y Niñas en situación de Calle; Educación del Campo; Educación en Presidios; Educación Social y Derechos Humanos; Educación Social y Educación de Jóvenes y Adultos; Educación Social y Educación Integral, en fin… varias fueron las temáticas abordadas en este CIPS.

De manera muy especial debatimos sobre la profesionalización de la profesión de Educador Social en Brasil. Actualmente, hay dos propuestas que se están tramitando en el Poder Legislativo: una del grupo de educadores de Ceará y otra del grupo de educadores de Maringá, en el Estado de Paraná. Ellas coinciden en varios aspectos, divergen en algunos y están siendo debatidas entre los grupos, a fin de que se llegue a una conclusión, pues creemos que el diálogo siempre debe pautar nuestros debates. El diálogo horizontal, humilde; cuando oigo al otro, al mismo tiempo construyo conocimiento.

El Brasil es muy grande. Ni siquiera sabemos con certeza cuántos educadores sociales hay. Por eso debemos tener mucho cuidado en relación con la reglamentación de la profesión del Educador Social, porque al final estamos, de cierta manera, decidiendo el futuro de una profesión, estamos hablando del futuro de muchas vidas, de nuestros niños y niñas en situación de extrema pobreza, que necesitan un educador que tenga una profesión reconocida para que pueda ser mediador en el proceso de liberación de esos niños o de las personas oprimidas por un sistema económico injusto. Entonces, necesitamos mucho debate, mucho diálogo entre nuestros pares, necesitamos oírnos. Un oír más allá de la escucha física, aflojar nuestras convicciones, si es preciso.

La Educación del Campo en el Brasil, medio que nos enseña mucho, cuando se une a la Educación Social en Brasil sólo tenemos para ganar, pues la Educación del Campo en Brasil tiene principios de la Educación Popular. Ella es freiriana y Paulo Freire es nuestro teórico, es nuestra referencia en la Educación Social. De la Educación Popular surgió el referente teórico de la Pedagogía Social, que piensa acerca de esta belleza de la práctica de la Educación Social.

Hoy en Brasil, en nuestros Congresos de Pedagogía Social, infelizmente, todavía hay que hablar de Educación social de niños y niñas en situación de calle, a pesar de todos los avances sociales obtenidos en el gobierno del PT [Partido de los Trabajadores], a pesar de todos los programas sociales, que sacaron a miles de niños y adolescentes de las calles, sacaron a Brasil del Mapa del Hambre de la ONU [Organización de las Naciones Unidas]. Sin embargo, nuestra injusticia social era tan grande que todavía debemos hablar de educación para niños y adolescentes que buscan las calles como lugar de protección y abrigo.

En las prisiones, todavía hay miles de jóvenes, casi en su totalidad negros, que, cuando no son presos, son muertos. Por eso, continuaremos escribiendo, continuaremos teorizando, hasta que ese profesional de la Educación Social no deba existir ya en nuestro país. Ese día seremos muyo felices, pero infelizmente, hoy, nuestros niños y adolescentes en situación de calle encuentran muchas drogas a las que antes no tenían acceso y que destruyen sus vidas más rápidamente. Nuestros niños, hoy, encuentran el crack y la cocaína, y son usados por traficantes de manera vil. Los educadores sociales todavía son los mediadores que, en las calles, son capaces de suscitar deseos y sueños y de indicarles los caminos de la vida a través de procesos educativos.

Este Congreso Internacional nos permitió, otra vez, sentarnos a la mesa con nuestros pares, con nuestros compañeros de todo Brasil, de América Latina y de algunos países de Europa para (re)pensar todos esos procesos educativos.

Contamos con la presencia de especialistas internacionales, como Miguel Melendro Stefania, de España; Jorge Camors y Marcelos Morales, de Uruguay; Cristiano Morsolin, de Colombia, que compartieron experiencias de otros países, no para copiarlas sino para que reflexionar y repensar nuestra propia experiencia.

Logramos reunir a investigadores, que son educadores sociales de todo Brasil, comprometidos con la justicia social, para que juntos continuemos construyendo la Educación Social en Brasil. El CIPS fue más que un congreso, fue un gran encuentro de personas que creen en la investigación como un instrumento de transformación del mundo, que creen en la equidad social, que creen en la dignidad de la persona humana y, por esta causa, se juntan y marchan juntas. ¡Soy una esperanzada en el mundo!

Usted publicó un nuevo libro, ”Caminos del educador social en Brasil”, por la Paco Editorial (2015)…

Esta obra es una contribución significativa a la Pedagogía Social y la Educación Social, pues históricamente, esa área se desarrolla y se fortalece en contextos de crisis, buscando dar respuestas a los problemas sociales. La autora recorrió varios Estados de Brasil, Finlandia y Angola en la perspectiva de producir un conocimiento emancipador, fundamental para la formación del educador (1).

NOTAS

http://sitio web.adital.com.br/sitio web/noticia.php?lang=PT&cod=86536

*Cristiano Morsolin, investigador y trabajador social italiano, radicado en América Latina desde 2001, con experiencias en Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia y Brasil. Autor de varios libros, colabora con la Universidad del Externado de Colombia, la Universidad del Rosario de Bogotá y la Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Es cofundador del Observatorio sobre América Latina SELVAS (Milán) e investiga la relación entre los movimientos sociales y las políticas emancipadoras.

BLOG: https://diversidadenmovimiento.wordpress.com/

*Cristiano Morsolin: Investigador y trabajador social italiano radicado en Latinoamérica desde 2001, con experiencias en Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Brasil. Autor de varios libros, ha colaborado con la Universidad del Externado de Colombia, Universidad del Rosario de Bogotá, Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Co-fundador del Observatorio sobre Latinoamérica SELVAS (Milán), investiga la relación entre movimientos sociales y políticas emancipatorias.

Fuente: ADITAL

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