Home Mujeres y Géneros LA FUNA: Algo huele mal en el Wallmapu y hay que gritarlo #NuncaMasSinNosotras

LA FUNA: Algo huele mal en el Wallmapu y hay que gritarlo #NuncaMasSinNosotras

por sedec

«Destruir la idea de lo público y lo privado impuesto desde la sociedad dominante, es un objetivo relevante para nosotras mujeres mapuche, hacer la revolución desde el fogón, como le he denominado, implica valorizar los espacios menoscabados por la otredad como son los espacios reproductivos politizándolos, haciéndolos uno solo, como el espacio de encuentro en la ruka, es aquí donde la complementariedad se hace concreta, más allá de la mirada del otro, sino con el establecimiento de un horizonte ético frente a cómo nos visualizamos como mapuche entre los mapuche.»

Siempre he pensado que LA FUNA es una buena medida para incorporar a la lucha mapuche desde las reivindicaciones de género, sobre todo en una sociedad como la nuestra en donde el prestigio es importante, pero en este caminar al interior de la mapuchidad me he topado con más Mapumachos [2], que con mujeres dispuestas a funar a dichos Wentru [3].

De ahí surge mi reflexión acerca de LA FUNA, y de porque debemos apropiarnos de ella para salir del silencio que se nos obliga como mujeres mapuche. Las invito a gritar, para que nuestras voces hagan grande nuestra presencia, para que incorporemos los temas que nos afectan en la cotidianidad a nuestras demandas como nación, para que nunca más sin nosotras se escriba la historia de nuestro pueblo.

Adelante con la FUNA porque tenemos muchas cosas que decir y no se nos está escuchando:

“Gracias a la sororidad de unas lagmien pude dar con el paradero de A….. A…… 12 años con 7 meces de indiferencia económica con su hija, tiempo en que no llamó no preguntó si estaba bien o le faltaba algo. El pasado mes de febrero dimos con el la hija lo conoció llegamos a una mediación por 75 mil pesos chilenos!! El con mentiras que no tiene trabajo que con lo poco que gana mantiene a sus hermanos y otras cosas dichas en mediación. Si hago esto público es justamente para que se entere que debe dos meces sin contar los 12 años.. Mas que el abandono económico es violencia..que basta con presumir que tiene una hija a la cual abandono. Y nada tiene que ver nuestra ida a la Argentina el ya había dejado a su hija cuando a un no cumplía 2 años desde hay el abandono total. Cuando nos fuimos ya tenía 6 años..basta A….. basta. Ojala algún día tomes el peso de lo que significa ser padre los hijos no comen aire y hay derechos y deberes..Sororidad.. el silencio es cómplice de la violencia. A….. el abandono es violencia!!” (KW. 2019)

Violencia de género y mujer mapuche

La violencia de género existe en nuestra cultura más allá que queramos idealizar o romantizar “lo mapuche”, pero cada vez que hablamos de violencia hacia las mapuche domo[4] lo abordamos desde la violencia que el Estado ejerce junto a sus instituciones de represión hacia nuestro pueblo, carecemos en la actualidad de espacios de conversación e instancias de regulación propias en donde podamos visibilizar la violencia de género en las dinámicas internas mapuche, donde estos temas puedan ser conversados, ahí opera el silencio, tenemos que esconder “al interior de la ruka[5]” los efectos del colonialismo en nuestra vida cotidiana, como si el día a día no fuera político o quedará en un segundo orden, postergadas después de las demandas de autonomía y autodeterminación mapuche, sin embargo parte de esas demandas también contienen la responsabilidad como nación de la resolución de conflictos como estos.

Esta carencia de espacios de intervención propia nos ha llevado a denunciar como mujeres mapuche por medio de las RRSS distintas situaciones como: abusos sexuales, abandono paternal, violencia física y psicológica, entre otros temas, en donde las masculinidades mapuche recurrentemente nos invitan a “lavar la ropa sucia en casa”.

“La ropa sucia se lava en casa lamngen[6] que pena que llegue a estas circunstancias para dejar mal al peñi[7]..” (AC. 2019)

Pero tal como le contesta una lamngen a este wentru: “la ropa se lava en casa y siempre la terminamos lavando las mujeres mapuche, estimado las mujeres mapuche lavamos como queremos!” (KT. 2019). La apropiación de las distintas plataformas de comunicación digital ha sido una respuesta a esta obligación de silenciarnos como mujeres, invalidando nuevamente nuestras problemáticas y necesidad de ser escuchadas, y esto se suma a la inoperancia y falta de conocimiento de la institucionalidad chilena respecto a las violencias de género en contexto mapuche.

Es claro que la mapuchidad, tanto hombres y mujeres, no confía en los tribunales de justicia chilena, y esto opera doblemente cuando eres mujer y mapuche, uno de los casos más emblemáticos es la utilización del convenio 169 de la OIT el cual ha sido invocado en desmedro nuestro como mujeres indígenas en casos de violencia de género, lo cual es denunciado por Painemal (2013) quien da cuenta de un hecho que fue publicado en el Diario Austral, en Marzo del mismo año, en donde, de acuerdo información entregada por el SERNAM, se señaló: “que en casos de violencia contra mujeres Mapuche fue invocada la costumbre ancestral que se encuentra presente en el Convenio 169 de la OIT. Esto significó que los agresores sólo pidieran disculpas públicas y se les dejó libre de toda pena”, ¿Qué nos queda como herramienta de defensa en estos casos como mujeres mapuche? ¿A quién acudimos cuando nos violan, golpean, abandonan?.

Lo cierto, es que al ser mujer y mapuche, pese a que se nos enaltece a nivel discursivo, y se enarbola la complementariedad como espacio de igualdad entre hombres y mujeres, en lo concreto, quedamos fijadas a un solo espacio, que es al espacio reproductivo, lo cual no debiese ser un problema o algo negativo, si ese espacio se valora de la misma forma en que era valorado en la antigüedad, temporalidad a la que se recurre para frenar cualquier manifestación de nuestra parte (mujeres mapuche) que incomode a las acérrimas masculinidades mapuche.

En estos tiempos en donde la cocina está en los rincones más ocultos de una casa, o en las afueras de la misma en una rancha distante, las mujeres fuimos alejadas de las conversaciones, suspendidas y silenciadas, ya no estamos al interior de la ruka donde el fogón es el centro, pero esto no fue hecho de manera inocente, detrás de este cambio se oculta el pacto que realizaron los hombres mapuche y la masculinidad dominante, en donde solo sobrevive “lo mapuche” desde la perspectiva masculina, simplemente porque nos dejaron fuera, por eso aparecemos detenidas en el tiempo, cuerpos que se asemejan o deben asemejarse lo más posible a las descripciones virtuosas que se hacen de nosotras, vestidas de delantal y trarilongko, cocinando sopaipillas: a propósito de tantas dirigentes mapuche que las han mandado a hacer sopaipillas, quizás porque estaban hablando mucho, se salieron del marco, del deber ser que se nos impone como mujeres mapuche, incomodaron sus presencias, y había que devolverlas “al lugar que les corresponde” de acuerdo al pacto.

LA FUNA

Por estas razones sigo pensando en LA FUNA como un elemento interesante de repensar o mapuchizar con el objetivo de hacer presente nuestras voces y así aparezcan nuestros cuerpos al interior de la mapuchidad, hacer justicia para nosotras y por nosotras, mi insistencia puede explicarse porque crecí escuchando la frase “si no hay justicia hay funa”. Recuerdo los emplazamientos públicos en los 90’ que hacían los familiares y amigos de los detenidos desaparecidos a los violadores de los derechos humanos que habían quedado impunes, se quebrantaba esa comodidad que le dotaba el silencio y se le enrostraba la vergüenza de sus actos. Había un juicio, y los jueces eran todos los que presenciaban LA FUNA, se despojaba a la Élite (Jueces, políticos, Pacos) de su poder, y finalmente los silenciados (los desaparecidos) volvían a tener voz.

LA FUNA actual ya no es una performance o emplazamiento personal cara a cara, está vinculada al uso de las nuevas tecnologías, pero los motivos básicamente siguen siendo los mismos: la sensación de injusticia, la imposibilidad de recurrir a otras instancias que reparen la falta o agravio, dar cierre en nuestras vidas a una situación que la impunidad mantiene abierta. Otro aspecto que se mantiene, es que LA FUNA sigue siendo pública, la diferencia está en que lo público ya no está solamente en las calles, porque la tecnología trajo consigo nuevas formas de relación e interacción entre las personas, y los mapuche no estamos fuera e aquello.

Los espacios materiales de reivindicación identitaria que construimos en la década de los 90’ producto de nuestras movilizaciones y estrategias de lucha, se han trasladado a los espacios virtuales de las plataformas tecnológicas. Es así como periódicos, radios, materiales de educación y recuperación del mapudhungun, música mapuche, por nombrar algunos, fueron construyendo un complejo escenario comunicativo propio de la mapuchidad, incluso podríamos llegar a decir que existe una internet amapucha’, compuesta por grupos y subgrupos de acuerdo a intereses enraizados en la identidad mapuche que reproduce vínculos comunitarios, formas y tradiciones, ciertamente adaptadas para que en este medio comunicativo fluyan.

Pero pese a que la palabra funa, tiene su origen en mapudungun (podrido), y su emergencia dice relación a la falta de confianza en las instituciones de justicia (hecho que compartimos al interior de la mapuchada), no ha parecido tener éxito para traer a esta nueva plaza pública las inequidades y situaciones de violencia de género al interior de la sociedad mapuche. LA FUNA sigue siendo un contenido vedado de nuestros canales comunicativos, es vista como peligrosa y en muchos casos asociada a un solo tipo de mujeres mapuche, a las más urbanas permeadas por estas corrientes feministas que son vistas como una amenaza a los roles “tradicionalmente” ocupados por las mujeres.

Peñis y Ustedes que opinan del feminismo y esas cosas Wingkas? [8]

El feminismo ha sido planteado como enemigo, en esta misma plaza pública de la mapuchidad, sin embargo, puede ser un gran articulador de herramientas que nos permitan volver a valorizar estos espacios de reproducción en que nos desenvolvemos las mujeres mapuche, espacios que han sido denostados por la incorporación de la división de esferas entre lo público y privado de la sociedad dominante. Hago esta observación, no porque quiera que todas seamos feministas, sino, porque nos permite ver desde otra vereda aquello que se nos presenta como absoluto e inquebrantable, es decir, podemos hacer algo con este nuevo caballo, del cual no debemos bajarnos solo porque es wingka, tal como lo hizo Leftraru, galopémoslo con el propósito de recuperar nuestro lugar al interior de esta complementariedad enunciada pero no practicada.

13 de mayo de 2018

«Q manerade ver comentarios feministas… Sabía ud q el feminismo mata culturas y tradiciones…?» (LA. 2018)

El cerrar la puerta a todo lo que proviene de la cultura wingka parece ser una recomendación que solo es atingente a las temáticas de las mujeres mapuche (la práctica del domo palin, la domo chiripa, etc…), lo cual es sospechoso y paradójico, sobre todo cuando estas recomendaciones se hacen por medio de una tecnología que está enraizada en la cultura wingka, de la cual nos hemos apropiado y ha resultado ser una herramienta útil.

“Mi curre es mapuche y no se suma a las feministas. Somos mapuches y punto con razon se esta perdiendo nustra cultura” (LF. 2019)

Y aún más sospechoso es atribuir al feminismo la pérdida de la cultura pero no a los actos de los mapumachos y por los cuales están siendo denunciados en las funas. Esto tiene una sola explicación que es la internalización de la desvalorización de la feminidad mapuche.

Las que hemos llevado en el vientre pichikedomo, hemos escuchado con tristeza cuando nos preguntan el género de nuestras hijas: “no se preocupe, ya le va a salir un varoncito, un weichafe”, o también: “le va a llegar una cocinera”, determinando antes de la emergencia del vientre el destino que tendrán nuestras hijas, solo por el hecho de nacer domo, pero ¿Cuánto de mapuche tendrá esto? Si en distintos territorios se habla que tanto a niños como a niñas en su infancia se les daba de comer miyaye[9] para saber sus habilidades y potenciarlas comunitariamente, bajo los efectos del miyaye: si tomaba un wiño y se ponía a jugar se apoyaba a ese niño o niña en el Palin, si se acercaba al telar iba a ser tejedor o tejedora, y así, por lo tanto considerar a nuestras niñas cocineras antes de su nacimiento, no hace más que contribuir a ese imaginario de minusvalía de un género frente al otro, no porque cocinar sea un acto denigrante, lo denigrante está en la imposibilidad que tenemos las mujeres mapuche de movernos, por tanto pensarnos, y eso es a lo que los wentru le temen, no al feminismo.

“Saben lo que veo en un montón de comentarios super agresivos hacia varias de nosotras? MACHISMO, eso veo, de varios wenxus que se llenan la boca hablando de tradicionalidad mapuche, como si el respeto no fuera parte también de la dualidad. Si muchas lamgen se han vuelto feministas, es porque muchos de acá son profundamente machistas, pero eso ustedes jamás se lo cuestionan.

Lo peor de todo? Veo un montón de papito corazón, un patas negra xd, y locos entero violentos q no se cuestionan a sí mismos, pero si es mucho más fácil cuestionar al resto. Loco, descolonicence, pero en serio, no en lo que les conviene no más.” (TCKC. 2018)

Victimización de la masculinidad mapuche

Algo huele mal en el Wallmapu. La masculinidad mapuche se pone en juego frente a una posible funa, y es por eso que reaccionan en bloque, a la defensiva, los hombres mapuche están posicionados en las plataformas, ahí están sus fotografías esas que los hacen ver más machos que nunca guerreros, palifes, dirigentes, por un momento se sienten importantes, escuchados, y todo esto se puede desmoronar en un solo click.

La masculinidad mapuche previene esta situación constituyéndose en víctima de antemano, arrebatándole a quien denuncia el hecho de violencia de género el foco de atención, incluso antes de que el episodio sea narrado, puesto que el juicio social afecta en el espacio público a quien se desenvuelve en esta arena, no a quienes aparecemos tras bambalinas, y esto ellos lo usan como medio de defensa.

“Porque chucha no dejan trankilo al peñi L….. si las mujere nunca ban ase lo que asen los hombre”(MC.2020) exclamó el dirigente mapuche.

Me dolió el piwke, al leer esto, tuve pena y rabia, ganas de gritar, llorar, pensé ¿porque debo seguir en esto? ¿En esta lucha de la cual de antemano soy obviada?. ¿Qué es lo que está podrido en el Wallmapu?, que quienes nos representan públicamente piensan y escriben este tipo de cosas.

Nuestras penas no importan ante la indolente mirada de quienes creen que las mujeres no vamos a hacer nunca lo que hacen los hombres (como ir al festival de viña por ejemplo), ahí nos damos cuenta que nunca estuvimos, que las víctimas son los victimarios, a quienes se les puede dañar con nuestro grito de desahogo, por llevar estos temas a la discusión. No somos víctimas porque no somos sujetos sociales, las mujeres mapuche somos medio para construir la defensa territorial, la familia, la cultura, el idioma pero nunca sujetos, y por eso es importante que levantemos nuestras voces, que aparezcamos de una vez por todas aunque sea de forma disruptiva.

El hombre mapuche maneja a su conveniencia la tradición, y se impone con más violencia cuando nos acercamos a métodos o estrategias que nos permitan aparecer a las mujeres mapuche como cuerpos que importan. “Nunca vamos a hacer lo mismo que los hombres”, porque nuestros cuerpos no existen en el relato épico de la mapuchidad. El grito rompe ese continuo, pero para poder hacerlo concreto más allá de una pausa debemos actuar en conjunto, puesto que nunca seremos cuerpo de manera individual.

Kelludomowen – solidaridad entre mujeres

La funa al interior de nuestro pueblo no se ha implementado como entidad que se hace cargo de la injusticia y la impunidad, no tan solo por la responsabilidad masculina, sino también porque nosotras vemos amenazado nuestro entorno de comodidad, hemos sido incapaces de ponernos en el lugar de la otra que denuncia, porque hemos privilegiado mantenernos lo más apegadas a la tradición, o por lo menos a lo que se nos muestra como costumbre, y que consumimos sin cuestionamientos. Al apoyar en estos procesos de funa sentimos que también seremos juzgadas por alejarnos de los temas que se han fijado como importantes en la agenda política mapuche, de lo que se desea mostrar.

Seguimos la lógica del silencio, que solo nos perjudica a nosotras, en pos de resguardar a un miembro de la familia, a la comunidad de donde provengo, a las demandas de mi pueblo, y con ello contribuyó nuevamente con la ausencia de mi cuerpo en la historia, con la ausencia de todas. Las mujeres mapuche no nos atrevemos a denunciar a nuestros agresores (Painemal. 2013), y no tan solo porque no confiamos en las instituciones wingka, sino también porque alrededor de ese victimario existe una red de protección no tan solo de hombres sino también de mujeres lo cual incrementa la sensación de impunidad.

“Me comen los dedos para funar al tipo, pero qué sacamos, de seguro estarán sus peñi para prestarle ropa y sus lamngen que le perdonan todo” (KV. 2020)

Esto no tiene que ver con quien hace las sopaipillas (Kimvnkaweychan.2019) que todos comemos, a mí me gusta hacer sopaipillas, tejer a telar, cuidar a mis pichikeche ( soy bien talentosa pensándolo), tiene que ver con cómo restauramos nuestras propias instituciones femeninas de solidaridad entre nosotras más allá de las diferencias discursivas y de acción.

“vivi hace mas de diez años una relacion de violencia por un macho enfermo, mapuche pirulonko…sus manipulaciones, constantes formas de ataque y donde buscó siempre victimisarse y hacerme creer que yo era su complemento y era responsable de todo…hasta que la fuerza de mi ñuke, el abrazo de una bella wenuy, de mis hermanas, quienes me ayudaron a espejearme, tejer entre zomo, tomar lawen para mi utero y darme cuenta de lo importante que es entender que nunca andamos solas, que somos los pewma de nuestras abuelas que caminamos con la cabeza en alto y sin miedo.” (KL.2020)

No podemos pensar que “lo mapuche” es tan frágil que se puede desmantelar por exponer temas que afectan nuestra cotidianeidad como mujeres mapuche. Lo privado y lo publicó en la tradición siempre estuvieron entremezclados, por eso el tema de que nosotras aportemos en la lucha desde el fogón no nos quita protagonismo, lo que si sería importante e impactaría es que nadie reconociera que ese kofke está hecho por nuestras manos, fuera invisible nuestra participación en el trabajo colectivo, y eso sucede cuando silenciamos a otras mujeres, las anulamos, las omitimos, somos cómplices de la sociedad dominante que nunca le importó de dónde venían las mantas que intercambiaban en la frontera, somos cómplices de los cronistas que jamás nos describieron, nos borramos nosotras mismas como cuerpos que importan en la lucha.

Destruir la idea de lo público y lo privado impuesto desde la sociedad dominante, es un objetivo relevante para nosotras mujeres mapuche, hacer la revolución desde el fogón, como le he denominado, implica valorizar los espacios menoscabados por la otredad como son los espacios reproductivos politizándolos, haciéndolos uno solo, como el espacio de encuentro en la ruka, es aquí donde la complementariedad se hace concreta, más allá de la mirada del otro, sino con el establecimiento de un horizonte ético frente a cómo nos visualizamos como mapuche entre los mapuche.

Una funa amapucha’

Estamos acostumbradas a guardar, a guardar silencio, semillas, guardamos las penas, renuncias pero ¿cuándo brotara la palabra?. La funa es una excusa para que conversemos de estos temas aunque sea incómodo, una funa amapucha’ tiene que ver justamente con nuestras fallas al interior de nuestras dinámicas cotidianas que van más allá del discurso, evidencia en lo que estamos fallando como pueblo, o que no hemos abordado con responsabilidad, es el último recurso.

“Todo el apoyo ñaña, ya no mas restarse por estos weones y ya no mas minas, domo, mujeres, repitiendo los cuentos, chismeando mentiras que estos weones dicen de otras mujeres, si vamos a ser apañadoras que sea de verdad y haciendo el mea culpa de las veces que repitieron mentiras a espaldas de otra compañera, creyendo a estos weones, «funar» es parte del proceso, es gritar lo que tenemos guardado y que nos hace mal, ojalá todas tuviéramos el mismos valor, newen ñaña!!” (CC. 2020)

La funa (el alimento) tiene mal olor, está podrida, pasa de esa fragancia la ruka entera, la ropa, el pelo, queda impregnado con el olor a descomposición de la poñi. No es un trabajo fácil hacer funa poñi, hay que dejar la papa en agua que circule durante unos meses, como que se limpie con el movimiento del agua, pero al final sabe dulce.

“La Verdad es incomoda Sr. W…. (manden pantallazos si quieren… a mi me tienen bloqueada hace 4 años, la edad en la que he estado criando y cuidando sola apañada de mi ñuke)” (ML. 2020)

Necesitamos con urgencia reestructurar instituciones propias que aborden temáticas como el de las paternidades, los abusos sexuales, la violencia física y psicológica, para que las funas sean menos, no porque queramos esconderlas sino porque realmente reaparecio nuestra necesidad de convertirnos en gente, tratar de caminar lo más recto posible al circular por el territorio.

En la antigüedad “cuando se daba un hecho contrario al admapu, el anciano o mayor de respeto que fue vocero en el Mafün era el primero que debía hablar con la pareja para solucionar el problema, llegar a un entendimiento y hacerse el bien, según el territorio podía actuar luego el Longko o el Ülmen según el derecho propio, en presencia de ambas familias. En los casos en que nada se hacía podía haber malón dependiendo del caso, es lo que he escuchado, pero eso es muy antiguamente, luego cuando las autoridades ancestrales perdieron legitimidad dentro de las comunidades, junto con la pérdida de la cultura e identidad propia, vino la era de la impunidad” (MC. 2020)

En la era de la “impunidad” como dice la lamngen, la funa es necesaria, la cual no puede convertirse en un ruido cortoplacista tiene que ir acompañada de la reemergencia de la solidaridad entre mujeres mapuche “Kelludomowen”, y de la generación de espacios en donde las mujeres podamos sentirnos resguardadas y escuchadas, donde opere la justicia, no la impuesta desde una ley proveniente del Estado, que siempre actuara según sus propios intereses. Que la complementariedad se haga carne, ya que en estos momentos está siendo vulnerada.

Nos están matando, #NuncaMasSinNosotras “Y la que quiera romper que rompa, y la que quiera quemar que queme, y la que no, que no nos estorbe” (Yessenia Zamudio)

El dolor no se puede guardar y si hay que gritarlo, Pu Domo gritemoslo juntas.

Bibliografía:

AC. (Comunicación personal, Julio 2019) Comentario Estado de Facebook.
Aillapán Quinteros, Jorge. (05 de Mayo de 2014). LA FUNA2.0. El Quinto Poder. Recuperado de https://www.elquintopoder.cl/tecnologia/la-funa-2-0/
Butler, J. (2012). Cuerpos que importan–sobre los limites materiales y discursivos del “sexo”.
CC. (Comunicación personal, Marzo 2020) Comentario Estado de Facebook
Gajardo, A. V. (2014). Moral, representación y “feminismo mapuche”: elementos para formular una pregunta.
Kimvnkaweychan. (15 de septiembre de 2019) DECLARACIÓN PÚBLICA MUJERES DE TEMUCUICUI. Recuperado de https://www.facebook.com/Kimvnkaweychan/posts/2144286752539770/
KL. (Comunicación personal, Marzo 2020) Comentario Estado de Facebook
KT. (Comunicación personal, Julio 2019) Comentario Estado de Facebook <Respuesta a AC>
KV. (Comunicación personal, Marzo 2020) Estado de Facebook.
KW. (Comunicación personal, Julio 8, 2019). Estado de Facebook.
Lepe, Paula. (17 de Diciembre de 2019). “Si no hay justicia, hay funa”: Las razones tras la ola de denuncias en redes sociales por violencia de género. CNN Chile. Recuperado de https://www.cnnchile.com/pais/reportaje-funas-mujeres-violencia-genero_20191217/

NOTAS:

[1] Doctora en Ciencias Sociales Universidad de Chile, Magíster en Género y Cultura con Mención en Ciencias Sociales, Socióloga y Posdoctorante Universidad de Santiago USACH. Miembro del grupo de música Mapuche fusión Wechekeche ñi Trawün y de la organización Mapuche que lleva el mismo nombre.

[2] Hombres mapuche que ejercen violencias de género al interior de nuestro pueblo (Término propuesto por mujeres mapuche con la idea de que vayamos creando nuestros propios conceptos en relación a estas temáticas)

[3] Hombre.

[4] Mujer

[5] Casa

[6] Hermana

[7] Hermano entre hombres

[8] Algo así versaba un comentario en la plataforma de Facebook Aprender Mapudungun https://www.facebook.com/groups/aprendermapudungun/. El comentario fue eliminado por la persona quien lo realizo, por tanto no existe referencia.

[9] Miyaye también conocido como chamico en quechua. https://www.facebook.com/museochilenodearteprecolombino/photos/a.439541456046/10154322532496047/?type=3&theater

Ana Millaleo Hernández.[1] /Resumen Latinoamericano, FUENTE: Mapuexpress

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