Home Migrantes La crisis migratoria en Colchane desata a los perros de caza de la UDI

La crisis migratoria en Colchane desata a los perros de caza de la UDI

by sedec

Durante la madrugada del miércoles murieron de hipotermia dos personas a pocos kilómetros de Colchane, localidad fronteriza en la provincia de Tamarugal a 3.600 metros de altitud. El pueblo, de poco más de mil habitantes, se ha convertido en un paso desde Bolivia a Chile para migrantes latinoamericanos que huyen de la pobreza, la violencia en busca de una vida mejor. Son pobres, excluidos, que han decidido dejarlo todo atrás en una huída, empujada por el instinto de sobrevivencia, de miles de kilómetros. La desesperanza, el miedo, el hambre les han permitido enfrentar el frío, el desprecio, la humillación. Son hombres, mujeres, madres, ancianos y niños, muchos niños. Son familias completas.

Las migraciones desesperadas, que son parte de la historia de la humanidad, se han acelerado y masificado durante la globalización neoliberal. Junto a los conflictos bélicos, como el sirio, es el aumento de la desigualdad por países y regiones y al interior de los países que han provocado movilizaciones de millones de personas en el mundo pero siempre en una misma dirección: del sur pobre hacia el norte rico. Desde África, Oriente Medio, Centroamérica y Sudamérica. Una caravana lenta y pobre que se desplaza por aire mar y tierra que ni la pandemia ha frenado. Hoy, con el cierre de las fronteras establecidas, el flujo sigue y se cuela por grietas y mallas.

El flujo, que es y será imposible de parar a menos que cambien las estructuras geopolíticas globales, ha derivado en una tragedia que sucede diariamente en decenas de fronteras. No solo son el Mediterráneo y Ciudad Juárez los centros de este drama. El destino fatal de millares de personas también está golpeando desde hace años las fronteras chilenas. Los migrantes no solo se mueven en busca de una mejor vida en el norte rico, sino la huida es también la sobrevivencia.

Los límites, los muros, las rejas con púas, los cables electrificados, están hechos para la violencia, para la guerra. Bajo esta comprensión de la frontera el gobierno de Sebastián Piñera ha movilizado a militares a la zona. Como si se tratara de una amenaza de una fuerza armada extranjera, soldados del Ejército chileno se han movilizado a Colchane para impedir el ingreso de migrantes. Una acción desmedida que se levanta como perversa señal.

El Pacto migratorio que Piñera no firmó

Recordemos que este gobierno no firmó el 2018 el pacto de la ONU sobre migraciones y se alineó junto a República Dominicana y otros pocos países xenófobos de extrema derecha. Con esa decisión dejó claro ante el mundo cuál era su posición ante los refugiados y las migraciones: autoritarismo, control y sobre todo un enfermizo nacionalismo. Las élites privilegiadas, todas al amparo de las grandes corporaciones, entienden al país tal como lo hicieron las oligarquías durante toda la república. Como una gran hacienda bajo sus propias leyes

El modelo chileno no puede suscribirse en un orden liberal global, tal como tampoco aquellos engendros ultraderechistas como Trump o Bolsonaro. Piñera tampoco comparte los principios ni los fines del multilateralismo liberal. El único canal que mantiene abierto desde sus orígenes es la libertad comercial y los flujos de capital expresado en los múltiples de acuerdos de libre comercio. Libertad para el tránsito de bienes, servicios y capitales, pero barreras a la circulación de personas y trabajadores.

Chile está alineado en silencio y con un torcido discurso político con los populismos, la xenofobia y el racismo que campea por todos los continentes, comenzando por América del Norte y Europa. Se protege y se aísla de aquellos acuerdos internacionales y regionales que avanzan en el respeto de los derechos humanos, de los pueblos originarios y la protección laboral y ambiental pero extiende y profundiza todos esos que favorezcan el comercio y el extractivismo. En suma, expresa en su política internacional el pensamiento y los intereses del gran capital y las élite favorecida.

El migrante no es una amenaza. Es una persona inerme que se mueve por el miedo a la persecución, sea política o social, se mueve por hambre. Huye de su tierra de origen porque su nación es la causa de su pesar. Y al huir lo pierde todo. Ante el mundo, no tiene papeles ni identidad. Desprotegido, solitario, vulnerable, extraño y fácil víctima de todos los prejuicios y demonios.

La crisis en Colchane ha comenzado a soltar a los monstruos que buscan su presa en los migrantes. El gobierno anuncia la movilización e instalación en la zona de los ministros de Interior, Defensa y Relaciones Exteriores y la UDI lanza un comunicado feroz junto a declaraciones que no alteran su profunda xenofobia. Como si se tratara de una emergencia nacional, llaman a la Cámara a suspender vacaciones, a viajar a Colchane y redactan un texto que repite en varios párrafos las palabras “seguridad nacional”, “violencia”, “agresión” y “terrorismo”. En un año electoral como ninguno, las migración puede ser un regalo para ganar votos. Porque la perversión en política no conoce límites. En pocas horas los migrantes, los más débiles entre los débiles, pueden ser acusados de todos los males actuales, que no son pocos, pandemia incluida.

Por Paul Walder/ www.elclarin.cl

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