La crisis del agua en Chile: amenazas y acciones necesarias

Por Andrea Becerra*.-

Desde excesos a insuficiencias, el agua presenta desafíos únicos en la Región Metropolitana (RM) de Chile, el centro de la vibrante capital donde reside casi la mitad de su población.

Un informe reciente del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC, en inglés) destaca las soluciones de gestión del agua que abordan las inundaciones y las sequías, dos problemas aparentemente contrarios que ya afectan a las comunidades de la región.

Una tierra seca que depende de recursos que están disminuyendo

La sequía en Chile no da signos de concluir. La región ha sufrido la década más seca en la historia registrada, y la RM es una de las áreas más afectadas. La pérdida de lluvia, agravada por la alta demanda de agua, ha llevado a una declaración de emergencia agrícola en 17 comunas (municipios) en la RM solo este año.

Parte del problema es que los acuíferos de la región se están agotando a un ritmo más rápido de lo que se recargan. Y mientras las reservas subterráneas se sobreexplotan, las ricas reservas glaciales de Chile que decoran la cordillera de los Andes en blanco están cada vez más amenazadas por el aumento de las temperaturas asociadas con el cambio climático y la actividad humana, incluida la minería.

Los científicos predicen que para el 2070, la cuenca del Maipo alimentada por glaciares, que suministra el 80 por ciento del agua potable de la región, sufrirá una reducción del 40 por ciento de su balance hídrico debido a la pérdida de precipitaciones y el deshielo de los glaciares.

La precipitación en las montañas de los Andes de la RM ha disminuido 3 cm cada 10 años, según el Instituto Antártico Chileno. Esto ha contribuido a 8,54 a 15,14 gigatoneladas de retroceso glaciar, esto habría sido suficiente para satisfacer todas las necesidades de agua de Chile durante los próximos 14 años.

Al suroeste de Santiago, la desaparición de la Laguna de Aculeo se ha convertido en un símbolo de la sequía aparentemente interminable de la región. Las marcas de agua aún se pueden calcar en la gran extensión de tierra seca, donde hace menos de cinco años una laguna expansiva y prístina atrajo a turistas que se escapaban de la metrópoli ocupada para acampar y nadar en el agua clara.

Los efectos en la comunidad no se han documentado, aunque la industria del turismo sin duda ha sido devastada.

Como anécdota, en las conversaciones de NRDC con varias personas que trabajan en el sector de turismo y han vivido en la región durante décadas, ha habido una reducción del 50-70 por ciento en el tráfico hacia la región de la laguna los fines de semana y días festivos y más de 5.000 personas han perdido sus empleos.

Lo que una vez solía estar coloreado por motos acuáticas, botes y flotadores, ha sido reemplazado por parches de verde para que el ganado pueda pastar. Un muelle en el lado izquierdo ofrece un recuerdo de lo que solía ser. Crédito: Andrea Becerra

El cambio climático, el desarrollo inmobiliario y el consumo excesivo de la industria agrícola han sido acusados ​​en diferentes grados por diferentes expertos. Es difícil no ver este fenómeno como una ventana a las futuras pruebas de la región con el agua.

Mientras tanto, las inundaciones siguen siendo un riesgo creciente

Irónicamente, a medida que la región enfrenta un futuro con escasez de agua, se espera que Santiago vea más inundaciones cada año.

La urbanización junto con la pérdida de vegetación y las temperaturas superiores al promedio debido al cambio climático dejan a la RM cada vez más expuesta a las inundaciones.

Apenas 5 mm de lluvia en las afueras de Santiago en 2017 causó aluviones catastróficos que implicaron cortes de agua para más de seis millones de personas en la RM y la obstrucción de cuatro puentes que dejo a más 1.000 personas aisladas. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, 5 mm de lluvia se considera una lluvia moderada.

Entonces, ¿por qué los aluviones fueron tan catastróficos?

Por un lado, los incendios que habían devastado la región en semanas anteriores causaron una deforestación desenfrenada, matando grandes franjas de árboles que ayudan a retener el agua y reducir la erosión. Y segundo, el suelo reseco de la prolongada sequía había perdido su capacidad de absorción.

De hecho, el suelo durante una sequía puede volverse hidrófobo y repelar el agua, lo que significa que las sequías interrumpidas por tormentas a menudo pueden provocar inundaciones y aluviones.

El uso de la tierra también se ve afectado por el crecimiento poblacional de la región. Cuarenta por ciento de la población del país ya vive en la RM y se espera que la población de la región aumente alrededor de un 20 por ciento para 2050, a 8,5 millones.

Para acomodar a esta creciente población, los límites geográficos de Santiago se han expandido, reemplazando los paisajes naturales y las tierras agrícolas con caminos pavimentados, edificios residenciales y centros comerciales.

Existe un vínculo directo entre la pérdida de espacios verdes y un aumento en la escorrentía de aguas superficiales y los eventos de inundación en la RM. Cuando una lluvia torrencial cae sobre las calles impermeables de una ciudad, no hay forma de evacuar las aguas lluvia.

Los científicos del Centro Helmholtz de Investigación del Medio Ambiente pronostican que, si la tasa de urbanización y el tipo de edificación actuales de Santiago continúa sin ningún cambio, las inundaciones serán cada vez más severas tanto en el área cubierta como en la profundidad.

Los impactos empeorarán si nada cambia

Si bien la imagen parece sombría, nos alientan las numerosas soluciones que se están implementando en todo el mundo. En colaboración con Adapt Chile, NRDC lanzó recientemente el informe “Gestión de Sequías y Lluvias en la Región Metropolitana de Santiago: Recomendaciones para un Nuevo Rumbo”, que profundiza los desafíos de la sequía y las inundaciones mencionados aquí.

El informe también presenta soluciones claves que ya han sido probadas en otras partes del mundo que enfrentan desafíos similares, como Australia, China, partes de Europa y los Estados Unidos.

Existen soluciones de infraestructura verde que no solo ahorran dinero, sino que también aumentan la humedad del suelo, la filtración de agua y reducen el riesgo de inundación, técnicas agrícolas innovadoras como los cultivos de cobertura y la siembra directa que han resultado en mejores rendimientos en regiones propensas a la sequía, y ejemplos de colaboración a través de varios países que demuestran que la coordinación a lo largo de la cuenca del Maipo es posible.

Chile está bien posicionado para implementar nuevas estrategias de gestión del agua y abogar por el cambio y un nuevo camino a seguir.

Como anfitrión de la próxima COP25 (Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático), hogar de la mayor flota de autobuses eléctricos en América Latina, y con una expresidenta (Michelle Bachelet) que fue nombrada Campeona de la Tierra de la ONU, el país está lleno de soluciones ambientales.

La resolución de actuar está ahí, el agua es simplemente una nueva frontera.

*

Fuente: IPS

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