Greta Thunberg en 2050

Greta Tintin Eleonora Ernman Thunberg, nacida en 2003, tendrá 47 años en 2050 y, como veremos, de no revertirse las tendencias que afectan el equilibrio ecológico del planeta, habrá de vivir como el resto de la humanidad: inmersa en una pesadilla. Ese año se ha convertido en fecha cabalística porque para entonces habrán de confluir cinco procesos incontrovertibles. La humana es la única especie animal capaz de visualizar escenarios futuros a partir de evidencias y tendencias del presente, pero también de borrarlos o ignorarlos por temor, fantasías, intereses, desdén o cinismo. Greta Thunberg es la niña sueca cuya conciencia ambiental logró movilizar a más de 4 millones de ciudadanos de 150 países el viernes pasado, y cuyo discurso cimbró la Asamblea de Naciones Unidas porque puso en evidencia a los tres sectores que dirigen los destinos de todos nosotros hacia una catástrofe: los políticos, los empresarios y los diplomáticos.

¿Tienen razón los niños y jóvenes que se manifiestan en todo el mundo o es una simple reacción, exagerada y crispante de adolescentes?

Veamos: los cinco procesos actuales que al combinarse terminarán convirtiendo el planeta en un espacio inhabitable en 2050 son: primero, la dinámica demográfica. La proyección de Naciones Unidas estima que la población humana pasará de los actuales 7.6 mil millones a 9.6 mil millones en 2050. Este descomunal aumento de humanos, debido al incremento en la longevidad y en las tasas de fecundidad, elevará la presión sobre los recursos de la Tierra a un nivel sin precedente para ofrecer alimentos, agua, energía, materiales y espacios habitables a otros 2 mil millones de individuos.

El segundo tema es el energético. Hacia 2050 casi todos los países habrán agotado sus reservas de petróleo, y unos años después seguirán el gas y el carbón mineral. Ya hoy 64 de los 98 países productores de petróleo y gas están utilizando la última mitad de sus reservas (www.lastoilshock.com). La civilización industrial, adicta a los combustibles fósiles, debe entrar ya en una desintoxicación, y ello implica no sólo el cambio hacia fuentes de energías renovables, sino sobre todo dejar de usar los procesos, máquinas, herramientas y dispositivos normales de la modernidad, tales como autos, camiones, aviones, tractores y fábricas que consumen altos niveles de energía.

El tercer factor es el agua, pues la crisis hídrica que ya padecen amplios sectores de la humanidad, especialmente en las regiones donde escasea, se verá multiplicada por el incremento de la población y los sistemas altamente ineficientes de transporte y consumo.

El cuarto proceso atañe a la producción, circulación, transformación y consumo de alimentos que bajo las pautas industriales que hoy se presentan como las más eficaces generan impactos ecológicos y biológicos altamente dañinos, ofrecen alimentos insanos y poco nutritivos y contribuyen al calentamiento global. El quinto elemento, el incremento de los gases invernadero que produce el calentamiento del planeta, actúa además como un catalizador que acelera y complica el panorama. Las sinergias y dinámicas que se desencadenan entre los cinco factores aumentan la posibilidad del colapso. El aumento de la población presiona al demandar mas energía, alimentos y agua, que bajo los actuales modelos estimulan la crisis del clima, y ésta al mismo tiempo opera limitando los recursos hídricos y los alimentos (sólo el derretimiento de los glaciares de los Himalayas provocarán el secado de los grandes ríos de China, India, Bangladesh y Pakistán, que son los que permiten generar los alimentos para unos mil millones de habitantes).

Hoy quienes conocen estas proyecciones saben que esta vez no proceden de voces alarmistas, catastróficas o apocalípticas, sino de análisis rigurosos y ponderados de miles de científicos. La ciencia, convertida en voz de alarma, en ojo previsor que nos advierte, clama por un cambio radical de rumbo, y esto implica desmontar las causas profundas que mantienen la crisis. Greta Thunberg y los 4 millones lo han comprendido y han pasado a la acción. Nuestro deber es despertar a los indiferentes. Aun siendo una minoría de minorías, debemos actuar para sensibilizar al resto, y en ello un papel fundamental lo realizan tanto el pensamiento crítico como los artistas.

La película llamada 2050 se acerca a una velocidad inesperada, y pronto estaremos ya de manera irremediable dentro de la pantalla. Nunca el futuro estuvo más incierto pero nunca también hemos estado tan cerca de poder modificarlo. Nuestro poder está en esta conciencia que la ciencia nos devela, y luego en la reacción emocional, que es tan animal como humana, frente al peligro revelado. La conciencia de especie que es planetaria y la subsecuente acción colectiva es la única que logrará salvarnos. ¡Actuemos ya!

Víctor M. Toledo (La Jornada)

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