El último adiós a Arturo Villegas, detenido desaparecido por 45 años en Penco

Eran cerca de la dos de la tarde y el cortejo avanzaba lentamente hacia el Cementerio Parroquial. Fue cuando el ulular de una sirena estremeció el ambiente y conmovió a más de alguien. La carroza se aproximaba a Fanaloza. En las afueras de la fábrica, un grupo de trabajadores tributó un fuerte aplauso a su paso.
Fue el emotivo homenaje rendido a Arturo Villegas Villagrán, ex obrero y dirigente sindical de la Fábrica Nacional de Loza, 45 años después de su detención y desaparición, el 18 de septiembre de 1973.

Buscado intensamente por su esposa, María Eliana Zárate y sus hijos, sus restos recién aparecieron por casualidad cuando en 2015, el ministro para causas de derechos humanos, Carlos Aldana, dispuso la exhumación de la tumba de Mario Avila Maldonado. Entre sus osamentas, había otras que cuatro años más tarde y luego de una serie de pericias realizadas en el extranjero, se confirmó que pertenecían a Arturo Villegas.

El sábado –y tras ser velado en el que fuera su hogar, en Maipú 512 de Penco- se realizaron sus funerales.

Una pequeña urna cubierta con una bandera del partido socialista – al cual perteneció-, un ramo de rosas blancas, su foto en blanco y negro y una bandera chilena, se destacaban frente al altar en la Parroquia de Penco.

Militantes socialistas y luego integrantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, hicieron guardia junto al ataúd por algunos minutos. Poco a poco la iglesia empezaba a llenarse de personas que quisieron acompañar a la familia en este momento doloroso, pero a la vez de paz, pues estaban cerrando un ciclo.

Ya en la misa, el párroco Carlos Peña enfatizó en que es necesaria la justicia, no solo divina, sino también terrenal. “Tenemos que saber dónde están los nuestros, los que no han vuelto a casa”, aludiendo a los detenidos desaparecidos en dictadura.

“Estamos aquí para despedir a Arturo Villegas Villagrán, un sindicalista, un hombre de familia, militante socialista, que luchó por el bien de los demás, ese es su legado”.

Terminado el oficio religioso, el cortejo se dirigió a pie hasta al cementerio de Penco. Lienzos de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y banderas del partido socialista, acompañaron a Arturo Villegas, esta vez sí a su última morada. En la carroza, su hija Estrella y más atrás, sus demás hijos, hermanos, sobrinos y nietos.

Nadie quedó indiferente cuando la ulular de la sirena le rindió un postrer homenaje cuando el cortejo pasó frente a Fanaloza, fábrica donde trabajó buena parte de sus 45 años de vida. Aplausos espontáneos brotaron de algunos vecinos que vieron pasar la romería.

En el cementerio, la pequeña urna fue trasladada hasta la calle principal de acceso, donde se realizó la ceremonia final. La voz de Víctor Jara lo recibió cantando “Te recuerdo Amanda”.

Habló primero Hilda Espinoza en representación de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, quien comentó sobre los inicios de la organización y la larga búsqueda de sus familiares: “Nuestro gran trabajo es encontrarlos. Nos dio una gran alegría cuando se confirmó la identidad de Arturo Villegas, porque eso nos da esperanza en que algún día también encontraremos al nuestro. Muchas investigaciones judiciales están inconclusas, muchos de los responsables ya no están o están encarcelados con privilegios, 45 años de espera es mucho tiempo. Ha habido una mediana justicia pero no hemos llegado a la verdad que sigue oculta, por eso decimos no al negacionismo, no neguemos más a los detenidos desaparecidos. No a la impunidad, que nos digan dónde están los detenidos desaparecidos”, dijo al finalizar sus palabras.

Emotivo fue también cuando el profesor Guillermo Vera, quien compartió prisión con Arturo Villegas, entregó su testimonio: “Arturo, tú y yo estuvimos juntos esa noche del 19 de septiembre de 1973 cuando te sacaron de la celda alrededor de las 10 de la noche. Vi cuando te subieron a una camioneta, y nunca más supe de ti hasta ahora, en que gracias a los esfuerzos de tus seres queridos se conoció lo que realmente ocurrió. Por fin descansarás en paz y los tuyos también. Ha sido una larga lucha en que la verdad se impuso; el entonces teniente José Avello y sus secuaces no descansarán jamás. Sus crímenes los perseguirán siempre”.

Las palabras finales correspondieron a Estrella Villegas Zárate, hija de Arturo, quien habló en nombre de la familia.

“Arturo fue un padre preocupado de su familia, no solo directa sino también de las familias de sus cuatro hermanos. Era cariñoso y afectivo, pero también exigente en cuanto a nuestros estudios, no quería que fuéramos como él, un obrero, sino que tuviéramos acceso a estudios superiores. El nos entregó las herramientas para enfrentar el mundo del trabajo, estimulándonos constantemente y exigiéndonos ser seres responsables y humanos”.

En la apretada reseña sobre su padre, destacó que desde pequeño fue inquieto y extrovertido. Que integró la Juventud Católica de Penco y a la edad de 16 años ingresó al Partido Socialista, donde su padre, junto a José Nova, Antonio Meza, Mario Nova y otros, organizaron y pusieron en marcha el Partido Socialista en Penco.

A los 18 años se incorporó a trabajar como obrero de la Fábrica Nacional de Loza de Penco, lugar donde también laboraba su padre y era dirigente sindical.

“Es allí, como obrero, donde inició su labor sindical, convirtiéndose en un luchador incansable por los derechos de los trabajadores. Pero su vida como dirigente sindical no fue fácil, su juventud le ayudó a sobrellevar la pesada carga de ser representante de los trabajadores”.

“A mi padre también le gustaba la lectura y las grandes conversaciones y reflexiones.
Escuchaba a los demás, se preocupaba de cómo les iba y se alegraba sinceramente de los éxitos y triunfos de sus amigos y compañeros, que en muchas oportunidades él ayudaba a conseguirles.

“En reiteradas ocasiones acompañé a mi padre a visitar familias de escasos recursos, momentos en los que conversaba con las personas, las escuchaba, y se esmeraba por tratar de solucionar sus problemas, con recursos propios o gestionados. En nuestra casa, la puerta siempre estaba abierta para aquel que necesitaba al compañero Villegas”.

“El derecho a vivir en paz” y “Todavía cantamos”, se escucharon en medio de la emoción que embargaba a familiares y amigos.

Ya eran más de las 3 de la tarde, cuando la péquela urna con los restos de Arturo Villegas ingresaba a su última morada. Sus hijos, hermanos, nietos, y sobrinos recibían con emoción las muestras de afecto de quienes los acompañaron.

En la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, había tranquilidad. El nombre de Arturo Villegas salía de la lista de desaparecidos. Uno menos a quien buscar. Una familia más que empezaba a encontrar la paz.

Por M.E.Vega TBB

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