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El otro lado de la crisis sanitaria: las mujeres privadas de libertad

por sedec

La pandemia que vivimos ha generado cambios drásticos en nuestra forma de vida. La máxima salida desde nuestro confinamiento es ir al supermercado o a la farmacia. La salida al patio (para quienes lo tienen) o al balcón para quienes viven en departamentos, se convierte en una experiencia casi religiosa.
Desgraciadamente, no todos pueden disfrutar de las cosas simples de la vida, y esta situación se agrava para quienes se encuentran privados de libertad. Las mujeres que están en un recinto penitenciario cumpliendo alguna condena están, literalmente, “a la buena de Dios”, y como las visitas están prohibidas, muchas ya no tienen elementos básicos de aseo personal, lo que sumado a la falta de compañía, las deja en una vulnerabilidad sicológica enorme.

En este sentido, la Fundación Mujer Levántate (FML) realiza un trabajo cercano con mujeres privadas de libertad, teniendo como principal propósito es lograr su reinclusión en la sociedad. Esta labor se realiza con enfoque integral, ayuda sicosocial y el apoyo de un equipo técnico, que ayudan a las reclusas, tanto dentro del recinto como al terminar su condena, para lograr su completa reinserción social.

Vasthi Hermosilla, trabajadora social y coordinadora regional de esta fundación, relata que los inicios se remontan al año 2009, cuando “una capellana llamada Nelly, que trabajaba en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, quiso ayudar a las mujeres del penal para que pudiesen reinsertarse en la sociedad una vez que salieran del recinto”.

El proyecto

Durante el año 2018, la organización sin fines de lucro World Vision se adjudicó un proyecto financiado por la Unión Europea para ayudar a las mujeres en situación de privación de libertad. Al darse cuenta que no contaban con la experiencia necesaria para llevar adelante esta tarea, decidieron unirse con la Fundación Mujer Levántate, y escogieron Chillán y Concepción para poner en marcha este proyecto: “Durante ese tiempo, no existía aún la región de Ñuble, y por un tema de cercanía, era bueno aprovechar estas dos grandes ciudades para poner en marcha este proyecto”, comenta Vasthi.

El estudio “Reinserción, desistimiento y reincidencia en mujeres privadas de libertad en Chile” (2019) hizo seguimiento a 225 mujeres que salieron del Centro Penitenciario Femenino de Santiago, a lo largo de su primer año de libertad. De acuerdo con esta investigación, encontrar trabajo es el principal desafío que tienen las mujeres al salir. Si bien el 83,8% de las mujeres encuestadas indicó que era un ítem relevante, solo el 36% había logrado una labor remunerada durante ese tiempo. De igual forma, el estudio indicó que el 89% es madre, y un 70% de ellas tiene hijos e hijas menores de 18 años, lo que genera una traba importante en el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes que son parte de un núcleo familiar donde uno de sus integrantes se encuentra recluido en un recinto penitenciario.

Las mujeres privadas de libertad durante años han sido víctimas de una sociedad que no las incluye, situación que se agudiza una vez salen de la cárrcel al ser marginadas y menospreciadas. Si a eso le sumamos que la mayoría son jefas de hogar, se genera un desorden en el núcleo familiar que puede desencadenar comportamientos problemáticos.

Campaña de ayuda

Para continuar con el acompañamiento que realizan junto a las mujeres privadas de libertad, la Fundación se adjudicó un nuevo proyecto en enero de este año, esta vez entregado íntegramente a Mujer Levántate por parte de Fundación Emmanuel.

Dentro de este contexto, crearon una campaña para recolectar artículos de aseo personal para las reclusas que carecen de ellos.

“Nuestra idea es que dejemos de ser solo un proyecto y podamos convertirnos en un programa permanente de ayuda a mujeres privadas de libertad, para así acompañarlas tanto dentro de los recintos como afuera de ellos, y que puedan reinsertarse a la vida social de la manera más normal posible”, recalcó Vasthi Hermosilla.

Es importante destacar que las mujeres, en general, han sido víctimas de una sociedad que no las toma en cuenta y que además las limita a tareas específicas. Si eso lo extrapolamos a las mujeres que se encuentran en centros penitenciarios cumpliendo alguna condena, entonces la dificultad para que se puedan reinsertar es mucho mayor.

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