El desarrollo no es gratis

Por Wilson Tapia Villalobos.-

La dicotomía es evidente. Miramos alrededor y nos sentimos diferentes. Y si agregamos otro poco de ese sentido tan chileno, hasta llegamos a creernos desarrollados. La desigualdad se mantiene en los mismos niveles desde hace algunos años. Ninguna de nuestras universidades se encuentra en lugares de privilegio en el mundo. Las cifras económicas hablan de un pasar casi estable, aunque lejos de los niveles que marcan el desarrollo. Pero todo esto ni siquiera vale como argumento de contención. Es la manera de ser la que nos lleva a sentirnos desarrollados.

Y, la verdad, aún nos falta un trecho largo. Para fijarnos sólo en un detalle, veamos la educación superior. El prestigioso Ranking de Shangai, creado hace 16 años, ubica a la Universidad de Chile en el puesto 401-500. Es la mejor calificada del país. Bastante más atrás viene la Universidad Católica. El Ranking, desde su inicio, ha sido encabezado por la Universidad de Harvard. El lugar ocupado por la U. de Chile está entre las mejores de América Latina, pero no en el primer lugar. Esta clasificación considera el número de artículos publicados en revistas de prestigio internacional, las citas de trabajos de sus investigadores y premios nobel que imparten clases en sus aulas.

La Educación es un elemento muy importante en el desarrollo, pero no el único que estructura la cultura nacional, cuya elevación es la verdadera meta a alcanzar. Puede que en el avance hacia objetivos mayores progresemos, pero es necesario tener mesura en las automediciones. Equivocaciones en tal sentido llevan a valoraciones que nos hacen presumir logros aún lejanos. En cierto sentido, es lo que está ocurriendo. Es necesario fijar la mirada en lo que es la convivencia y desde qué nivel nos adaptamos a ella. Sobre todo en un momento en que las adhesiones ciudadanas están siendo determinadas por las apariciones en televisión, más que por propuestas o programas específicos. Y, en gran medida, tales figuras son las que deberán poner aportes fundamentales para definir caminos a seguir. Entonces es justo preguntarse: ¿Cuáles?

El país en que vivimos muestra indicios que señalan un despegar. Se adentra en una nueva etapa en que surgen desafíos desconocidos. Las estructuras que se crearon en el pasado empiezan a dar muestras de agotamiento. Incluso algunas adecuaciones señalan que las soluciones no fueron las mejores o se adoptaron copiando, sin fijarse en las particularidades nuestras. En la judicatura se dan los dos casos. Los roces entre la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional son prueba de que el tiempo no pasa en vano y que el remozamiento institucional no es aspiración cosmética. Por otro lado, la actuación de fiscales no ha sido sin atropellos a la institucionalidad. En varios casos, respondiendo más a los impulsos del ego que a la responsabilidad que el cargo implica.

En el nivel cotidiano, el chileno da muestras claras de que su cultura cívica es una gran deuda. Es cuestión de observar los vertederos clandestinos, la falta de respeto por los peatones, la pugna de los automovilistas por ganar centímetros en una carrera absurda, la falta de respeto por las normas del tránsito, la segregación en las ciudades. Y a nadie extraña que una presidenta de Junta De vecinos de las Condes rechace la posibilidad de que el tren metropolitano ponga una de sus estaciones en un parque de la comuna. Su argumento: llegará la delincuencia.

Las medidas adoptadas por la autoridad para evitar accidentes viales, son ignoradas. Tan es así, que se colocarán telerradares para tratar de, a lo menos, aplicar sanciones, al parecer la única manera eficiente de imponer un proceder adecuado a las normas del tránsito. Con el sistema actual de fiscalización humana, sólo tres de cada diez mil excesos de velocidad son detectados. Y esta es una de las principales causas de accidentes viales con resultados fatales (28% del total, en 2018).

Es evidente que el momento que vivimos nos sorprende de distintas maneras. Es lo que impone el ajuste necesario para asumir una nueva etapa. No hemos llegado al desarrollo. Estamos aún lejos de él, pero enfrentamos todos los desafíos que trae una etapa en que las necesidades cambian y las aspiraciones también.

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