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El caso chileno

por Patricio Rivera

Por Samuel Jiménez

Los años duros de los 70, permitieron que en los 80, particularmente en 1981, se hicieran modificaciones laborales importantes que limitaron al movimiento sindical y abrieron espacios a las grandes empresas.

Se crean las AFP, un viaje sin aparente punto de retorno para los trabajadores, en las que sus dineros son administrados e invertidos por empresas y personas que resultan desconocidas para la generalidad pero que asumen la responsabilidad de definir el destino de las mayorías. Los ajustes propuestos por los europeos, se hacen en Chile desde hace 30 años, sin que sea una noticia nacional, las cartolas simplemente informan los montos del resultado de operaciones, que han significado pérdidas importantes.

El sistema financiero pasa del proceso de privatización, en las que el Estado, trasnfiere a precio “conveniente” sus empresas a privados, lo mismo que se le exige a los griegos ahora y la banca es rescatada por el Estado para transformarse hasta ahora en articulador y motor de la economía nacional.El endeudamiento interno es su dato relevante y legal.

El sistema educacional se transforma en “la industria más importante en Chile”. Se crea la figura de los “sostenedores” que son terceros que reciben dinero del Estado para financiar procesos educativos, con poco control, baja calidad y casual relación con el mundo laboral, al mismo tiempo que se genera una “competencia” que daña la educación pública de antes y en particular a universidades que tenían prestigio y reconocimiento nacional e internacional.

El caso chileno empieza a evidenciar sus fallas estructurales, similares a las que afectan a USA y Europa.

Pretender que es posible esperar a que los movimientos sociales se debiliten, es tan posible como que los grupos de control acepten su error y abran vías de rectificación de sus propios abusos.

Otro escenario posible, es que las contradicciones se agudicen y que la mayoría social logre darse cuenta que no es un problema de “derechas o izquierdas”, sino de abusos que afectan a todos por igual y que permiten la masificación de sus demandas.

Finalmente, un factor importante, son las demandas territoriales, no estudiadas ni analizadas por la comunidad, la regionalización implementada en 1974 por Pinochet, tiene a más de un Aysén en cada región.

Bien puede, a la luz de los datos referidos que tengamos en el laboratorio neoliberal,”un invierno chileno” con una clase media endeudada por el costo del acceso a la vivienda, la educación, la salud y hasta del consumo de alimentos básicos adquiridos por la “libreta del antiguo fiado”, que hoy tiene la forma de tarjeta de crédito.

La ganancia justa, el trabajo recocido y valorado, la elección de un nuevo congreso que permita revisar leyes, tratados y acuerdos comerciales que interpreten a la mayoría social será para del mínimo necesario para el Chile solidario que nos hace falta.

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