EL BANCO DE HIERRO Y SU INFLUENCIA SOBRE LOS SIETE REINOS

Por Bernardo Fuentealba/Bioquímico

En la cúpula del poder económico existe una “figura” a modo de resquicio, que pretende apropiarse de todo aquello que pueda incrementar su acumulación de riqueza y que no es otra cosa que un robo encubierto por la legalidad asociada a dicha “figura”. La creación de estas figuras legales, para robar(te), nacen en el seno de grupos o asociaciones de grupos constituidos con humanos altamente ambiciosos y sin escrúpulos que amparándose en lo legal ejecutan sus robos sin pagar con cárcel.

La explosiva creatividad innovadora con base científica y tecnológica que emana por todo el planeta en estos tiempos desde sujetos comunes y corrientes con ideas innovadoras y brillantes, de la mano con el acelerado desarrollo y expansión de la investigación básica y un acceso a la información y al conocimiento, amplio, inmediato y mundial del que disponemos hoy, es lo que ha permitido esta explosividad a la creación, innovaciones y descubrimientos científicos en todas sus áreas. Muchas de estas ideas y productos innovadores tienen el potencial de generar altos impactos económicos y sociales, por lo que son un objeto deseado por los grupos económicos.

Estas figuras de resquicios legales pueden ser útiles también para proteger sus intereses  transnacionalmente más allá de las leyes y reglas propias de cada país.

La “figura” es una herramienta funcional para aprovechadores en busca de la riqueza fácil, sin trabajar, sin pensar, sin crear y por sobre todo sin pagar con cárcel sus robos. No tiene límites, puede afectar a personas individualmente, robando sus productos, objetos, propiedades, inventos innovadores hasta una idea y descubrimientos tecnológicos y científicos, como también puede afectar a un país completo, desde el control de sus recursos y comercio hasta el sometimiento de la nación a leyes y arbitrajes por sobre sus propias reglas. Es una “pillería”, un subterfugio para satisfacer su ambición. Sin embargo, requiere de un sustento legal para su aplicación, como por ejemplo un Tratado, un Acuerdo, una ley (trucha). Sin esta contraparte legal la figura no tiene viabilidad ni utilidad para los intereses de sus gestores.

¿Es el TPP-11 una de estas figuras?

La duda se instala a partir de tres hechos claves en el desarrollo del acuerdo inicial, conocido como TPP.

Primero, el tratado se ha discutido en secreto, las 20 mesas de trabajo se han desarrollado entre 4 paredes. No han sido públicas, generando una desconfianza sobre sus propósitos. Lo que se conoce de él es resultado de documentos liberados por WikiLeaks el 2013, sobre el capítulo de Propiedad Intelectual del tratado. No existe explicación válida alguna que justifique este secretismo, más aún si su ámbito de aplicación está dirigida sobre nosotros mismos, afectando nuestras vidas (positiva o negativamente) y nuestro futuro. Excluir de dichos acuerdos a quienes precisamente son los afectados es lo que siembra la primera y justificada sospecha de que aquí hay algo raro. Los chilenos tenemos experiencia de estas formas de proceder: el sistema previsional de las AFP fue decidido bajo cuatro paredes sin consultarnos, a pesar que los involucrados directos éramos nosotros, los ciudadanos.

Segundo, el TPP viene a superponerse a un tratado transpacífico de libre comercio, Pacific Three Closer Economic Partnership (P3-CEP), acordado por tres naciones relativamente pequeñas pero con economías abiertas y dinámicas: Chile, Nueva Zelanda y Singapur, en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) realizada el año 2002. Acuerdo firmado el 2005, y que buscaba la reducción total de los aranceles comerciales. Este tratado incluía una cláusula que promovía la incorporación de otras economías, sin embargo, no tuvo adherencia alguna por otras naciones. Luego estos países se incorporan al TPP que ya contaba con 8 miembros. ¿Por qué los miembros de este tratado P3-CEP se incorporan en conjunto al TPP? ¿Alguien sabe quién tomó esa decisión en nuestro país?

Tercero, tras el retiro de EEUU, son 11 los países miembros de este tratado, cada uno con sus propios grupos económicos. Estos grupos económicos tienen sus propias redes, políticas y no políticas, desplegadas en los poderes del Estado del país al cual pertenecen, ejerciendo su influencia para obtener beneficios y proteger sus intereses. A su vez, los grupos económicos de cada país no son independientes del poder económico mundial y se constituyen asociativamente en grandes consorcios transnacionales. El poder económico de los consorcios, son la elite de la pirámide de riqueza mundial y en rigor no necesitan de un socio ni la venia de nadie para instalar sus industrias y empresas en los países que ellos decidan de acuerdo a sus conveniencias. Lo cierto es que su presencia física, a través de sus filiales, incluye un componente político de influencia en cualquier país donde estén presentes. Este poder y la capacidad de influir en los gobiernos, se traducirá en algún momento de la historia humana en que mediante una acción concertada, grupos económicos de un consorcio transnacional, podrán constituir mayorías dentro de tratados multipaíses, poner agentes de su confianza en todas las mesas de trabajo provenientes de distintos países miembros pero con un mismo objetivo, lograr acuerdos previamente definidos por ellos para beneficio de sus intereses particulares y será el escenario ideal para darle sustento legal a cualquier tipo de “figura” que incremente su riqueza a costa de lo que sea; transformarán un tratado de interés para las naciones y sus ciudadanos en un tratado para un Consorcio como beneficiario. Tendrá la capacidad de control absoluto. Definir mecanismos y procedimientos de trabajo (que los trabajos y acuerdos sean secretos y no públicos). Implementar resquicios legales para apropiarse de lo que no es suyo. Imponer los quórum mínimos para aprobar los acuerdos a su conveniencia, asegurando un tratado funcional a sus intereses (el tratado ya acordó que sólo basta la aprobación por seis países de un total de doce miembros para que el tratado sea aplicado y ejecutado en todos los países miembros).

Más allá de la semilla, los productos innovadores, el conocimiento científico, la biotecnología, la creación artística y cultural, la genética y la libertad y soberanía de una nación, estos hechos y los datos reales y conocidos, que siembran la duda sobre el TPP-11, están indicando claramente la posibilidad cierta de la existencia de un grupo concertado, defendiendo intereses particulares.

Recabar los antecedentes de los grupos económicos presentes en cada uno de los países miembros y estudiar minuciosamente cómo se interrelacionan transnacionalmente junto a determinar su capacidad de influencia en cada nación, es un trabajo para una prensa investigativa o para el desarrollo de una tesis de post-grado, donde habrá que responder entre otras cosas cuál es el papel de las AFP’s y los consorcios a los cuales pertenecen.

El TPP-11 (Comprehensive and Progressive Agreement for Trans-Pacific Partnership, CPTPP o TPP-11), tiene su origen en el TPP (Trans-Pacific Partnership) nacido el año 2008, con la participación de 12 países de la zona Asia-Pacífico, incluido EE.UU quien se retiró el año 2017. El conjunto de países miembros del TPP, para el año 2012, representaba casi el 40% del PIB mundial. Es un dato que no pasa desapercibido para los consorcios económicos que deben su existencia a la capacidad de acumular y concentrar las riquezas producidas en el mundo con una economía de libre mercado. Y resulta interesante que dentro de sus veinte mesas de trabajo, ocho son de áreas relacionadas directa o indirectamente con la biotecnología y la genética.

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