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El asalto al Capitolio y su relación con la conspiración de la CIA contra Allende

by sedec

“Con este lamentable episodio, Estados Unidos padece lo mismo que han generado en otros países con sus políticas de agresión”, remarcó el 6 de enero el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela en un comunicado. Era una de las primeras reacciones de un gobierno ante la toma del Capitolio por centenares de ultraderechistas fanáticos seguidores de Donald Trump.

Lo que estaba pasando en Washington en esas horas era un intento de golpe aun cuando el mismo presidente electo había preferido denominar el asalto al capitolio como una insurrección; algunos medios le han llamado la insurrección de los cosplayers. Con el paso de los días y la emergencia de más informaciones, han aparecido más antecedentes que refuerzan la idea de un golpe frustrado. Una estrategia elaboraba durante meses para impedir que Biden asuma la presidencia de Estados Unidos.

La frase del gobierno de Nicolás Maduro resume con claridad palmaria lo que posiblemente pensaban millones en todo el mundo y de forma especial en América Latina. La agudeza de los venezolanos expresa también la amarga y difícil experiencia de luchar diariamente con las intimidaciones directas e indirectas de Washington junto con las presiones y maquinaciones de las agencias y servicios secretos.

No solo los venezolanos demostraron esta precisión en el análisis. En Estados Unidos en las redes se hablaba de golpe y el meme más repetido no estaba errado: por razones de confinamiento y dificultades de salir al exterior, este año hemos tenido que dar el golpe en casa. Estados Unidos, una república bananera escribía en twitter un congresista.

La estrategia golpista, bien armada pero finalmente fallida, tuvo dos fases más o menos simultáneas. Una por el carril institucional político y la otra decididamente por la fuerza. La primera contaba con el rechazo de congresistas republicanos del resultado electoral al aludir al fraude levantado de manera persistente por el presidente en funciones y perdedor en la reelección Donald Trump, argumento que debía sostener también durante la sesión del 6 de enero el vicepresidente Mike Pence. Pese a las presiones de Trump y sus seguidores, ni Pence ni los congresistas republicanos descalificaron el resultado electoral.

En otro carril, casi simultáneamente, corría la estrategia violenta. A medida que pasan los días queda cada vez más claro que el episodio del 6 de enero fue un autogolpe incitado por el presidente Trump y oficiales de las fuerzas armadas, la policía y los servicios secretos. El plan no consistía en tomarse selfies en las oficinas de los congresistas sino en una operación mucho mayor.

Décadas atrás un libreto muy parecido tampoco tuvo éxito en Chile tras el triunfo de Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970. Desde entonces se han abierto los registros de aquel intento de golpe de estado para evitar que Allende asuma la presidencia con la evidencia de la participación de la embajada de Estados Unidos en Chile y el financiamiento de la CIA a agentes locales conspiradores.

Track I

El golpe institucional se llamó Gambito de Frei. Como la diferencia de votos entre Allende y el conservador Jorge Alessandri era de solo 40 mil votos, la constitución de 1925 facultaba al Congreso a ratificar al ganador o, inusualmente, a decidir por uno u otro. El gambito elaborado por la CIA consistía en una votación mayoritaria determinada por los parlamentarios de la Democracia Cristiana en favor de Alessandri. Hoy se sabe que la embajada estadounidense en Santiago disponía de 250 mil USD para corromper parlamentarios. Posteriormente, el plan preveía que Alessandri renunciaría para dar paso a nuevas elecciones con la candidatura de Frei apoyada nuevamente por la derecha.

Con motivo del 50 aniversario de la toma de posesión de Salvador Allende, el Archivo de Seguridad Nacional publicó una colección de documentos que brindan un registro detallado de cómo y por qué el presidente Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, establecieron y siguieron una política de desestabilización en Chile: operaciones que “crearon las mejores condiciones posibles”, como dijo más tarde Kissinger, para el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 que llevó al poder al general Augusto Pinochet.

Las deliberaciones y decisiones detalladas que contienen aclaran las tergiversaciones de los ex actores políticos a lo largo de los años, Kissinger entre ellos, de la verdadera intención de la postura de la administración Nixon hacia el gobierno de Allende. Medio siglo después de la inauguración, según el analista del Archivo sobre Chile, Peter Kornbluh, “estos documentos registran el propósito deliberado de los funcionarios estadounidenses de socavar la capacidad de gobernar de Salvador Allende y ‘derribarlo’ para que no pudiera establecer un modelo exitoso y atractivo para el cambio estructural que otros países podrían imitar”.

El gambito contaba con la participación estelar de Eduardo Frei Montalva, el presidente saliente. El historiador Jorge Magasich afirma que el ministro de Defensa de entonces le dijo en septiembre de 1970 al embajador Edward Korry que Frei estaba con la fórmula del gambito junto con todo su gabinete con la excepción de dos ministros. El plan golpista desde el Congreso estaba en marcha con el respaldo entusiasta de Frei.

El plan era generar con la ayuda de la CIA un clima de caos para convencer a la mayoría demócrata cristiana en el Congreso una votación a favor de Alessandri. A poco andar, el conservador renuncia y se llama a elecciones con la candidatura de Frei. Como el plan es demasiado torpe, los conspiradores no logran el apoyo de la mayoría de los parlamentarios DC. El plan se suspende y Nixon prepara un golpe.

Track II

El atentado al general René Schneider, comandante en jefe del Ejército, tuvo lugar el 22 de octubre, dos días antes de la votación en el Congreso. Al haber considerado fracasada la estrategia institucional en el Congreso, estaba en marcha la violenta, que en un primer momento se estimó un éxito, como lo hizo saber el jefe de la CIA en Santiago en un informe triunfalista enviado a Washington en cuanto oficiales golpistas tomarían en control inmediato del país.

el 4 de noviembre de 1970 asume la presidencia salvador Allende

Pero el plan se derrumba a las pocas horas. El atentado ha conmovido a todo el país y los conspirados se resisten a continuar con el plan previendo una tremenda reacción popular. El 24 de octubre el Congreso vota por amplia mayoría la ratificación de Salvador Allende. El 25 muere el general Schneider. El complot se cae y Allende asume la presidencia el 4 de noviembre.

Un mismo libreto en Estados Unidos

Las similitudes con la toma del Capitolio en Washington con los intentos de golpes en Chile en 1970 son evidentes, lo que respondería a un libreto, un diseño conocido. No fue algo espontáneo, sino una estrategia preparada para ejecutarse también en dos frentes. Las denuncias de fraude electoral levantadas por el presidente Trump las comenzó durante la elección, incluso antes cuando las encuestas le jugaban en contra, y no se detuvieron pese a la contundencia de los resultados. Para quienes han seguido desde cerca la política estadounidense, los eventos de enero no deben sorprender a nadie. En uno de sus últimos tweet advertía de algo “salvaje” para el 6 de enero, amenaza que sin duda cumplió.

Durante los primeros días de enero se filtró una conversación entre Trump y el secretario electoral de Georgia; el presidente extorsionaba al alto funcionario para que torciera la elección estatal a su favor. El plan completo incluía a su vicepresidente Mike Pence para la descalificación de los resultados en la sesión del Congreso. Trump presionó a Pence para que usara poderes que en realidad no tenía y volcara la elección a su lado.

El plan de Trump para cambiar el resultado de la elección a través de trampas en el Congreso tiene una larga historia en otras latitudes y se acerca, o cae decididamente, en la categoría de los fascismos. Un autogolpe para derribar gran parte de la institucionalidad electoral y política.

De forma simultánea el mismo miércoles 6 se puso en marcha la estrategia violenta, con el ingreso de centenares de seguidores de Trump de ultraderecha al Capitolio. Una acción que estaba anunciada y que con el paso de los días estuvo también organizada desde dentro. Aquel mismo día comenzaron a circular selfies de policías con los manifestantes al interior del Capitolio y videos que habían registrado a los guardias que les abrieron las puertas. La televisión mostraba a policías caminando junto a los intrusos por las escaleras del congreso y sólo horas más tarde los invitaban a salir.

Hasta el momento hay más preguntas que respuestas, pero todo apunta a una conspiración. ¿Por qué la policía del Capitolio no estaba tan preparada para lo que se les advirtió con insistencia? ¿Por qué el Pentágono retrasó la aprobación de un despliegue de la Guardia Nacional, como han acusado el gobernador de Maryland, Larry Hogan, y el exjefe de la Policía del Capitolio? ¿Fueron cómplices de los hechos miembros de la Policía del Capitolio y, de ser así, en qué medida? ¿Hubo legisladores involucrados en algún complot?

FILE – In this Aug. 2, 2018, file photo, David Reinert holding a Q sign waits in line with others to enter a campaign rally with President Donald Trump in Wilkes-Barre, Pa. A far-right conspiracy theory forged in a dark corner of the internet is creeping into the mainstream political arena. It’s called QAnon, and it centers on the baseless belief that President Donald Trump is waging a secret campaign against enemies in the “deep state.” (AP Photo/Matt Rourke, File)

El FBI ha estado investigando durante años la infiltración de supremacistas blancos en la policía en cuanto un número considerable de agentes tienen opiniones de extrema derecha,, incluida la creencia en la conspiración QAnon; que han colaborado habitualmente con manifestantes y activistas de extrema derecha; y que varios de los que ocupaban puestos de liderazgo apoyaron el motín de la semana.

El fallido golpe fascista se puede leer en algunos medios de izquierda estadounidenses. Un golpe liderado por el mismo presidente Trump. Pero no solo en la izquierda. Su persistente denuncia de fraude electoral sin contar con evidencias solo podía levantar las iras de sus seguidores. Y ha sido un milagro que solo cinco personas, y no decenas, murieron el 6 de enero. La idea detrás del ataque fue ciertamente crear suficiente caos para justificar que Trump invoque la Ley de Insurrección, declare la ley marcial y cancele la inauguración de Biden. La historia tiene hechos similares, como el incendio del Reichstag en 1933.

Queda por ver hasta dónde llegó la planificación de este fallido golpe. En Chile, la conspiración duró tres años. En Estados Unidos es muy probable que siga en marcha.

Por Paul Walder/ El Clarin.cl

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