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Educación para tiempos de crisis

por rdresdner

Mediapinta / Escrito por Gonzalo Hernández S.

La Universidad Abierta Luis Emilio Recabarren es un proyecto académico alternativo que ofrece educación popular gratuita desde el año 2009. Conversamos con su secretario de docencia, Horacio Lira, y con Raúl Clerc, profesor de sociología, quienes nos contaron los fundamentos y objetivos de este proyecto, sus planes de estudio, las dificultades formativas y legales que han tenido para su desarrollo, además de repasar las condiciones en que se encuentra la educación y la cultura en el Chile actual.

Se dice que los márgenes son lugares de privilegio para pensar lo que ocurre en el centro de cada cultura. Desde esta perspectiva, los espacios alternativos, o laterales, son sitios que cuentan con ópticas muchas veces veladas para aquellos que operan desde las instituciones formalmente constituidas y asentadas en sociedad. Precisamente por esa ignorancia de lo que sucede en los costados es que dichos centros, muchas veces, no encuentran salidas claras a las crisis que los aquejan, perdiéndose en discusiones autorreferentes que se limitan a reproducir la misma problemática una y otra vez. Universidad Abierta es uno de esos espacios que permiten distinguir ciertos aspectos de un problema complejo y sin solución definida a corto plazo, como lo es la educación, y más ampliamente su directa influencia en nuestra cultura.

Orígenes y Objetivos

El proyecto de Universidad Abierta nace aproximadamente en mayo de 2009, que es cuando comienzan a impartir sus primeras clases. Su propuesta llama la atención por su singularidad: ofrecen educación popular a todos quienes estén interesados en recibirla de forma gratuita. Sus docentes no cobran por las clases que imparten, en espacios organizados libremente para estos efectos. La orientación ideológica y política está determinada por una línea de contenidos clara y rigurosa, aunque no es una exigencia formal ser militante de un movimiento específico para acceder a ella.

Horacio Lira, Secretario de Docencia, nos detalla los fundamentos de este proyecto: “Universidad Abierta es una organización sin intereses de lucro. No le paga a nadie por realizar sus actividades académicas, y su principal función es contribuir al proceso de afianzamiento de un sujeto crítico de la realidad imperante, que ojala también partícipe de las situaciones político-sociales que se producen día a día, aunque eso último no es una exigencia estricta. Nuestra idea es que los conocimientos que aquí se entregan contribuyan a la formación integral de personas capaces de situarse en el diálogo ideológico, con una posición firme y bien argumentada. Se trata entonces de brindar elementos de juicio de carácter histórico, filosófico, económico, entre otros, lo más sólidos posibles”.

No es una tarea fácil, nos advierte Lira. “Las personas que llegan a estudiar aquí muchas veces lo hacen con importantes vacíos de formación académica. Hay gente que se sienta a leer un texto de una complejidad no demasiado alta y no comprende lo que lee. A veces esto ocurre por una razón bastante pedestre, como por ejemplo no respetar puntos y comas, lo que hace que una idea se vaya juntando con otra, y luego con otra, y de esa manera el hilo discursivo termina convertido en un galimatías. Eso, en Chile, es mucho más corriente de lo que uno piensa.”.

A pesar de que aún no cuentan con un reconocimiento legal formal, están en proceso de constituirse como corporación educativa y cuentan con un esqueleto académico como cualquier otra universidad. “Tenemos una estructura orgánica interna que es un Secretariado Académico responsable del funcionamiento de ciertas áreas.”, explica Lira. “Hay una Secretaría General que la encabeza, y luego otras cuatro que son Docencia, Investigación y Publicaciones, Extensión, Finanzas.”.

Raúl Clerc se autodefine como un “modesto licenciado en sociología”, imparte clases de dicha disciplina en el mismo recinto y nos aporta un matiz que ilustra la rigurosidad con la que trabajan: “Con muchas dificultades estamos intentando formalizarnos como corporación y de ese modo legalizarnos de mejor forma. Hasta el momento, lo que para nosotros es intransable es el tema del no pago. Así como no percibimos honorarios, no transamos tampoco con la gratuidad para nuestros alumnos. El sistema te permite ciertos interstiticios por donde meterte. Por ejemplo para constituirte como corporación, donde te piden un funcionamiento con permanencia en el tiempo, lo que también es un incentivo para nosotros. Esto no es una chacota.”.

Cuentan, asimismo, con una malla curricular definida. “En nuestro caso”, nos dice Clerc, “hemos decidido introducir un semestre propedéutico, o de contenidos preliminares. A diferencia de otras universidades, queremos hacer una malla curricular con sentido, con ramos que se conectan unos con otros y que derivan en salidas a áreas concretas; lo que tradicionalmente se ha llamado bachillerato en ciencias sociales.”. Esta área previa de contenidos se caracteriza por la enseñanza de idiomas: además del inglés y el francés, lenguas instrumentales que sirven para la lectura de textos no traducidos al castellano, se enseñan las bases gramaticales del griego y el latin, el ruso, el quechua, y hasta el japonés. Esto va más allá de una mera excentricidad, según nos explica Lira: “Con esto no se busca lograr que la gente hable fluidamente todos estos idiomas en poco tiempo, sino más bien confrontar las concepciones gramaticales de nuestra lengua materna con otras distintas, cosa de ir descubriendo otras lógicas con las que abordar la función lingüística.”. Y ejemplifica: “Siempre les digo a los estudiantes: “¿Ustedes creen que Marx hablaba diez o doce idiomas por el puro gusto de leer El Quijote en castellano?” Fue uno de los gustos que se dio, ciertamente, pero no era sólo para eso. Una parte importante de la alienación que ha sufrido este pueblo, y que se manifiesta en el afán por la farándula, la crónica roja, etcétera, tiene que ver con haber perdido la perspectiva de lo importante que es contar con una cultura sólida para ejercer poder político y social.”.

Generación Perdida

Que la calidad de nuestra educación es deficiente ha pasado a ser un lugar común en el último tiempo. Pero el modo en que esto impacta diariamente en nuestra cultura es un problema profundo y que produce múltiples efectos de paralización en la estructura de lo social. Al educar a un público preferentemente popular, masivamente alejado de los canales de acceso a la cultura, los docentes de Universidad Abierta se enfrentan constantemente a esta realidad.

“Hoy existe un segmento etario, menor de treinta años, que está francamente pauperizado, y de manera masiva, en términos culturales”, diagnostica Lira. “Por otra parte, el ingreso a las universidades se ha hecho relativamente fácil en términos de las exigencias académicas; como resultado, tenemos universidades que, salvo excepciones, están formando gentes con vacíos formativos gigantescos, lo que evidentemente repercute de manera social. Eso ocurre hasta en las universidades tradicionales.”

Raúl Clerc matiza con un rasgo que advierte desde el movimiento estudiantil: “Yo tengo mis dudas al respecto. Los últimos dos años hemos tenido como protagonistas a una generación de estudiantes secundarios que evidentemente es hija de esa ley. Ellos lograron generar conocimiento con lo que les daba el colegio. Yo me sorprendí mucho el año pasado viendo a protagonistas del movimiento secundario cuyo nivel de reflexión era notablemente alto.” ¿Cómo analizar esa paradoja? Evidentemente, buena parte de ese fenómeno lo explica el auge de Internet y la posibilidad del libre acceso a distintas formas de conocimiento, pero el tema no se agota ahí. “Te enfrentas a una situación muy rara.”, resume Clerc. “O asumes que hay varias generaciones perdidas, o no se sabe qué diablos hacer con eso.”

Más grave aún es el efecto de este fenómeno en los procesos educativos, es decir, en la reproducción del saber. Muchos profesores que hoy imparten clases lo hacen desde la misma carencia formativa (o una peor) que la que acarrean las nuevas generaciones. “Yo estudié en la Universidad de Chile”, nos relata Lira, “y te puedo decir que un porcentaje importante de ex compañeros míos son personas que no califican para licenciados en filosofía, y sin embargo ejercen como tales. Es un efecto sumamente perverso y se reproduce de manera exponencial, puesto que esos profesores de formación deficiente vuelven después a transmitir esa misma ignorancia.”.

Hegemonía Cultural

Ni la educación ni la cultura son cosas neutras en términos políticos, como ciertos tecnócratas y personeros de gobierno nos quisieran hacer creer. Este detrimento en la educación, cuyos efectos en la cultura local son sumamente graves, tiene un origen histórico preciso para los docentes de Universidad Abierta: la dictadura de Augusto Pinochet. Un modelo educativo forjado bajo su alero y que luego se perfeccionó y profundizó durante los gobiernos de la Concertación.

“En los años ochenta”, relata Raúl Clerc, “cuando aún existía el Instituto Profesional Blas Cañas (hoy Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez), los profesores enseñaban la historia de la modernidad, o de la Primera Guerra Mundial, recurriendo al Icarito. Eso, que es algo muy perverso, fue una idea que tuvo el gobierno militar. El Ministerio de Educación de pronto decidió que tú como docente no necesitabas saber mucho más de lo que ibas a enseñar, y eso generó profesores lamentables que hasta hoy están haciendo clases.”.

Y así como las decisiones educativas instauradas en aquella época respondían a una planificación política concreta, así también se puede pensar una posible salida al actual escenario desde una praxis que rescate el valor universal de las ideas. En opinión de Horacio Lira, es de suma importancia recatar un concepto como el de “Hegemonía”, del filósofo italiano Antonio Gramsci, para reconstruir una idea de revolución desde la práctica cultural. “El papel que le cabe a la cultura en este proceso tiene una tremenda relevancia”, subraya, “no rechazamos en principio el combate callejero ni la pelea de los movimientos sociales, pero sí pensamos que lo prioritario, hoy en día, para reconstruir una hegemonía de carácter popular, es la cultura y la educación. Y con lo que nos encontramos a diario es con un pueblo muy mal preparado en ese sentido.”

Raúl Clerc nos aporta una información histórica relevante que bien sirve, al mismo tiempo, como declaración de principios: “A principios del siglo pasado, o fines del XIX, Luis Emilio Recabarren tiene una discusión respecto al tema de pedirle al Estado. Hay una diferencia entre pedir al Estado la educación pública que queremos, o bien darnos, nosotros mismos, la educación que queremos, y luego exigir al Estado que la reconozca.” Y añade Lira: “Fidel Castro dijo, hace unos ocho años, que la batalla en este momento no está en el campo militar, sino en el terreno de las ideas. Fue en su momento una crítica velada a las FARC, cuando Tiro Fijo aún estaba vivo, pero resume a mi juicio el estado universal de la cuestión revolucionaria en esta época. Nosotros tratamos de estar en sintonía con ese camino.”.

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