Diez años de cambios en Brasil y Bolivia en la vida de una costurera migrante

Nancy Salva es una de los 350 mil migrantes bolivianos que viven en Brasil – Créditos: Foto: José Eduardo Bernardes/Brasil de Fato

Nancy viaja en autobús de São Paulo a La Paz en la semana de elecciones presidenciales en su país. Por Daniel Giovanaz.-

La costurera boliviana Nancy Salva camina por la Avenida Paulista. Se detiene en frente a una tienda de marca de lujo. Uno de los vestidos en el escaparate le suena familiar. Pronto se da cuenta: fue ella quien confeccionó la pieza. Pero se sorprende aún más al mirar la etiqueta. El precio de venta es R$ 400,00 [aproximadamente US$ 96], cincuenta veces más de lo que ha recibido por su trabajo.

Nancy vive en São Paulo con su hijo Raí, de 17 años, desde hace una década. El momento sencillo en una de las principales avenidas de la ciudad ha cambiado para siempre su forma de ver el propio trabajo. A una semana de las elecciones presidenciales en su país natal, que tendrán lugar el próximo 20 de octubre, la costurera de 43 años es un retrato de las transformaciones sociales en Brasil y Bolivia en las últimas décadas.

El último domingo (13) Nancy tomó el autobús a su tierra natal con llegada estimada para este martes (15), cinco días antes de las elecciones generales. Ella no puede votar en São Paulo porque estaba en Bolivia cuando cerró el plazo de empadronamiento en el consulado boliviano.

Pasado

La familia de Nancy vive en una comunidad rural ubicada al noreste de la capital boliviana, La Paz. Antes de 2008 no había agua canalizada en el local ni tampoco energía eléctrica y precario acceso a servicios básicos. En la zona urbana, se prohibía a los indígenas ocupar ciertos puestos de trabajo y se veía la miseria en cada esquina.

La costurera cuenta que salió a las calles para protestar contra el entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003), que renunció después de 14 meses de mandato en medio a intensas movilizaciones, conocido por la entrega de los recursos naturales a los países extranjeros. Para los manifestantes, Evo Morales, entonces líder cocalero – que quedó en segunda posición en las elecciones presidenciales de 2002 – era la esperanza de días mejores. En la contienda siguiente, en 2005, el político indígena se consagró como presidente.

Hoy en la comunidad donde familiares de Nancy viven hay agua canalizada, las casas son iluminadas y el internet reemplazó la radio San Gabriel – con programación en los idiomas aymara y quechua – como fuente prioritaria de información.

El acceso a internet por banda ancha y a servicios de mensajería como WhatsApp impactó en el apoyo de la comunidad a Morales. Bolivia tiene cerca de 11 millones de habitantes y más de 10 millones de puntos de conexión de internet móvil o fijo, un escenario que abre camino para la difusión de noticias falsas, lo que ha cambiado la campaña presidencial de este año.

“Hace dos años estuve en Bolivia por tres meses. Dos meses enteros yo estuve en la zona rural y en las reuniones que tuvimos había muchos líderes jóvenes que pensaban de modo distinto: ‘Si Morales sigue en el gobierno, vamos a tener el mismo futuro que Venezuela’”. La costurera recuerda escuchar lo mismo discurso en Brasil durante las elecciones presidenciales de 2018. De los 6,9 millones ciudadanos aptos para votar en Bolivia, casi 3 millones son jóvenes de 18 a 25 años.

Nancy cambió de país por diversas razones. Además de la violencia doméstica y de los bajos sueldos en Bolivia, ella soñaba conocer los paisajes que veía en la tele. “Yo tenía ganas de conocer Brasil porque veía telenovelas brasileñas en Bolivia y Rio de Janeiro era muy bonito”.

Después de terminar la enseñanza media y técnica y graduarse en estadística, Nancy trabajó en una agencia de investigaciones socioeconómicas. Durante nueve meses, antes de emigrar, trabajó en una empresa del sector exportador para puertos de Chile y Perú – Bolivia no tiene acceso al mar. Cuando un hermano de su amiga sugirió la posibilidad de trabajar en un taller de costura en Brasil [oficina de costura en portugués], ni siquiera pensó que se tratara de un trabajo manual.

La primera sorpresa llegó así que cruzó la frontera en el municipio de Corumbá (MS). Toda la plata que había economizado en Bolivia, tras el cambio de moneda, le resultó en R$ 10,00 [US$ 2,50]. “No he comido en el trayecto hasta que llegué acá [São Paulo]. La plata no daba para el almuerzo”.

Las transformaciones que los dos países sufrieron en el periodo se reflejan hasta hoy en el cambio. De 2005 a 2018 el Producto Interno Bruto (PIB) boliviano creció por encima del 4%. En ese período, Brasil fortaleció su moneda y alcanzó un crecimiento del 7,5% en 2010, pero la recesión de los últimos tres años hizo con que el dólar volviera a subir a un patamar superior a R$ 4,00.

“Un real era casi tres bolivianos. Compensaba trabajar y enviar dinero a Bolivia. Hasta el dolar tenía un buen precio”, cuenta. “Cuando Dilma era presidenta, un real era 2,70 bolivianos. Después de la asunción de Temer, cayó para dos bolivianos. Ahora un real es 1,60 bolivianos”.

La llegada de Nancy a São Paulo también fue traumática. El responsable por el taller la acompañó desde la estación de autobuses a Bom Retiro, en la zona oeste de la ciudad, y le presentó su nueva habitación: un baño fuera de servicio con una cama donde solía estar el inodoro. “Aquí vas a dormir”. Al cruzar un pasillo estrecho, se llegaba a su local de trabajo – un garaje remodelado. “Cuando llegué allí, había cuatro personas solteras y seis parejas. Había niños también…fue difícil para mí”. Todos eran bolivianos.

La jornada laboral de Nancy empezaba a las 7 de la mañana y terminaba a las 10 de la noche, con breves pausas para comer, con un sueldo mensual de R$ 300,00 [ aproximadamente US$ 72]. Un año más tarde liquidó su deuda con el empleador, referentes al billete de viaje y a alimentación, y pasó a ganar por producción. De esa forma, consiguió regularizar sus papeles.

Se estima que cerca de 350 bolivianos viven en el país, entre ellos solo 20 mil son regulares.

Presente

Desde que llegó a Brasil, Nancy volvió solo dos veces a su ciudad de origen, El ato, segunda ciudad más populosa del país, en el departamento de La Paz. Hoy vive en el barrio Casa Verde, en la zona norte de São Paulo, y trabaja por cuenta propia. Aunque su jornada laboral no sea definida por un empleador, ella trabaja “casi lo mismo que antes” para pagar sus cuentas – su cuantía varía de acuerdo con la producción. Ella produce en promedio cien piezas a cada tres días.

Antes del episodio en la Avenida Paulista, la convivencia con otras mujeres bolivianas migrantes ha contribuido para que se volviera más crítica políticamente. Al asistir a una charla organizada por la Asociación Brasileña de Minoristas Textiles por invitación de una de sus colegas, Nancy escuchó hablar sobre las marcas vinculadas a mano de obra esclava y dijo: “Yo trabajé durante tres años para una de esas marcas, me pagaban R$ 0,50 [por pieza]”.

A medida que descubrió el lado oscuro del mercado de la moda, pasó a buscar en internet más informaciones sobre la cadena productivo y se dio cuenta de su propia condición.

“Quienes trabajan en el taller de costura no sabe ni qué va a comer, ni cuál será la jornada, tiene que comer lo que hay”. En las pocas veces que intentó decir que su trabajo era análogo a la esclavitud, su empleador le contestaba: “No eres negra ni tampoco sus piernas están atadas”.

A medida que su hijo crecía, los dueños de la fábrica de explotación se negaron a proporcionarle comida. Uno de sus empleadores le pidió que trabajara en la cocina de la tienda para pelar papas. Nancy rechazó la oferta y renunció a su trabajo, con nada más que R$ 800 (US$ 200) para alquilar una habitación para dos personas.

Unos días más tarde, en busca de un nuevo trabajo, encontró un anuncio en una tienda de comestibles que ofrecía clases de portugués gratuitas. Fue entonces cuando conoció al Centro de Apoyo y Pastoral del Migrante (Cami) en 2014.

Nancy no solo aprendió el idioma oficial de Brasil, sino que también se hizo voluntaria en un proyecto de charlas para inmigrantes que trabajaban en diez barrios de Sao Paulo. “Hablábamos sobre autoestima, violencia, salud reproductiva, y también sobre la situación política en Brasil y Bolivia”.

La asunción de Jair Bolsonaro en las elecciones brasileñas de 2018 ayudó a consolidar una agenda que impacta directamente en la vida de Nancy: retrocesos en los derechos laborales, incremento en la informalidad, desmantelamiento de los servicios de erradicación del trabajo esclavo además de un discurso agresivo contra las mujeres.

Pero la costurera también está preocupada por el gobierno boliviano, con las noticias que llegan sobre la corrupción en las instituciones del país. Ella dice que no está de acuerdo con la decisión del Tribunal Constitucional que permitió a Evo Morales postularse a un cuarto mandato, a pesar de la decisión contraria del referéndum. Sin embargo, ella mantiene su apoyo al candidato indígena.

“A pesar de todo eso, el MAS [Movimiento hacia el Socialismo], el partido de Evo, es lo que más tiene proyectos para las comunidades, para los jóvenes. La oposición conformada por [Carlos] Mesa y [Óscar] Ortiz no tienen proyectos. Se trata de un discurso de odio, y eso confunde a la gente”.

Futuro

Evo Morales fue el candidato más votado por los inmigrantes bolivianos en Brasil en las últimas elecciones. En el referéndum sobre la cuarta postulación del actual presidente, la mayoría votó contra.

Ante muchas incertidumbres, Nancy analizó su país de origen para comparar pasado y futuro. “Hoy el salario mínimo es más alto, los indígenas pueden ocupar puestos de trabajo en la ciudad, pero hace falta más capacitación…Hay que cambiar. Pero cuál será el precio de elegirnos otra persona?”

La costurera teme que, caso la oposición gane, los primeros años del gobierno retrocedan en las políticas de los gobiernos anteriores, sin hacer avanzar los proyectos sociales – como en Brasil.

En su vida personal, también hay más dudas que certezas. Su hijo, Raí, piensa en estudiar medicina en Bolivia porque estudiar en Brasil es cada vez más caro – el gobierno Bolsonaro cuestiona inclusive la gratuidad de las universidades federales del país. Si su hijo ingresa a la universidad en Bolivia, ella piensa en regresar a El Alto.

Según ella, un 40% de los habitantes de su comunidad votarán por Morales. Para el país del pasado, ella no regresará de ningún modo. “Mi vida está como un ajedrez”, resume.

Entre el deseo de un cambio y el temor de la recesión, cerca de 7 millones de bolivianos irán a las urnas el próximo 20 de octubre. Acompañe la cobertura de las elecciones desde La Paz y Santa Cruz de la Sierra en Brasil de Fato.

Edición: Vivian Fernandes | Traducción: Luiza Mançano

Fuente: Brasil de Fato

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