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Curiosidades Chilensis

by Patricio Rivera

Por Wilson Tapia Villalobos.-

Pareciera que la pandemia, como una inmensa gasa oscura, lo ha tapado todo. Para las autoridades, para los medios de comunicación, para los ciudadanos no existe otra cosa que el Covid19 y sus consecuencias en la salud y la economía. Una especie de acuerdo tácito que, en cuanto a los medios y el gobierno, no sorprende, ya que los dueños del país son también dueños de los medios y las autoridades gubernamentales pertenecen al mismo círculo. Y entre la represión que aplica el gobierno, el miedo ciudadano y la irresponsabilidad de algunos, la realidad tiene cada vez más -y exclusivamente- cara de virus.

Pero el mundo no ha dejado de girar y los problemas que existían antes de marzo de 2020, siguen existiendo. Aquel sistema que fue denunciado en el estallido social es el mismo en el que vivimos, con más miedo y voces alarmistas, pero el mismo. Sin embargo, las promesas que se hicieron en aquel entonces y los compromisos adoptados, quedaron en una especie de universo paralelo. No faltará quien recuerde aquel 10% inesperado que llegó a los bolsillos chilenos, pero eso es otra cosa. Una medida circunstancial surgida para resolver el empobrecimiento y la parálisis económica causada por la pandemia, no un ataque frontal -como el que se necesita- para cambiar el rumbo de un país en que la desigualdad sigue siendo el estandarte de una clase privilegiada.

Es evidente que el modelo neoliberal fracasó, pero aquí tal realidad parece no ser tomada en cuenta. Sólo así se explica la inmovilidad para desecharlo e imponer esquemas que no ahonden las diferencias y acerquen a sus habitantes. Cada vez son más los que sostienen que la pandemia apareció con demasiada precisión para acallar las voces de condena contra el sistema. Pero aún sin entrar a apoyar las teorías conspirativas, es necesario reconocer que algo extraño ha pasado en Chile.

Desde el término de la dictadura, en 1990, sólo los dos gobierno encabezados por Sebastián Piñera han sido de derecha. El resto del tiempo el país estuvo bajo la conducción de personajes del progresismo o al menos declaradamente contrarios a la hegemonía de la derecha. Pero ni Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, ni Michelle Bachelet en dos oportunidades, enmendaron el rumbo. Todos siguieron respetando las líneas trazadas por la dictadura del general Augusto Pinochet e inspiradas por el ultra conservador Jaime Guzmán. ¿Qué pasó?

Han transcurrido más de treinta años y recién ahora comenzaremos el proceso para cambiar la Constitución creada por la dictadura. ¿Quiénes son los responsables de esta demora inaceptable? La historia responderá tal pregunta de manera inapelable, pero los que vivimos el período hemos visto como agrupaciones de izquierda o centro izquierda entraban a entenderse con la derecha sin ningún problema y, obviamente, sin el pudor que cualquier ciudadano puede exigir a sus líderes.

Esto es lo que explica las dificultades del sector para llegar a integrarse en listas únicas. No es la responsabilidad de los Partidos nuevos que dudan en entrar en componendas con los integrantes de la ex Concertación. Está equivocado el presidente del Partido por la Democracia (PPD), Heraldo Muñoz, cuando llama a dejar de lado las diferencias y llegar a la unidad. Incluso en política, las bases de la unidad están en las acciones. Y son éstas las que impiden que hoy la izquierda chilena no sea más que un panorama difuso.

Además, el paisaje político ha mutado de manera severa. Hoy los partidos son sólo títulos que permiten un financiamiento que proviene del Estado. Pero el respaldo popular escasea cada vez más. Es cierto que los Partidos son indispensables para el funcionamiento de la democracia como la conocemos, pero el conglomerado de entidades que se mueven entre nosotros carece de real respaldo. Cuestión que también ocurre con la institucionalidad que los mantiene vigentes. Y si alguien tiene dudas, es cuestión de que mire la participación popular en los eventos electorales, con excepción de la consulta sobre el cambio a la Constitución. Y esto último se explica porque esa fue una pregunta cuya respuesta involucraba un cambio sustancial en las sendas del acontecer político nacional. Cuestión que dependería de cada ciudadano, no del parecer de representantes políticos ubicados en la Cámara de Diputados o en el Senado.

Mientras la pandemia nubla el horizonte, las protestas continúan en la Plaza de la Dignidad -ex Plaza Baquedano- al igual que en el centro de las principales ciudades del país. Una realidad que se inició con el estallido social de octubre, pero que aún no genera respuestas que convenzan a los ciudadanos. La pregunta que hoy se impone, es: ¿Qué estaría pasando en Chile si no se hubiese hecho presente el Covid19?

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