Coronavirus y capitalismo financiero: La globalización se declara en quiebra

Ilustración Julieta De Marziani

“Lo que no pudieron los movimientos de disgustados en los últimos 30 años lo están logrando un puñado de proteínas enroscadas”, dice Martín De Ambrosio. Es que el sistema financiero basado en la libre circulación por el globo de capitales, mercancías y trabajadores se resquebraja. El Coronavirus sólo ahonda un camino que ya estaba iniciado. Por eso la duración de la alarma pandémica será fundamental para avizorar un futuro según el Green New Deal que propone Naomi Klein o por ese talento que tiene el capitalismo para reciclarse y huir siempre hacia adelante. Por Martín De Ambrosio Ilustración Julieta De Marziani.

El mundo está detenido.

No hay más festivales, encuentros científicos, partidos de fútbol. No hay más reuniones de negocios. Los aeropuertos están vacíos; el petróleo –con su propia dinámica, por supuesto- y las acciones de las empresas bajan por doquier y Wall Street se ve obligada a suspender rondas de cotización; el comercio internacional está dislocado y los containers ya no se llenan como antes; el extranjero se ve como un peligro existencial. Hoteles y centros de convenciones se transforman en hospitales de campaña.

Y más: la gente y las cosas se quedan en sus casas; no se oficia misa, no hay turismo, ese elixir que permite fingirse otra vida durante un par de semanas. No velas a tus muertos.

Se cierran las fronteras y los Estados se fortalecen hacia adentro y les dicen a los ciudadanos qué tienen que hacer, so pena de condenas penales, y el estado de sitio es una opción que se juzga razonable. Las previsiones respecto del PBI mundial dan una caída general para 2020, o un crecimiento tan pequeño que técnicamente podría calificarse de recesión, pese a que aún no concluyó el primer trimestre.

El mundo está parado.

Lo que no pudieron los diversos movimientos de disgustados, injuriados y disconformes de los últimos 25 o 30 años lo está logrando de momento un puñado de proteínas enroscadas y ARN que sólo puede reproducirse en un huésped, y que para muchos virólogos ni siquiera se puede calificar de materia viva. Detener el (modo en que funciona el) capitalismo globalizado resultó cosa de una miniatura más que de las voluntades de los afectados.

El hecho de que la Reserva Federal (“Fed” en la jerga) de los Estados Unidos haya decidido dejar en cuarentena a los billetes físicos que provengan desde Asia apenas se deja elevar a la categoría de parábola. Todo el sistema globalizador basado en la libre circulación por el globo de capitales, mercancías y trabajadores se resquebraja.

El mundo está quieto.

Uno de los hechos más relevantes de la globalización es que generó -además de un mercado único- una serie de interdependencias, de tal modo que una caída de uno de sus eslabones no siempre se puede suplir y así caen otros, hasta que todo el collar está roto. Durante años se creó un sistema altamente especializado que hasta ahora aumentó el grado de eficacia si se piensa en términos agregados, pero que quizá no permita rápidas readecuaciones.

Lo -levemente- paradójico es que las decisiones de salud tomadas son de alguna manera hijas de esa misma globalización y de una ciencia ubicua: las instituciones mundiales como la Organización Mundial de la Salud de la ONU, que dirige el académico etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, trabajan a veces de manera demasiado conjunta con otra rama de los negocios universal como las multinacionales farmacéuticas, de los pocos rubros ganadores en este contexto.

El mundo está en suspenso.

Hasta dónde se puede resquebrajar, está por verse. Lo mismo si se mantendrán ciertos parámetros ecuménicos de valor, como el dólar o las monedas europeas y hasta el viejo e inoxidable oro (aunque ya no es patrón). Qué puede suceder con los países exportadores y “en desarrollo” es otra incógnita. ¿Puede ser el comienzo de un “vivir con lo nuestro” obligado por una cuestión de salud, o el sistema está mucho más firme y esto es sólo un tembladeral momentáneo y todo volverá a su cauce? Se aceptan apuestas. Las opiniones están divididas.

Fuente: Revista anfibia

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