Home Ecumenismo Brasil: Grupo de jóvenes trabaja espiritualidad y esperanza desde hace 18 años

Brasil: Grupo de jóvenes trabaja espiritualidad y esperanza desde hace 18 años

por Patricio Rivera

Por  Cristina Fontenele / Adital

El grupo Jóvenes en Búsqueda de Dios (JBD) hace 18 años desarrolla un trabajo pastoral con jóvenes, niños y adultos de la comunidad de Lagamar, en Fortaleza, Estado de Ceará. El grupo ofrece actividades artísticas, de catequesis y socioeducativas con el objetivo de proporcionar a los jóvenes alternativas de vida y una mirada crítica de la realidad. El grupo también hace el seguimiento de las familias frente a una comunidad que carece de atención y políticas públicas.

Según Adriana Geronimo, miembro del Consejo del JBD, el objetivo del grupo es “decir al joven que él tiene otras posibilidades diferentes al mundo del crimen”. Adriana, que es trabajadora social y hace 15 años participa del GBD, dice que así como ella los jóvenes continúan apoyando la comunidad, incluso cuando se forman y ya no participan directamente de las actividades.

Para Emanuel Costa, uno de los coordinadores del grupo, no hay como hablar en el actual contexto de Lagamar sin mencionar el pasado de luchas. Según él, que también nació en la región, el Lagamar es una comunidad históricamente olvidada por los gobiernos y que hace más de 60 años resiste, pese las promesas políticas que nunca se concretaron. “Es una comunidad que todavía no tiene autoestima, una juventud que no sueña alto debido a la falta de apoyo y de políticas públicas que no se realizaron”.

Las drogas son una realidad ya vivenciada por los niños de nueve, 10 años, que empiezan en el tráfico por que no consiguen ver un futuro diferente. Costa explica que la comunidad está perdiendo la juventud que es atraída por tráfico. Él observa que los niños quieren consumir, comprar, pero cuando miran hacia dentro de casa, miran a sus padres y madres sin oportunidad, siguiendo un modelo antiguo, sin perspectiva.

Ante este escenario, entre las banderas del JBD están el empoderamiento y el despertar de la esperanza de la comunidad. Hoy, el grupo actúa con 25 jóvenes trabajadores, conduciendo directamente las actividades y asistiendo a más de 100 personas.

Arte como agente de transformación

Una de las herramientas utilizadas por el JBG son las actividades artísticas. Costa señala que las clases como teatro, guitarra, batería, canto, baile, despiertan la autoestima, el sentido colectivo, la capacidad de vencer desafíos. “Todo lunes y miércoles, hay clase de teatro para niños de 10 a 14 años. Son niños llenos de energía y creatividad”.

La Plaza São Francisco, única en la comunidad, es un espacio ocupado por el grupo para movilizar la comunidad en eventos de temporada. Son piezas escenificando la Vía Sacra, el período de Navidad y discusiones sobre el Día del Medio Ambiente.

La biblioteca es también otro logro del JBD. Con más de 600 títulos, el espacio que antes estaba siempre inundado en la temporada de lluvias, atiende a un público especialmente infanto-juvenil. “Realizamos un trabajo fuerte de prevención con los niños, para demostrar que ese mundo de la lectura, antes inviable, es posible”.

Espiritualidad

Costa señala que el estigma de un Lagamar violento “afectó” a la comunidad en el pasado y motivó la lucha del grupo católico cristiano para cuestionar con los jóvenes, nuevas propuestas. “Desarrollamos en los jóvenes la caridad, el amor, el cuidado del otro. Reflexionamos si ellos entienden que somos los oprimidos, que necesitamos unirnos”.

A pesar de ser vinculado a un movimiento religioso, Costa dice que la espiritualidad difundida en el grupo va más allá de la doctrina, para acoger un joven que todavía no se siente “digno del espacio de la iglesia “. El coordinador cuenta que muchos y muchas se preguntan si pueden estar en aquel grupo si están embarazadas, o si ya han sido presos, o si ya robaron. “Les decimos a ellos que traten de equivocarse menos y les mostramos un Jesús que acoge, que ama, perdona, es justo y que pide que se corrija el error y siga adelante. Al final, la solución para el mundo todo es amar al prójimo”.

Prejuicio

Algunas empresas, por ejemplo, se niegan a entrar en el Lagamar. Costa cita el ejemplo de las entregas de pizza y servicios de taxis. Según él, el prejuicio contra la comunidad todavía es muy fuerte, y la gente no consigue ir más allá de una visión reduccionista de la región, lo que provoca revuelta en la juventud. “El solo hecho de la procesión de la iglesia no pasar por dentro del Lagamar muestra claramente que hay miedo y prejuicio. Además, los medios de comunicación nos lazan hacia abajo”.

Sin embargo, entre los beneficios con la incidencia del JBD, el coordinador cuenta que ya es posible notar una identificación del joven con la comunidad. “En el pasado, decían que vivían en el São João do Tauape o Aerolância [barrios vecinos] Hoy en día, este joven ya dice que es de allá [Lagamar].

Además del auto reconocimiento, Costa enfatiza que casi todo joven que forma parte del JBD cursa alguna facultad o ya se graduó. “Antes, eso no existía, era imposible”.

Fuente: ADITAL

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