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Agroecología para concretar otro mundo posible: la mirada de Sebastián Pinheiro

por Juan Ortega

En el contexto de la pandemia de Covid-19, parece difícil la “vuelta a la normalidad”, debido a la crisis ambiental generada por el sistema capitalista y sus modos de producción. Desde Brasil, Eliege Fante y Cláudia Moares resaltan la importancia de reflexionar sobre esta crisis y para ello recuperan el pensamiento sobre la agroecología del ingeniero agrónomo Sebastián Pinheiro (Tião). Su mirada incluye la alternativa de una “ganadería familiar agroecológica”. Se trata de un puente hacia la post pandemia, una manera de proyectar otro mundo posible.

Hace 20 años la ciudad de Porto Alegre (RS) organizó el Foro Social Mundial para soñar y planificar “Otro mundo posible”. Este año, la pandemia de Covid-19 es para algunos una fase que se terminará cuando haya una vacuna que prevenga la infección del nuevo Coronavirus. No obstante, la supuesta vuelta de lo que llaman “normalidad” es improbable debido a la escasez y/o calidad de los bienes comunes: agua, aire, suelos, minerales —los “recursos”, según la lógica neoliberal, responsable de los impactos sociales y de la degradación ambiental—. Las advertencias sobre este resultado resuenan desde hace más de 50 años atrás, como lo ha hecho Rachel Carson en el libro “La primavera silenciosa” (1962), al denunciar el uso de venenos en la agricultura.
En este contexto en el que otras prácticas sociales y económicas son urgentes y, donde el agronegocio, conducido por la parte minoritaria, ultra rica y retrógrada de la sociedad brasilera, tiene significativa responsabilidad sobre el elevado índice de pobreza y devastación del país, proponemos el pensamiento agroecológico como puente en este viaje hacia la post pandemia. Hace más de 40 años, el ingeniero agrónomo y forestal Sebastián Pinheiro, cultiva y vive de la agroecología dedicando el mismo valor y amor a la ciencia y al saber ancestral, local, tradicional y originario. De esta manera, además de contribuir a acercarlos, desarrolló la habilidad de dialogar con científicos, investigadores, profesores, técnicos, aprendices y campesinos de distintas culturas con igual afecto, respeto y humildad.

Sebastián o Tião, de 73 años, en aislamiento físico preventivo debido a Covid 19, realiza conferencias y cursos virtuales. Su amplia audiencia busca experimentar una forma más solidaria y justa de relacionarse con los bienes naturales y el alimento que nos proveen. De uno de esos lives disponible en Youtube, precisamente de un curso realizado recientemente, recogimos algunas de sus ideas para elaborar nuestro trabajo.

El camino atravesado tiene la marca de la educación. La agroecología es la especialidad de Tião, o mejor dicho, el estudio del funcionamiento de la vida de las partes al todo y del todo a las partes. La comprensión de este funcionamiento implica tal apertura que incluye escuchar a los seres, a los habitantes del lugar, a los nativos del territorio. Principalmente, a través de los más antiguos. Explica que su trabajo consiste en encuadrar la técnica en la historia y la geografía para que la gente pueda “reescribir, rediseñar, adaptar, cantar en prosa, verso y cuerda” convirtiéndose en protagonistas. En cuanto a lo técnico, afirma que es “un vector de conocimiento”. El conocimiento es para Tião el motor de la transformación. Pero será útil si se comparte en comunidad y que ésta se vea como un lugar para construir la participación. Esa convivencia entusiasma a los jóvenes y es de máxima importancia para la agroecología: “Sin jóvenes, no hay agroecología”.

Así pues, reconocemos la validez del acceso al “protagonismo legítimo” mediante el intercambio de técnicas y experiencias. Con esta subversión a la colonialidad, planteamos las condiciones para reconocer a los Kayapós, los Xavantes, los Apurinãs, entre otros como “grandes agricultores”; en palabras de Tião: “El campesino indígena hoy nos enseña una serie de valores: ¿es posible cultivar frente al cambio climático sin colocar carbono en el suelo?”, nos insta a buscar la comprensión de las prácticas y experiencias de los pueblos también de otros países como los mapuches (Chile, Argentina) y los revolucionarios tupamaros (Uruguay) y zapatistas (México). 
Al ilustrar una actividad económica en armonía con el medio ambiente, recuerda la asociación entre la ganadería y el cultivo del algodón de mocó en Seridó (Ceará, Brasil) durante el siglo XX: “el trabajo de las ligas campesinas constituía el sistema más perfecto que existe y fue copiado por otros países, porque el cultivo de árboles de algodón daba sombra al ganado, debajo se cultivaba la mandioca, las hojas secas iban a las vacas, el estiércol servía a la tierra; lo hacían casi exclusivamente las mujeres y los jóvenes”.

Estudios recientes ya confirman que el manejo adecuado de los pastizales en la ganadería pampeana también acumula carbono. Y es de los campos del bioma Pampa en Rio Grande do Sul, que constituyen el 60% del estado donde vivimos, que Tião nos habla de la ganadería familiar agroecológica, una práctica tradicional de la misma manera que en los campos de Uruguay y Argentina. Al recordar a José Lutzenberger (1926-2002) corrobora una de sus frases más asertivas: que la propiedad rural en la Pampa es lo más equilibrado que existe. Tião explica que en este bioma donde el ambiente es agropastoril, el habitante o el gaucho, conoce la biodiversidad y, en consecuencia, los posibles usos y límites para su explotación para la supervivencia o con fines económicos. Los grandes latifundios de monocultivo de soja socavan este equilibrio, imponiendo la lógica comercial en la que se propone la idea de “seguridad alimentaria” con alimentos industrializados, disociando así la soberanía alimentaria de los cultivos de los territorios.

Al relacionar la acción de los campesinos con la de los indígenas y con la de los territorios hermanos de los vecinos Uruguay y Argentina, Tião nos hace ver que siempre coexistimos con “otros mundos posibles” aunque el discurso del agronegocio y de los medios de comunicación hegemónicos, entre otros, insista en distraernos disimulando y/o borrando las huellas de estas formas de vida presentes en nuestra sociedad. La respuesta de Tião a la lógica de “quitarle el poder al agricultor y al agricultor familiar” es difundir la agroecología perseverando en la multiplicación de experiencias como la que vivió a partir de la creación de la Feria de los Agricultores Ecológicos (FAE) en Porto Alegre. Según él, al ser realizada en la calle, “rompió la columna vertebral del sistema de suministro” que se impuso con la complicidad de los gobiernos.

Tião también critica al agronegocio por haber borrado la “calidad de productor de conocimiento” que constituye a los agricultores y pastores familiares. La reanudación o resistencia de este conocimiento tiene un significado ultra social, como explica, que se manifiesta en una ética comprometida con la transformación de la energía del sol en alimento para todos con igualdad. “Es el biopoder que construye y que ha construido la forma de la sociedad, la forma de construir riqueza y salud”. Él distingue el agronegocio como aquel que no se preocupa con los impactos de esas interrelaciones debido a la creencia en nuevas tecnologías y soluciones desarrolladas por la ciencia alineadas con el mercado y para el beneficio de sus pares económicos. 
Recuerda que la mecanización ha eliminado puestos de trabajo y la sustitución de esta ética de la diversidad por el monocultivo de productos básicos ha provocado la simplificación de la dieta y la intoxicación generalizada por agrotóxicos con el aumento de la incidencia y la gravedad de enfermedades como el cáncer. Y esta es la advertencia que la ganadería agroecológica familiar está haciendo frente a la mecanización introducida por la ganadería confinada. Además de eliminar la campereada, es decir, los trabajos con el ganado en el campo, le quita el alimento natural que el bioma rural puede ofrecer a los animales de pastoreo.

Tião nos anima a percibir la vida como un gran anhelo de la humanidad. Con optimismo, nos invita a mirar hacia el futuro, considerando prácticas que produzcan resultados como la producción sana de alimentos y su distribución, en solidaridad y generosidad, a las comunidades, siguiendo el ejemplo de movimientos como el MST en Brasil en medio de la pandemia. Al mismo tiempo, invoca nuestra capacidad de comprender la espiritualidad de los campesinos que les hace respetar la tierra y agradecer los alimentos que nos devuelve. “La agroecología es una forma de que la humanidad encuentre la felicidad”.

Nuestra perspectiva es contribuir a la circulación de las ideas de la agroecología a través de la lente de Sebastián Pinheiro. Graduado en Argentina, realizó investigaciones en Alemania en el área de Toxicología y Contaminación de los Alimentos y el Medio Ambiente. En este 2020, en el que más necesitamos reflexionar sobre la realidad de la crisis ambiental que vive el planeta, generada por el sistema capitalista que no tiene la perspectiva de la reciprocidad porque sólo extrae de la naturaleza, registramos pensamientos que nos aportan luces y nos impulsan.

La realización de otro mundo posible depende de pensamientos como el de la agroecología, es decir, basado en la profusión de compartir entre los pueblos y del conocimiento de la cultura campesina y de las culturas nativas como la pampeana. En esta otra lógica, la aplicación de la tecnología tiene como objetivo preservar la vida, estimular la participación ciudadana y fortalecer la democracia, obteniendo alimentos sanos en armonía con la biodiversidad.

Referencia

Pinheiro, Sebastião. (2020). Curso “Biopoder campesino – Bomberos Agroecológicos: La Agroecología como alternativa a la agricultura convencional”. 7 y 9 de julio de 2020. Curso organizado por la Universidad Federal de Río Grande do Sul y el Grupo de Investigación, Estudios y Extensión en Geografía, Educación y Medio Ambiente (Sinergea). Disponible on-line aquí.

Fuente: Comunicación Ambiental

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