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A 104 años de la matanza de Curanilahue en 1916

por sedec

Aquí les presentamos un articulo de Sebastián Paredes, Historiador Local de Curanilahue y parte del Comité Centenario, organización creada para conmemorar los 100 años de la Huelga Grande del Carbón en 1920. La investigación y las citas utilizadas corresponden a un trabajo de registro del periódico El Sur de Concepción durante marzo de 1916, año de la matanza de Curanilahue. De vital ayuda para el trabajo fueron los aportes de Manuel Lagos y Carmen Gloria Sáez.

En tiempos de Revuelta, cuando las pandemias obligan a replegarnos de las calles, la Memoria siempre es una buena herramienta para mantener vivas las brasas de la lucha popular. Más aún si esta implica el recuerdo de los profundos dolores del pueblo. Heridas abiertas que vuelven a sangrar cada vez que nos levantamos contra la explotación y las fuerzas de orden sacan sus armas.

Hoy conmemoramos una de las matanzas olvidadas por la historia, hace 104 años, el 18 de marzo de 1916, sangre obrera fue derramada en Curanilahue, provincia de Arauco, región del Biobío.

Son pocos los alzamientos populares de la historia de Chile que no han terminado con sangre. Desde sus inicios, los motines y huelgas han venido asociados con crueles matanzas. Cuando el obrero, el campesino o el mapuche han luchado por sus derechos, las fuerzas del Estado no han dudado en disparar. Así lo vivió el pueblo en la escuela de Santa María de Iquique en 1907, la oficina salitrera de San Gregorio en 1921, los campos de Ránquil en 1934, la población José María Caro en 1962, la ciudad minera de El Salvador en 1966, la Pampa Irigoin de Puerto Montt en 1969. Así lo vivió todo Chile durante la dictadura militar de Pinochet. Así también lo vive el pueblo mapuche desde hace más de un siglo de ocupación y represión del Estado chileno. Así también lo ha vivido Plaza Dignidad, y el resto de Chile, desde octubre del año pasado.

La Matanza de Curanilahue de 1916

Es en este contexto de maduración obrera y ebullición huelguística de principios del siglo XX en Chile que se desarrollan los “Graves Sucesos de Curanilahue” un sábado 18 de marzo de 1916, a los cuales nos hemos podido aproximar por medio de diversos artículos publicados en el periódico “El Sur” de Concepción durante los días 19 a 24 de marzo, en base a un amplio registro realizado por un enviado especial que estuvo en Curanilahue luego de ocurrida la matanza, para registrar los hechos.

El conflicto inició con los obreros de la maestranza, y luego se propagó a los mineros. De acuerdo con un vecino, un conocido comerciante de Curanilahue, el origen de los problemas de los mineros se remite a la llegada de un nuevo administrador a las minas de la Compañía Los Ríos de Curanilahue, quien habría instalado medidas que perjudicaban a los trabajadores.

Primero, se había rechazado recibir todo material impuro, es decir carbón mezclado con tosca, lo cual era bastante difícil de evitar por los mineros debido a la mala calidad de las lámparas utilizadas al interior de la mina. Segundo, se había instalado una multa para los barreteros cuando el producto extraído era de mala calidad. Y tercero, la intransigencia del administrador de acceder a la demanda obrera de aumentar la cantidad de pagos.

Esto habría generado que los mineros se declararan en huelga el jueves 16 de marzo de 1916, en lo que Omar Mella considera la primera Huelga Larga. Primero fueron 200 barreteros a los que se terminaron plegando un total de 2000 trabajadores, quienes exigían la “[…] suspensión de las multas, el aumento de los salarios, la separación del administrador y de dos empleados más, y 8 pagos al año en vez de 4”.

De acuerdo con el vecino, la huelga se habría desarrollado de forma pacífica hasta que durante la mañana del sábado aparecieron los primeros actos represivos de la empresa con el fin de provocar a los obreros. Por orden directa de la compañía, carretas con personal se dirigieron a las casas de algunos huelguistas y procedieron a desalojarlas, retirando el mobiliario e instalándolo en las carretas, bajo la potestad de que eran casas de propiedad de la compañía. Esta acción fue rápidamente impedida por los obreros, quienes procedieron a dirigirse a la administración:

“Según el obrero aludido, sus compañeros se habrían dirigido a la administración, representados por una comisión especialmente designada al efecto con el objeto de reclamar contra algunas medidas que estimaban injustas y perjudiciales para ellos, representación que no habría sido atendida por el administrador, señor Edwards, caballero que se habría negado terminantemente a todo arreglo. Así las cosas, los obreros se habrían dirijido al interior de la mina a poner en conocimiento a sus compañeros lo que estaba pasando para lo cual habrían obtenido la venia del oficial jefe de la fuerza de línea; pero los empleados de las minas habrían intervenido en este momento en una forma violenta para impedir el descenso.
Nuestro informante nos dice que hubo doce muertos con los disparos y numerosos heridos; que la tropa de línea disparó sus armas al aire, sin causar, por lo tanto, ninguna baja; que quienes dispararon fueron los empleados de las minas, en número de seis; que lo hicieron con carabina y que los proyectiles de estas armas fueron los que se hallaron en el cuerpo de las víctimas.”

La actuación de los empleados en la perpetración de los disparos es una polémica. Según la versión de los gerentes, empleados de la Compañía no habrían disparado contra los obreros. Lo cual se pone en duda con la declaración del boticario del pueblo, quien atendió a todos los heridos, y señaló que había varias heridas “causadas por proyectiles de revólveres y carabina, y, como la tropa de Chacabuco, para repeler a los huelguistas empleó sus rifles Mauser, se han hecho descargas por otras personas que han debido llevar armas diferentes a éstos.”

Este planteamiento es apoyado en una entrevista realizada a Pedro Fuentes y Rafael Zambrano, obreros que resultaron heridos en los enfrentamientos:

“Íbamos como mil obreros, dicen ellos, a incitar a nuestros compañeros que trabajaban para invitarlos a que se plegaran a nuestro movimiento. Guardábamos una actitud tranquila cuando de repente se nos hizo una descarga que dejó muertos a 9 de nuestros compañeros y 16 heridos, más o menos. Primero, dispararon los soldados del Chacabuco y después los empleados del establecimiento […] Podemos advertirle que cuando [se disparó] la descarga de la tropa de línea, no cayeron tantos como por las balas de los empleados, los cuales hicieron el mayor número de bajas. Fuentes añade que el fue herido por Urrea, mayordomo del Mercado de la Compañía.”5

Los gerentes junto con los militares señalaron que se habría abierto fuego en vista que los mineros habían ingresado con actitud amenazadora al reciento, lo cual ponía en riesgo la mina ya que allí se encontraban las instalaciones y los mineros habrían andado con dinamita. Esto es contradicho tanto por los obreros como por el alcalde, precisando que los obreros no tenían arma alguna ni rastro de dinamita, y que los obreros no destruirían las instalaciones ya que era su fuente de trabajo. La intención de los mineros era paralizar la producción, llamando al resto de sus compañeros a adherirse a la huelga sin embargo las balas se los impidieron:

“Los primeros en entrar, me aseguran, fueron también los primeros en caer fulminados por los balazos. No todos los caídos eran mineros. Uno de ellos, un modesto palanquero llamado Honorindo Toledo y que estaba en servicio en ese momento, al oír las detonaciones, trató de huir; pero desgraciadamente lo alcanzó una bala perdida que lo tendió muerto. Otro, un niño de 15 años, llamado Andrés Fierro, y que, según dicen, estaba afuera por no tener trabajo en su puesto a causa de la inactividad de la mina, perdió también la vida a la vista de su madre, que estaba a corta distancia del sitio en que cayó.

La pobre mujer ha perdido el último apoyo que ya empezaba a endulzar su ancianidad y ahora, sin el modesto salario de su hijo, desprovista quizá hasta de la casa habitación que le cedía la Compañía, queda abandonada a su triste suerte, a la desesperación que llenará su trágica ancianidad.”

Con este nivel de violencia se produjo la cruel matanza, llevándose la vida de 12 obreros, hijos, hermanos, padres, esposos y compañeros. El número total de muertos fue disminuido por los gerentes y los informes de intendencia de la época. Sin embargo, al analizar todos los artículos de la matanza presentes en el periódico, podemos identificar el total de muertos, de los cuales algunos fueron en principio heridos que fallecieron días después, y cuyos nombres son: José Luis Figueroa, Carlos Oviedo, Eliseo Garcés, Honorindo Toledo, Andrés Ibarra, Eulojio Alarcón, Rafael Sepúlveda, Francisco Fonseca, N. Vega, Andrés Fierro, Juan Garcés y “[…] otro cuyo nombre nos fue imposible averiguar.”8.

Fueron dieciséis los heridos que sobrevivieron. Además de un soldado que fue el único herido de las tropas militares. Este fue atacado por un obrero, al cual inmediatamente lo mataron de un balazo. Dentro de los heridos también se encontraban trabajadores de otros establecimientos como Plegarias.

Según el alcalde, el médico de la compañía se rehusó a prestar atención a los obreros, lo cual fue ratificado por los heridos y también confirmó que “[…] los empleados de la mina no permitieron que inmediatamente después de la descarga del Sábado fueran retirados de los puntos en que cayeron los heridos y los cadáveres de las víctimas […]”.
El mismo sábado, luego que la noticia de la matanza llegara a Plegarias, 1500 mineros de ese establecimiento, propiedad de la Compañía Carbonífera Arauco, se plegaron a la huelga, sumando un total de 3.500 trabajadores paralizados. Días posteriores los mineros del establecimiento de Colico, también propiedad de Arauco, se declaran en huelga, y corren rumores que los mineros de Lota y Coronel también se plegarán a la lucha.

Luego de la matanza, llegaron a Curanilahue delegaciones de obreros de otras ciudades a colaborar en la táctica para la solución el conflicto. Y ya el martes 20 una delegación de diez operarios huelguistas acompañados por el presidente del Partido Democrático, el señor Candelario Segundo Aillón, se reunieron con el director y el gerente del establecimiento, Agustín Edwards Ariztía y Rafael Riesco, pare entregarles el pliego de peticiones, los gerentes acordaron responder al día siguiente. La solución del conflicto tuvo lugar el jueves 26 de marzo y se expreso en escuetas concesiones de la empresa frente al petitorio obrero.

La solución del conflicto tuvo lugar el jueves 23 de marzo y se expresó en escuetas concesiones de la empresa frente al petitorio obrero. Las peticiones más trascendentales para los obreros, que implicaban el aumento de salario, la supresión al pago en ficha y la implementación de seguros por accidentes laborales, no fueron resueltas. La empresa sólo respondió a ciertas concesiones económicas como fijación de precios y eliminación de multas, y tal vez la mayor victoria de los obreros se constató en la aceptación del aumento en la frecuencia de los pagos a 8 veces al año.

Sin embargo, y sin ser este el foco de este trabajo, las fuentes que analizamos, no nos permiten corroborar si las medidas acordadas fueron efectivamente aplicadas. La historiografía tampoco ahonda en esta huelga.

De esta manera sucedieron los hechos de la Matanza de Curanilahue de 1916. Frente a la movilización obrera por mejoras en sus condiciones de vida y contra los abusos empresariales, la compañía no dudo en militarizar la zona y aplicar la dura ley del fuego y la sangre.

Los graves hechos sucedieron luego de la acción represiva que pretendía el desalojo de los obreros. y la intransigencia de la gerencia frente a las demandas proletarias. Los mineros pretendían radicalizar la paralización incitando a sus compañeros a sumarse al movimiento. Pero frente a ellos se cruzaron las balas de los militares y de los empleados de la compañía. Peor aún, la compañía ni siquiera entregó las condiciones mínimas para atender a los heridos y retirar los cuerpos de los muertos, y además se encargó de tergiversar los hechos, reduciendo el número de muertos, exculpando a los empleados que dispararon, y culpando de la matanza al supuesto ataque de los obreros.

La solidaridad no se hizo esperar, y se expresó tanto en la colaboración táctica de mineros de otras comunas, y el pliego a la huelga por parte de obreros de otros establecimientos de Curanilahue. La solución del conflicto llegó, como era la tónica de las huelgas de la época, sin grandes victorias para los obreros.

La recuperación de la memoria histórica de esta matanza no es un hecho casual. Hoy más que nunca debemos estar conscientes que el estado y el capital, durante toda la historia de Chile, se ha levantado en armas sin piedad alguna contra el pueblo organizado, cuando ve sus intereses amenazados. La mano de los poderosos cae con indolencia y los muertos siempre los pone el pueblo. Y es nuestro deber, saber resistir los embates de la represión y seguir luchando por la Memoria y la Justicia de los y las caídas.

La Matanza de Curanilahue de 1916 estaba en el olvido. Muy poco hay escrito en la historiografía del carbón, no aparece en los diversos registros de las matanzas que el estado ha perpetrado contra el pueblo, y peor aún, no está viva en la memoria popular de la comunidad de Curanilahue. Hoy, cuando frente a todo contratiempo conmemoramos el Centenario la Huelga Grande del Carbón de 1920, compartimos el relato de una de las matanzas del carbón olvidadas por la historia. Un humilde homenaje a los mártires de esta lucha. Para que la Memoria de la represión y el asesinato de nuestro pueblo, siga recordándonos que nunca más en Chile, y nunca más en Curanilahue, debemos permitir que la sangre trabajadora sea derramada.

Sebastián Paredes, Historiador Local
Curanilahue, 18 de marzo 2020
resumen.cl

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