Home Educación 30 años de la Casa Azul: “El pueblo sí puede”

30 años de la Casa Azul: “El pueblo sí puede”

by Patricio Rivera

En el 2020 la Casa Azul cumplió tres décadas. Surgida desde el propio territorio y sus organizaciones, esta escuela ha formado a varias generaciones de niños y niñas y se ha transformado en un actor relevante en sus dinámicas de organización. Por Cano.-

“Si hubiera que reconocer un milagro en nuestras vidas, esta es la Casa Azul, siempre luchando contra la corriente, perseverando ante la adversidad y no claudicando ante sus principios. Gracias por esta oportunidad, amigos de la Casa Azul!”. Este es parte del saludo que René y María, de la comunidad Guadalupe, y parte del grupo que inició el trabajo de la Casa Azul, enviaron en su trigésimo aniversario. Este y otros videos de saludo se encuentran en el facebook de Casa Azul, dan cuenta del impacto y la importancia que esta iniciativa ha tenido en el territorio y más allá.

Como apoderado, y por lo tanto parte de la comunidad educativa de la Casa Azul, me parece muy importante compartir la experiencia construida y el camino recorrido, para demostrar que, a pesar de 30 (y más) años de vida en que se han negado todos nuestros derechos, EL PUEBLO SÍ PUEDE. Sí puede construir y gestionar sus instituciones. Sí puede tener y llevar a cabo propuestas políticas y pedagógicas, surgidas desde nuestra propia realidad. Y sí puede construir los cimientos de una nueva sociedad.

En tiempos en que el mercado ha destrozado la educación pública, quienes buscan alternativas pedagógicas de calidad deben pagar matrículas y mensualidades exorbitantes, mientras las mayorías precarizadas del pueblo sólo pueden optar a las abandonadas escuelas municipales o deben hacer enormes esfuerzos para pagar escuelas particulares subvencionadas que, como empresas que son, están más interesadas en recoger utilidades que en la formación de las niñas y niños.

En ese contexto adverso, la Casa Azul ha construido una alternativa para las familias de la Población Yungay y sus alrededores, en un camino no exento de dificultades. Conversamos con Quena y Samuel, parte del equipo directivo de la escuela y del grupo de jóvenes que dieron los primeros pasos en este proyecto pero, sobre todo, luchadores incansables en la búsqueda de un futuro mejor para nuestro pueblo y de un presente digno para nuestras niñas y niños. Aquí está parte del diálogo que sostuvimos.

¿Qué significa para ustedes el lema que han construido para estos 30 años, “el pueblo sí puede”?

Quena: Eso tiene que ver con cómo surge, de un puñado de sujetos con participación social desde la dictadura, las comedores infantiles, centros juveniles, la casa cultural, Paulo Freire y la influencia de otros personajes importantes, todo el tema de la educación popular, el trabajo con cabros que no iban a la escuela, ahí en esa experiencia está el origen de la Casa Azul, en la formación de dirigentes, la organización juvenil, es todo un entorno y con una comunidad adulta que te apañaba como joven.

Samuel: Nosotros creemos en la capacidad de nuestro propio pueblo. Creemos que nuestras poblaciones tienen capacidad para la organización y en estos 30 años se ha demostrado, se ha ido dibujando, en ese contexto tenemos la convicción que pese a todas las políticas deleznables del gobierno, el pueblo tiene la capacidad y la Casa Azul expresa es que sí tenemos las condiciones para generar instancias de crecimiento, de desarrollo propio basado en nuestras propias realidades, con conciencia de clase, apuntando al espíritu crítico, a la formación de sujetos activos y activistas, a tener un rol protagónico. A nosotros nos ha tocado hacer promoción de los derechos de la infancia, donde se pone a la infancia como centro, porque sabemos también que ahí está la posibilidad que estas experiencias perduren en el tiempo y que se siga desarrollando el elemento comunitario, el espíritu crítico.

¿Qué reflexión hacen respecto a la relación con el Estado y el desarrollo del proyecto desde la organización popular?

Quena: Nosotros partimos de la base que los recursos del Estado, que son pocos los que entrega y que debieran ser mucho más, son de los niños y niñas, esa es nuestra convicción. Y cuando postulamos a proyectos, nosotros partimos de la idea de autogestión: nosotros realizamos el proyecto, sabemos cuáles son las necesidades, sabemos dónde poner el foco, que está en nuestros niños y niñas

Samuel: A nosotros no nos incomoda la relación con el Estado, nos ha servido para desarrollar nuestro trabajo con ciertas facilidades, pero nosotros tenemos nuestra propia identidad y transformamos y adecuamos las políticas. Pese a ese vínculo con el Estado, nosotros hemos sido bastante consecuentes, nunca hemos negociado eso, todos saben que tenemos nuestra mirada, que somos críticos, que tenemos propuesta política en el ámbito de la educación, de la cultura, hemos tenido la virtud de no ser hipócritas. Ahora, se cuestiona mucho al Estado y yo comparto cuando cierto segmento dice “sin el Estado”, lo entiendo y lo comparto por el rol histórico que jugado el Estado, obediente del mercado y los grupos económicos.

Volviendo a la historia, ¿cómo se pasa de la experiencia de organización previa a la escuela propiamente tal?

Quena: Este era un espacio donde venían chiquillos a matar el día, desde el 85, y empiezan a haber talleres, se da un espacio de acompañamiento a preadolescentes básicamente y al andar habían acá más de 80 niños, muchos de ellos quedando fuera del sistema escolar. Ahí surge la idea de hacer una escuela. Se hicieron los trámites en el Ministerio, funcionamos un año entero sin reconocimiento y ahí la organización fue clave, acá había una pura mediagua, no había nada más y los vecinos trayendo cosas, haciendo bancas, construyendo la escuela. Ese es el camino, muy en la idea de buscar protección a los cabros que estaban en la calle, con problemas de consumo, así se trabajó mucho tiempo, al principio sin recursos, con pura acción comunitaria, autogestión. La escuela se fue haciendo, nadie dijo: vamos a construir una escuela, veamos un lugar donde podamos hacerlo, simplemente se hizo

Samuel: Lo que primaba era acompañar a los niños y niñas de la población Yungay principalmente, donde se estaba viviendo con mayor fuerza la falta de oportunidades y de políticas públicas, mucho consumo de neoprén, una situación de crueldad producto de la proliferación de la pasta base. Y detrás de eso estuvo todo un grupo de organizaciones que le dieron sustento a este proyecto: club deportivo, grupo pastoral, dirigentes sociales, todos pensando en la importancia de acompañar a nuestros niños.

Es importante agregar que la escuela era solo una parte, nosotros trabajamos un programa de rehabilitación para jóvenes consumidores de drogas, también el trabajo que se desarrolló con un hogar para niños en mayor riesgo de vulneración de derechos, trabajamos nivelación de estudios, promoción cultural entre niños y jóvenes, muchos adultos terminaron su básica, su media. El espacio casa azul tuvo un momento de gravitación territorial muy significativa y muy valiosa y dejamos de hacer muchas cosas por falta de recursos y nos concentramos en el proyecto escuela, pensando que los niños eran la urgencia. Es que nosotros fuimos también pequeños y recogimos de otros esa experiencia, de adultos que nos acompañaron, nos enseñaron a leer, nos enseñaron vida comunitaria, nos ayudaron a ser buenas personas y nosotros reprodujimos esa historia en el ámbito de la educación popular y la seguimos reproduciendo, somos hijos de esa experiencia, acá no hay lumbreras, esto surge de la riqueza comunitaria, del trabajo solidario y compartido, eso es la esencia de esta experiencia.

Y acá los beneficiarios no son los niños y las niñas nada más, acá hablamos de que todos somos beneficiarios de esta experiencia, hemos aprendido a crecer, a ser solidarios, a estudiar, no existe para nosotros eso de que beneficiamos o ayudamos a estos niños de esta población. Y nuestra historia es eso, de esfuerzo, de pobreza, de tozudez, de sacrificio, centrado todo en los niños y niñas. Sabemos que esto no es la panacea ni el lugar idílico, pero lo valioso y lo importante es que esto se ha hecho en comunidad.

¿Cómo entienden la relación escuela-territorio?

Quena: Sí, yo creo que lo fundamental de esta experiencia es el arraigo territorial, nosotros nos concebimos desde el territorio, no es una escuela que está ahí no más, el territorio es parte vital, y está en todo, en las temáticas pedagógicas el territorio es parte esencial, porque eso somos y nos vinculamos también con las distintas organizaciones que han habido en los distintos momentos, las asambleas territoriales, en su momento la mesa barrial. El territorio es fundamental, y creemos que están ahí también las situaciones de aprendizaje, no solo en la sala de clases. Por ejemplo, a comienzos de año, en marzo, hacemos una caminata de inducción por el territorio con todo el equipo de la escuela, vamos a la mesa barrial, vamos a la capilla, a espacios autogestionados, vamos todos caminando por la pobla, hablamos con las personas de la sede, de la biblioteca, la capilla, coordinamos con los distintos espacios, los pobladores.

¿Cuáles son los fundamentos pedagógicos en los que se sustenta la Casa Azul?

Quena: Yo creo que es una mezcla. No somos educación popular, Paulo Freire niega la escuela como estructura, pero tomamos ciertos elementos fundamentales como el tema de la propiedad del saber. Ese es un primer elemento, el profe que está haciendo clases está aprendiendo de sus alumnos. Lo otro que hemos avanzado en el último tiempo es entender que la niña y el niño es un sujeto, y que es un sujeto distinto al resto, y eso lo hemos tenido muy presente, pensando que la diferencia es un valor, un valor que hemos ido reconociendo en la práctica. También está esta idea de que el curso y la escuela es una comunidad y quizás lo comunitario está muy fuera de lo pedagógico, pero es central y que hace que para los profesores no sea fácil, pero enriquece mucho, entonces ahí hay ciertos principios que nosotros recogemos de la educación popular y que son nuestra base.

Samuel: Nosotros tratamos de funcionar bajo un paradigma, que tiene que ver con la concepción social del aprendizaje. No hay diferencias entre el que sabe más y el que sabe menos, donde el contexto también es un elemento vital, también el afecto, el cariño, la igualdad, la horizontalidad, todas esas son cuestiones básicas para poder construir aprendizaje. Siempre tratamos de que el aprendizaje sea lo más colectivo posible, que más que el resultado académico, sea el resultado amoroso, el vínculo, la intención de vivir en comunidad, y eso te da lo otro. No ponemos lo académico en el centro, por supuesto que es fundamental, pero no importa que no se dé al 100%.

¿Cómo lo hacen en términos de gestión, no sólo en términos financieros, sino también en lo administrativo?

Quena: Primero decir que la educación se financia, ni siquiera por la matrícula, sino por la asistencia. Y cuando un niño no viene eso significa que necesita más recursos, la psicóloga, la asistente social, entonces es un sistema muy perverso, porque el que viene menos tiene más necesidades, pero funciona al revés. Después decir que, como somos pobres, y siempre hay pocos recursos, somos súper rigurosos, tiene que ser así, porque si cualquier cosa se nos sale del presupuesto, no nos alcanza. Y nosotros además tenemos jornada hasta las 18 hrs., entonces ahí recurrimos a los proyectos, porque muchas veces es necesario tener a los niños acá hasta tarde, muchas mamás afuera trabajando, los niños en la calle, entonces ahí necesitamos de los proyectos. Pero lo que más vale acá es el recurso humano, que es lo que más se requiere, porque además el recurso humano es creativo. Si uno piensa cuánto cuesta este proyecto, seguramente nadie hace lo que hacemos nosotros con los recursos que tenemos, con cursos de 12, 14, 16 niños, porque claro, no está nadie esperando la ganancia, la utilidad, no está la inversión, y de verdad que trabajamos con lo justo y, yo diría, con un aprendizaje de los equipos en la inventiva, la creatividad.

Y bueno, también es muy importante lo administrativo, aunque no está metido en la sala de clases, pero es muy necesario, porque hay mucha gente involucrada en esta iniciativa y hay que funcionar bien, entonces hemos podido incorporar a otros compañeros para poder llevar un orden, porque es lo que corresponde, porque hay personas trabajando acá, entonces hoy podemos decir que tenemos un equipo de administración. Y bueno, toda la definición del uso de recursos sale de un equipo colectivo, del equipo de gestión, de ahi salen las decisiones respecto a los materiales y todas las necesidades y desde administración decimos, no si corresponde o no desde la perspectiva de la necesidad, sino desde las posibilidades de los recursos. Pero el para qué se requiere, es colectivo, ahí está presente la mirada de las distintas áreas.

Samuel: Yo lo diría así: la casa azul es una casa, y es una casa pobre, y funciona como cualquier casa pobre de nuestras familias, donde la mamá, el papá, tienen que agarrar los pesitos y los distribuyen de acuerdo a todas las necesidades de la casa, y esos recursos que se usan en esa casa son usados con responsabilidad, con proyección, con sabiduría, con esfuerzo. Acá los recursos se han usado en los niños, para eso hay un equipo multidisciplinario grande, para atenderlos en distintas direcciones: hay un equipo de PIE con fonoaudióloga, psicóloga, psicopedagoga. Un equipo de convivencia escolar, con otra psicóloga, asistente social, educadora social, hay voluntarios. Tenemos un equipo de gestión completo, con representantes de cada uno de los estamentos. Entonces hemos querido constituir un equipo multidisciplinario que pueda hacerse cargo de las necesidades de los niños y niñas y cumplir con ello profesionalmente.

Lo importante está en el buen uso que le hemos dado a los recursos. La casa azul es una casa pobre y vive como vive cualquier familia pobre en nuestro barrio, entonces los recursos se distribuyen con ese criterio, y eso ha posibilitado que nos miren como somos, que no nos importa aparentar más de lo que tenemos, que no nos gusta ostentar, no está eso dentro de nuestros principios. Es una virtud que en nuestros territorios hayan espacios de estas características, donde no se levantan fantasmas donde la gente llega por la imagen, en la casa azul han llegado nuestros niños y niñas, nuestros vecinos, porque esta es una casa y funciona como cualquier casa, esa es una de las virtudes de esta experiencia en estos 30 años

¿Cómo hacemos para tener más casas azules?

Quena: No, las casas azules no debieran existir. Porque el Estado debiera hacerse responsable, el Estado debiera dar respuestas dignas a todos los niños y niñas, eso como primera cosa. Y después claro, la Casa Azul puede existir si es que surge como respuesta desde un territorio, ahí podría podría replicarse. Pero no creo que alguien pueda decir, instalemos una Casa Azul. Sí creo que pueden existir experiencias similares, pero tienen que surgir desde el territorio, porque nosotros somos parte del territorio, al menos el grupo inicial y que sustentó esto los primeros 20 años era un grupo de vecinos, un lote grande, y en el camino hemos ido encontrando compañeros también que vienen de fuera, pero yo creo que el tema del arraigo es fundamental, como una respuesta del territorio, no se puede construir esto como una idea preconcebida, esto se fue construyendo.

Samuel: Sí, nosotros no estamos de acuerdo con que existan proyectos como la Casa Azul, no debe ser, pero la necesidad nos obliga, sino nuestros niños van a quedar más tirados. Lamentablemente tiene que existir, como respuesta a una necesidad. Lo que sí nos gustaría es que en todos los territorios surjan experiencias que sean capaces de poner sobre la mesa las necesidades y jugarselas por ellas, y se puede.

¿Cómo aprovechamos entonces la nueva coyuntura que se abrió el 18 de octubre con la Revuelta Popular, y el momento constituyente en el que nos encontramos, para generar las transformaciones necesarias para que no existan más casas azules?

Quena: Bueno, yo creo que llegamos a este nuevo momento por la movilización popular, sino no estaríamos en esto, no estaríamos hablando de nueva constitución, eso se ganó en las calles. Y eso me parece fundamental, porque es la convicción que nos ha movido toda la vida, que se impulse la movilización popular. Pero creo que eso no va a estar mucho en la constitución, no va a estar la voz del pueblo ahí, no se si no nos alcanzó la movilización, o se adelantaron en el acuerdo, y bueno la pandemia también es un elemento que juega en contra, pero la voz de nosotros siento que no va a estar la voz de nosotros como pueblo, no están las condiciones para que digamos que el pueblo vaya a estar ahí. Si puede que vayamos a tener algo mejor, pero parte importante de lo que pasó, los millones que estuvieron en la calle a lo largo de todo el país, no vamos a estar ahí.

Samuel: Yo creo también que el panorama no está fácil, siento que estamos alejados políticamente como para que la constitución que se nos avecina sea la constitución que deseamos. Pero sí tengo la esperanza, y quisiera que a lo menos pudiéramos ganar un poquitito, si podemos ganar un poquito ya va a ser un avance en comparación a la constitución que nos. Si logramos que la educación sea gratuita, si logramos que no se cobre por asistencia sino por matrícula, si logramos que nuestros viejos tengan una pensión más digna, que tengamos libertad de sindicalización, si en la salud logramos mejorar la calidad, todo eso ya va a ser un logro valioso.

Y por otro lado, hay que pensar cómo somos capaces después del proceso constituyente, en la elaboración de esta nueva constitución, cómo logramos constituirnos como un gran movimiento social, con postura, con posición, con articulación, y que esta organización provenga desde el pueblo, desde los territorios. Si logramos que se articule un gran movimiento social en defensa de esas ganancias y que aspire a más, para nosotros va a ser una ganancia significativa. Yo creo que es difícil y complejo, hoy día vemos como las autoridades de este país, que lo han hecho trizas, están haciendo todo lo posible para copar los espacios y, lamentablemente a nivel popular, en los territorios, no se nos entrega la información como corresponde, no hay claridad, no hay información que te invite a tener claridades. Por otro lado tenemos una sociedad todavía compleja, sumida en el consumo, pero bueno, que ganemos alguito para nosotros va a ser una posibilidad de algo más en el futuro.

Es importante esa posición realista. Puede parecer pesimista, pero está sacada del cotidiano.

Samuel: Es que somos más viejos, yo creo que tenemos más incertidumbres, valoramos y apañamos la fuerza y la experiencia que están teniendo nuestros jóvenes en esto que estamos viviendo y creo que tenemos que seguir en esa línea. Nuestros jóvenes tienen que seguir, y hay que apañarlos, hay que seguir trabajando, tratando de apoyar lo que más podamos. Y nos da un poquito de pena, miedo por ellos, porque puede venir el apriete, y sabemos lo que puede pasar.

Fuente: Revista Tejer

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