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¿Comandante Marco?

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Marco

Por Julio Sánchez Director Periódico La Diagonal

“Mi comandante, todo está cercado. ¿Y cómo atacamos ahora?”, le dice un soldado al mítico comandante Marcos (o subcomandante, como también es conocido) del Ejército Zapatista de Liberación Nacional mexicano. En Chile, en tanto, el soldado Escobar, con lenguaje chilensis hace la misma pregunta a su amigo diputado. La respuesta, para satisfacción de él, se está materializando en estas últimas semanas.

Hijo de una leyenda política (por cierto que no es Carlos Ominami) inspiradora de varias generaciones bellamente ideologizadas, tiene el gen de su padre revolucionario que desafió a la retórica con esos hermosos discursos mueve masas, luego asesinado por la DINA y convertido en el “Che” de Chile. Hoy, su retoño añora ser presidente.

Marco; ágil, novedoso, mediático, simpático, ha sabido meterse en un terreno que hace un año atrás ni por si acaso pensaba estar. Menos la Karen. Atrevido con su conglomerado que le puso las lukas para ser diputado, jugó una carta llamativa y que tiene simpatía en gran parte de la ciudadanía chilena. Y es por algo. Levantó la voz (tal como Navarro, Arrate o Zaldívar, pero con menos pantalla) en una clase partidista infectada con las decisiones tan dictatoriales como las del tirano muerto, donde pesan más las ideas de los partidos, que el de las personas.

Hoy es la vedette de nuestra alicaída política. Salió como otra alternativa más de la izquierda (con cierto aire cargado al centro), lo que despertó una adhesión de ese público defraudado de las viejas (pero necesarias) ideas progresistas que nunca llegaron con la Concertación luego de la dictadura. Y que por cierto no van a llegar.

Marco se instaló en una agenda que hoy lo tiene como serio candidato a ocupar el sillón de La Moneda. Cuando anunció sus aspiraciones de plantarse como uno de los candidatos a la presidencia, claro que fue para hostigar al politburó concertacionista. Fue para meter ruido dentro de la coalición manejada por las marañas tipo mafias de los Lagos, Escalonas, Freis, Insulzas, etc. Nunca pensó seriamente en ser un presidente de Chile. Y claro, tampoco pensó en la “solidaridad” de los medios, que comenzaron a darle un poco más de tribuna, generando como pan caliente su acenso en las encuestas. Y hoy está ahí, instalado en un lugar que seriamente en un principio nunca pensó estar.

El fenómeno Enríquez-Ominami es un hecho, por más que la mujer fuerte de las encuestas en Chile, Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, diga lo contrario. Y el mismo Marco así lo asume. Si en un principio era una carta viable y esperanzadora para promulgar interesantes y necesarias ideas de izquierda en las políticas públicas de nuestro país, hoy instaló nuevas propuestas que trataron de acercar a ciertos sectores de derecha. Propuestas como la privatización de un pequeño porcentaje (pero privatización al fin y al cabo) de empresas públicas como TVN o Codelco, discutibles por cierto.

Y tiene las portadas de distintos medios. Los sociólogos, semiólogos, encuestólogos, opinólogos, y todos los ólogos deben estar vueltos locos con este fenómeno, bien parecido al de la Michelle hace 4 años y al de Obama en Estados Unidos. Pero ojo, el fenómeno y atracción política con la que cuenta hoy Marco Enríquez-Ominami se termina automáticamente al momento de pactar o transar con La Concertación. Eso es firmado. Porque se traiciona a esos potenciales electores que nada quieren con las figuras siniestras que gobiernan dentro del conglomerado oficialista, que el mismo Marco ha dicho que se encuentra desgastada.

Ahí, ni el soldado Escobar, ni el propio comandante, podrán conseguir una fórmula de ataque tan exitosa como la que hoy conducen.

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