Marcha contra la violencia de género: En memoria de Yetsabel Bustos González, 28 años

Foto: Nicole Ibarra

Por Andrea Ocampo Cea

Se llama Jeanette Matus y le mataron a su hija. Es insistente en aclarar que es la hija biológica de su pareja, pero que juntos hicieron una sola familia. Tuvieron tres hijos juntos. Los tres revolotean con pancartas alrededor. Pareciera que este es un evento que –para ellos- oscila entre la sorpresa y la angustia de ver a su mamá a punto de llorar luego de cada palabra que dice.

Hoy nos conocimos con Nicole, fotógrafa que también nació en la Juan Antonio Ríos. Cosa que me entusiasma de sobremanera porque a pesar de que tengamos diez años de diferencia, nos entendemos bien. Me avisa “¡Mira, qué fuerte esas pancartas!”. Son la familia Bustos-Matus. Hemos caminado dos cuadras juntos. Voy con amigos y, mediante ellos, aparecen unas galletas mágicas, muy veganas, dicen. Aparecen y desaparecen. Le doy una a mi mamá. Ella come porque es su segunda marcha y está más relajada. De hecho compra dos más, una para llevársela a mi abuela y otra para el camino. Hoy vino preparada desde la oficina, se trajo las zapatillas verdes con terraplén. Eso sí, me pidió que le trajera algo para el cuello, porque está helando mucho. La iba a acompañar una amiga, pero se bajó. Así que vino sólo conmigo.

No sé cómo pero terminé caminando con la señora Jeanette. Bajita, regordeta como yo, con canas de mujer lustrosa. Un tomate bien arriba, bien armado. Me dio vergüenza preguntarle cosas.

– “La felicito por venir a la marcha, esto le da un sentido diferente. Ya no es venir por ‘las mujeres’ en general, sino que también por las mujeres con nombre y apellido. Como su hija”.

-“Tengo que hacerlo mijita. No la vamos a olvidar”.

Los carteles llevan una foto de Yetzabel Bustos. La mamá lleva el: “Con ropa o sin ropa, mi cuerpo no se toca”. Sus hijos: “Yetsabel Bustos, 28 años” y por el otro lado “Justicia para mi hermana”. “Yetsabel 28 años, basta de impunidad”. En la foto, Yetzabel tiene una mechas de color fucsia y está sin lentes: es una selfie. Mientras que en las poleras que Jeanette les estampó a sus hijos, Yetsabel lleva lentes de color rojo. Todas exigen justicia.

-“A ella le gustaba verse bien. Todos los meses se cambiaba el color de esas mechitas. Ella se quería; ella era optimista. Le gustaba vivir”.

-“Y le gustaba pelear también” agrega su hermana chica. Se ríen ambas con ese recuerdo.

Seguimos caminando, sigo a su lado. Me cuenta del dolor, de la impotencia que se siente cuando la hija sale un día de la casa y ya no vuelve a entrar: “Iba a volver al otro día”. Solloza. La abrazo y seguimos caminando. Cuenta que su hija convivió durante un año con el pololo, que sufría violencia y abusos.

-“Ella habló. Lo denunció. Fue a los Carabineros. Pero no pasó nada. La mató, ese desgraciado, la mató. Y no quiero que se muera. Quiero que ese desgraciado viva, que viva mucho tiempo, que sufra. Que se de cuenta de lo que nos hizo. Que no pueda salir de la cárcel, ni en Navidad. Porque él nos dejó sin nuestra hija para esta Navidad. Que viva las mismas privaciones que nos hizo. Queremos que le den cuarenta años y un día. Eso es lo que pedimos”.

Cuenta que esto fue recién en octubre y que el Estado le puso un abogado que está llevando el caso. Que el Estado lo está pagando, pero que recién van a tener algún tipo de novedad en marzo, cuando los jueces y toda esa gente vuelva de sus vacaciones. Pero ella no puede no hacer nada. Su esposo está con depresión. Antes hablaba muy poco, porque es tímido. Pero ahora sí que no habla nada. Lo están llevando al psicólogo y aún así habla poco. No habla de esto, de la muerte de Yetsabel. “La muerte lo tiene tan callado. Sin palabras”.

Los niños están de turistas en una marcha de la que son protagonistas, parecen entender. No es primera vez que marchan, dominan la dinámica. Uno de sus carteles es un ataúd morado con rosado, tamaño cartulina escolar. Dice “No + Femicidios”. Pienso ¿a quién se le habrá ocurrido hacer un ataúd rosado atado a un tuvo de PVC? Se ponen para las fotos, sin monear y con cara de “a esto vinimos”. Le recomiendo lo mismo a Jeanette.

-“Desde octubre, cuando me la entregaron así, golpeada, con un cuerpo que no era el de ella; nuestra vida no ha sido la misma. Ellos entienden lo que está pasando, es su hermana. Ellos querían venir. Yo les conté y dijeron que me iban a acompañar. Pero como me enteré de esto ayer, por internet, no tuve tiempo para coordinarme con las vecinas. Me acompañan siempre, pero fue muy encima”.

Desenvuelve de su mochila un género blanco con letras cafés: “Ni una menos. Justicia femicidio # 20 de Yetsabel Bustos”. Les digo a los cabros que la apañemos. Abrimos la bandera de Jeanette. Mi mamá toma el lienzo y se pone a su lado. Los niños van adelante. El más chico se me acerca: “Tía ¿quién es usted?”, “Yo soy Andrea y soy periodista” le respondo. “Ahhh ya, bacán” y saltimbanqui va y viene con la pancarta de su hermana muerta. La marcha se detiene. Se sube arriba de los topes, juega entre las rejas de contención, mira con interés los puestos de venta de sushiroll, empanadas vegetarianas, bolsas con motivos de Mafalda y Frida Kahlo, las joyas de plata, los cintillos con flores, los carros de supermercado con agua minerales y bebidas al natural.

Una de las hermanas es grandota, se ríe fuerte. Nos parecemos. “Ella tiene un retraso” me dice Jeanette. “Sí, le digo yo, pero es poco”. La niña me mira y me sonríe. Cuando su madre toma el micrófono y cuenta cómo tuvo que reconocer a su hija en el SML, golpeada, asfixiada. Llora. La niña llora, no deja de llorar, se limpia los ojos y los mocos. Los niños se abrazan entre ellos. Se consuelan entre ellos, mientras su mamá cuenta la historia del asesinato de su hermana mayor. Nosotros estamos detrás, levantando su lienzo. Jeanette habla de la impunidad. De que nadie le va a devolver a su hija. Que ninguna mujer menos. Que su hija podría ser todas las hijas de las mujeres que están escuchando esto. Que sus hijos la acompañan a marchar para no olvidarla, para que nadie se olvide de que ella ahora no está. Que ella no está y pidió ayuda, pero nadie pudo, nadie quiso, nadie hizo nada. Ni una mujer menos, insiste. No queremos más machismo. No queremos más femicidios, ni más abusos. Los niños se ponen nerviosos porque Jeanette se exalta; los niños lloran porque su madre llora en medio de la Alameda. Llora en la Alameda con Vergara y se está acabando la marcha. Más de cien personas la rodean y la escuchan. Los pacos vienen atrás, quieren acallarlo todo. Los furgones y zorrillos están a dos metros y ella llora a su hija un viernes por la noche en plena Alameda.

– “Mi niño dijo que iba a esperar a crecer para hablar con el maldito que le hizo esto a Yetsabel. Que cuando se fue de la casa, él le dijo que la cuidara. Pero que no la cuidó. La mató. Lo dejó sin hermana”.

Me pongo a llorar. No sé si es porque yo sí puedo estar en esta marcha con mi mamá, o si es porque pienso en que esa mujer -que convivió con su pololo un año y luego apareció amordazada en una tina- también pude ser yo. Y no su hija. O porque hace tan poco estuve en esta esquina tomada de las manos con un total desconocido que me hacía creer en el amor. Leo una pancarta “El amor no cela, no grita, no pega, no humilla. El amor no mata”. La galleta está heavy. Le digo a mi mamá que le hable a Jeanette, quien temblorosa abraza a sus hijos, mientras responde cada una de las preguntas que le hacen las personas que se le acercan. Mi mamá me dice que no puede, que no está asimilando esto, que es muy fuerte.

– “Soy de Renca, mi esposo se quedó en la casa (…) Cuando murió mi hija, nosotros no fuimos al juicio, no nos apersonamos. Queríamos hacer nuestro duelo. Estuvimos un mes para adentro, solo entre nosotros. No dimos entrevistas. Salió en Chilevisión, en el Mega y en otras partes pero nosotros no hablamos. Estábamos en duelo. Además, teníamos la idea de tomarnos la justicia por nuestras manos. Eso es lo mínimo que se piensa cuando te matan a una hija. Es un dolor que no puedo soportar”.

Mi mamá la mira con los ojos abiertos. Mi mamá no llora. Tomo del brazo a Jeanette, vuelve su conchito chico y la abraza: “¿Estás bien mami?”. La pregunta se repite en todas las dimensiones posibles, Yetsabel nos preguntaría algo así también. La batucada lo enmudece todo y no se escucha lo que diferentes organizaciones pro Inmigrantes y pro Mapuche, sumaron al micrófono. De todas las personas que hablaron, tres fueron mujeres y dos hombres. Dos madres de hijas muertas a manos de su pareja y una chica que habló de un tal Pablo González que trató de matar a su amiga hace poco. Dijo su nombre muchas veces, invocando que no se nos olvidara. Mostró su foto. La gente la aplaudió, ella enfundada en su pelo azul eléctrico rabió a matar. Comenzamos a doblar el lienzo. Jeanette lo dobló perfecto y lo metió en la mochila. Tienen que ir a tomar la micro para la casa. Nos despedimos, confirmo su número de teléfono. Me dice que ella vino con su hija, que su hija está con ella. Me retiro absorta en esta sobriedad del dolor. Volvemos silenciosas, con mi mamá, caminando Alameda cuesta arriba. La invito a comer alguna cosa.

Ella camina rápido por la vereda. Pasamos frente a una lastimera Moneda que proyecta un #ChileSinFemicidios; una Moneda mentirosa y cínica, La Moneda de la Presidenta Mujer que no ha hecho nada por las mujeres que la eligieron. Mi mamá camina rápido porque es de noche, le da miedo que nos pase algo. Vive en ella el miedo de todas mujeres por la noche. Tenemos los brazos acalambrados por caminar con las manos arriba. Dice que está tan cansada que le hormiguea el cuerpo. Todavía no se retoma el flujo vehicular. Entramos a la schopería, nos sentamos en la mesa. “¡Qué rico! ¡Tenía hambre parece!”, me dice. Hoy veo que es una suerte comer juntas. Es una suerte volver con mi mamá de su segunda marcha feminista y saber que -así como está la vida- aún nos tenemos.

Justicia para Yetsabel Bustos.
Justicia para Jeannete Mattus y familia.

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Este femicidio apareció en la prensa así:

La noticia en TVN

“Reyes tenía una orden de alejamiento desde hace seis meses por presuntos maltratos en contra de la víctima con la cual, el detenido mantuvo una relación sentimental hasta mayo de este año. Al respecto, Fiscalía informó que los hechos se produjeron alrededor de las 21:00 horas del sábado, cuando un mensaje vía Whatsapp emitido desde el celular de la víctima, informaba a su prima sobre un supuesto intento de robo en el domicilio. Sin embargo, el texto no lo habría mandado Bustos, sino el presunto autor del delito, según consigna la investigación.” (La Nación)

“Al respecto, la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Claudia Pascual , condenó el nuevo femicidio ocurrido este sábado en la comuna de Renca, que cobró la vida de Yetzabe Bustos González, de 28 años. La ministra Pascual explicó que “nos estamos contactando con la familia de Yetzabe, para ofrecer patrocinio legal y el apoyo psico social”.(Terra.cl)

Fuente: Es mi fiesta

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