Violencia del Estado: En Chile se sigue torturando

Por Natalia Rivera, Revista Réplica

El 4 de agosto del 2011 fue un día determinante para el grupo de Observadores de los Derechos Humanos de “Casa de la Memoria José Domingo Cañas”. No podían creer lo que estaban viendo. Era como estar en guerra, como volver a Dictadura. Fue cuando decidieron tomar acciones, ponerse sus cascos azules y máscaras antigases, para salir a registrar lo que observaban, para denunciar con sus cámaras fotográficas. Desde ese día hasta ahora han continuado con sus labores, reflexionando acerca de lo que llaman su “ingenuidad”, su “ceguera”. Tatiana Doddis y Marta Cisterna, ambas observadoras, creen que nuestra sociedad vive en un sistema que está muy lejos de llamarse democracia.

Marta Cisterna, fonoaudióloga e integrante del grupo de observadores que asisten a las manifestaciones sociales y que ha vigilado el accionar policial desde el 2011, asegura que vivimos en una sociedad que ha “naturalizado” la violencia. Le llama la atención cómo hemos permitido durante tanto tiempo las distintas demostraciones violentas que se dan en el contexto de marchas y que son absolutamente “ilegales”. Controles de identidad, amedrentamientos, golpizas e incluso torturas. La observadora sentencia en una frase de Galeano: “Hemos guardado un silencio similar a la estupidez”.

Existe un trato violento y vejatorio con los manifestantes, y peor aún se puede decir: “En Chile se sigue torturando”, afirma Marta, quien añade que estos malos tratos, estas faltas a los Derechos Humanos son una cosa cotidiana, “algo que se da todos los días en comisarías de la periferia”.

Vemos como balearon a niños mapuches en el sur, el ‘gatillo fácil’ con que se reprime en las poblaciones. Personas que han perdido sus ojos con el uso del Paintball, como Enrique Eichin Zambrano. Y a nadie parece importarle. Incluso la sociedad parece aceptarlo. Los observadores son criticados por proteger al enemigo, al encapuchado: “Nosotros no vamos a mirar si tiene ‘capucha’ o no, aquí hay una cosa que se llama Derechos Humanos, y si la persona es detenida, hay ciertos protocolos que se tienen que cumplir. El protocolo no dice tortura, el protocolo no dice sacarle la ‘mugre’, no dice destruye su ojo con un perdigón”.

Caso: Los mutilados de Aysén

 

Teófilo Aros. Informe Observadores de Derechos Humanos 2011-2012

En febrero del 2012 se originaron una serie de manifestaciones en la Región de Aysén. Organizaciones de trabajadores y pescadores reclamaban por el alto costo de vida en el sector, por el precio del combustible, por los bajos sueldos y por estar en contra de la “Ley de pesca”. El conflicto fue muy mediático, pero pocos informaron de la brutal represión.

El equipo de observadores monitoreó Aysén y Coyhaique. Se hicieron talleres de Derechos Humanos en las fogatas y tomas de puentes donde los trabajadores se manifestaban. Y constataron, en un informe aterrador, que gran cantidad de personas fueron mutiladas.

En las protestas de Aysén, las Fuerzas Especiales no tuvieron consideración. Utilizaron perdigones de acero, en vez del paintball, lo que provocó la pérdida ocular de varios manifestantes. El caso de Teófilo Aros, es emblemático. Teófilo tiene el cráneo y el cuerpo perforado por los perdigones de acero que los Fuerzas Especiales repartieron a los manifestantes. Perdigones que no se han podido remover. El estuvo en el Hospital Salvador, y además perdió un ojo.

Marta Cisterna es enfática: “Si tu vas a Aysén te vas a encontrar con una población entera con mutilaciones en sus caras, la gente tiene cicatrices en la cara, porque la orden de Fuerzas Especiales en Aysén fue disparar al rostro”. Según Marta este mandato tenía una intención: “Tener una generación marcada de ayseninos que le van a mostrar a las otras generaciones—porque el rostro no lo puedes esconder— lo que les pasará si como población se levantan”.

Por otro lado el tema se vuelve más problemático cuando se trata de personas que no tienen los medios para defenderse. Marta Cisterna recalca que estas personas provienen de sectores populares, trabajadores, que quedaron sin trabajo, que no tienen abogados: “Esta gente perdió su fuente laboral, si tu pierdes un ojo pierdes tu fuente laboral”. La Iglesia y el Servicio Paz y Justicia (Serpaj) contrataron al abogado Cristián Cruz para que se hiciera cargo de las causas de algunos mutilados. Sin embargo, la justicia no ha llegado para ellos. Marta cree que la impunidad es indignante: “Salieron los nombres de los agresores y todo eso, pero no hay justicia. Ni siquiera en la justicia militar están procesados”, confirma Cisterna.

Los secundarios: Tortura y violencia sexual

 

Foto: Háctor Araya

Tania y Marta tienen en sus oficinas una gran cantidad de casos de adolescentes torturados. Creen que la represión para ellos es peor que para cualquiera. Es por ello que cada vez que hay manifestaciones prefieren ir a las marchas que son convocadas por secundarios. A las investigadoras les llama la atención y les preocupa especialmente que el mayor enemigo del Estado, sean los menores, los niños.

Cuando las observadoras hablan de tortura, no lo dicen al pasar. Ni para causar revuelo. La tortura está definida por la “Convención Internacional Contra la Tortura y Otros Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes” de las Naciones Unidas, a la que Chile adhirió en enero del 2009. Y es que según las observadoras “no se ha hecho efectiva”. Marta piensa que las autoridades de Chile “no han puesto en práctica el Protocolo Facultativo de la Convención”.

La tortura tiene que tener tres requerimientos básicos para ser considerada como tal. Primero tiene que venir de un agente del Estado. Segundo tiene que tener un objetivo; para confesar algo, para que la persona sea castigada, para darle una enseñanza. Y la tercera condición es que la tortura está hecha para denigrar a la persona. “Cuando nosotros descubrimos que una carabinera desnudo a una escolar en un baño de una comisaría. Eso es tortura. Viene de un agente del Estado, es una enseñanza, porque está en el contexto de un desalojo de una ‘toma’, yo te estoy castigando, y a la vez te estoy denigrando”, advierte Marta Cisterna.

Los desnudos son frecuentes en las comisarías. Los oficiales obligan a los menores a desnudarse. ¿Y qué es lo que pasa con estos jóvenes? Cuando te desnudas te sientes frágil y desprotegido. Es humillante. En este contexto, el desnudo es considerado tortura. Según Marta: “una cosa es que yo me quiera desnudar, pero cuando a ti te obligan a desnudarte, cuando te humillan. Eso es tortura”. Los adolescentes son desnudados y luego se les obliga a hacer sentadillas, “esto es atentar contra la dignidad del ser humano”.

Marta y Tatiana analizan el actuar de carabineros. Creen que lo que ocurre en las comisarías tiene como objetivo dejar una enseñanza a los secundarios: “No lo está haciendo para entretenerse porque o si no sería un psicópata. El tipo no se está entreteniendo, ahí hay una orden”. Según Marta esto ocurre no sólo por parte de carabineros, si no también, existen otros funcionarios que ellas han detectado como torturadores: “Un médico de la Posta Central, que es un funcionario público. Que recibe una persona que fue víctima de tortura, y que en vez de acogerla y de darle la atención que requiere porque es una víctima, lo que hace es decirle ‘Eso te pasa por andar hueviando’ ”. Se trata de una situación que Marta y Tatiana escuchan frecuentemente en los testimonios de las secundarias.

Las observadoras relatan el caso de un estudiante secundario, vocero estudiantil de Maipú, que el 19 de enero del 2012 fue víctima de estas prácticas. “El fue torturado, cuando digo que fue torturado te estoy hablando de que un carabinero (J. Vergara) le mostró los genitales en una comisaría”. Fue golpeado por ocho carabineros, el chico vómito, le hicieron limpiar su vómito, se desmayó, lo ahorcaron, perdió conciencia durante mucho tiempo. Lo tuvieron en un vehículo dando vueltas a todo sol en verano. Finalmente lo llevan a la Posta del Juan de Dios, lo llevan arrastrando, esposado. Un menor de 17 años. Y el médico no lo atiende. “Ahí hay otro funcionario público que está siendo involucrado en la tortura. Aquí hay distintos agentes que son cómplices de la tortura”, describe Marta.

J.S también sufrió algo similar. Tenía trece años cuando fue golpeada en el Mapocho por Fuerzas Especiales. Es una niña muy bajita de un metro y medio con suerte y flaquísima. A ella la golpearon en sus genitales, le dieron una serie de pateaduras que le provocaron un sangramiento vaginal. Fue llevada a la 18° Comisaría de Ñuñoa y en todo ese tiempo no recibió atención. Es más, siguió siendo maltratada. Pero ella estaba con una grave hemorragia y tuvieron que llevarla al Hospital Luis Calvo Mackenna. La niña llegó con heridas en su vagina y el médico del hospital no fue capaz de ayudarla. De hecho mientras la revisaba no dejaba de insultarle. Todo por haber estado participando en una toma de estudiantes. Marta cree que el médico en este caso “fue parte de la tortura. Porque estamos hablando de una niña de trece años, que requería una atención amorosa, y no el maltrato del médico, que se supone tenía que protegerla”. Tatiana incluso ha escuchado en los testimonios situaciones en que los médicos “ponen los puntos de sutura sin anestesia, como castigo”.

 

La violencia sexual es otro hecho gravísimo y que es parte de la tortura en comisarías, no sólo en contra de mujeres. Hay casos de hombres que también sufren esta situación. “El desnudamiento es violencia sexual, las tocaciones son violencia sexual, y también está lo verbal”. Como cuentan las investigadoras, llegó el caso de una joven que estaba aterrada en un furgón policial. Uno de los carabineros empezó a mirar a esta niña de 15 años de manera lasciva. Le empieza a decir cosas que “le gustaría hacer” con ella. Todo el viaje la fue amenazando. La niña pensaba que cuando llegaran a la comisaría el carabinero la iba a violar. Por suerte todo quedó en amenazas, “el tipo nunca la tocó, pero la torturó todo el camino”.

Los carabineros han sido capacitados en el lenguaje del torturador. Las investigadoras encuentran una relación en los testimonios que escuchan en Casa Memoria José Domingo Cañas y los relatos de las secundarias. “Es muy impactante cuando las compañeras que fueron ex-presas políticas en dictadura y que sufrieron tortura en manos de la DINA, leen las palabras que usan los carabineros de Fuerzas Especiales. Porque son idénticas a las palabras que usaban en los centros de detención con ellas”, explica Marta Cisterna. Es un lenguaje que ha sido usado sistemáticamente y que tiene el objetivo de amedrentar.

 

Marta y Tatiana creen que el enemigo interno no tiene edad. Los torturadores, estos tipos entrenados en la doctrina de la Seguridad Nacional, quieren erradicar la protesta: “Aquí el tema es la semilla, la semilla del descontento, hay que matarla desde que aparece, por lo tanto me da lo mismo si tiene ocho años, que si tiene sesenta”. Bajo esta lógica, las observadoras tratan de entender por qué la represión es más fuerte con los niños: “En el fondo, porque hay una semilla que está germinando, y yo necesito mostrarle el miedo, yo necesito que ellos sepan lo que les va a pasar cuando ellos salgan al mundo del trabajo. Necesito marcarlos y me da lo mismo que sean niños. Porque mi chip está orientado a destruir a este enemigo”.

Impunidad y ascenso

Los efectivos de Fuerzas Especiales han sido entrenados en la Escuela de las Américas, una institución que tiene una tradición torturadora proveniente de Francia. Y ahora tenemos una escuela más perfeccionada con todo un entrenamiento con los norteamericanos, incluso tenemos una base gringa en Concón. Marta describe que en la formación del carabinero es torturadora en sí, ya que ellos mismos prueban la cantidad de gas lacrimógeno que usan. “Ellos tienen un entrenamiento, donde están encerrados en una pieza, y les tiran gas lacrimógeno y sufren de asfixia. Entonces esa es la lógica de un torturador finalmente, y la DINA lo hacía también. Ellos se entrenaban en Rocas de Santo Domingo, un centro de entrenamiento para torturadores. Ellos también probaban ¿no? Porque tenían que saber hasta dónde…”

Para frenar esta situación, las observadoras son determinantes a la hora de señalar que ningún Fuerza Especial que tenga algún tipo de acusación debería ejercer labores. Marta cree que actualmente “el perfil del agresor” es lo que se busca al momento de seleccionar a los efectivos policiales. Hay un caso, por ejemplo, el del Teniente Jara, carabinero de Ñuñoa, quien se caracterizó en 2011 por ser el más agresivo con los estudiantes que estuvieron en las ‘tomas’ de los colegios emblemáticos de esa comuna. En ese tiempo era carabinero raso y el “más perro de todos”. La observadora lo define como un “agresor, grosero, maltratador. Era un represor nato”. Pero en 2012 el carabinero asciende a Fuerzas Especiales. Y no a cualquier cargo, si no que ascendió a jefe del piquete.

Mientras que los carabineros que son degradados por abuso policial, son trasladados a otros lugares donde pueden seguir ejerciendo con impunidad. Nada más que eso. Las observadoras piensan que cuando registran con sus cámaras la violencia ejercida a los Fuerzas Especiales no les importa: “Incluso posan, posan porque saben que no va a pasar nada”, lamenta Marta Cisterna.

Aún queda luz en el movimiento social

Lo que Marta y Tatiana cuentan refleja un panorama oscuro. Pero existen luces y las luces son los movimientos sociales. Las observadoras tratan de instalar el tema de los Derechos Humanos, de educar a la ciudadanía y de crear conciencia sobre estos temas. Este año a Marta Cisterna se le acusó de golpear a un coronel, lo que ellas consideran un “montaje” debido a lo controversial de su trabajo: “Estamos pisando callos. Y eso nos va a traer problemas”

Asimismo realizan todas las denuncias siguiendo procedimientos legales. No dejan nada al azar, como bien dice Tatiana: “Creemos que se pueden hacer valer los Derechos Humanos en Chile. Se pueden hacer denuncias, estamos ahí como pulgas en la oreja, no por nada nos hacen un montaje. Y porque además lo estamos haciendo por vías extremadamente legales y universales. Chile está ligado a convenios y acuerdos internacionales y tiene que respetarlos”.

Campaña “basta de tortura en Chile”

http://www.observadoresddhh.org/basta-de-tortura/

http://www.observadoresddhh.org/basta-de-tortura/fotografias/

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