“Vine a ofrecerte mis versos, qué otra cosa puedo dar…” En Antofagasta, “Donde Nelly”

NellyPor Myriam Carmen Pinto*.

Dicen que Nelly Lemus nació danzando, le llaman “La Pacarisca”, (Escondida en quechua); el nombre de uno de sus grupos de danza. También es poeta; sus poemas han sido llevados al mundo entero por importantes músicos y compositores. Pampina es el Taller de danzas que dirige ensaya y hace su puesta en escena en su casa que convirtió completamente en un centro cultural de la diversa chilenidad nortina; una maestra que se ha volcado al quehacer artístico y cultural, convencida de que es una herramienta de transformación y cambio social.

Es profesora, poeta, bailarina, coreógrafa, investigadora, gestora cultural, mamá, abuela y bisabuela. Cuando tenía apenas nueve años empezó a mover su cuerpo armónicamente. Desde entonces no ha parado más en lo que considera su “peregrinar” por el “gran salar y la pampa salitrera”. Desde Chañaral partió a estudiar a la Escuela Normal de La Serena, donde tuvo a su cargo el ballet y después como su cuerpo a veces también quería hablar, empezó a escribir poesía por las noches.

“No quise pedirles nada, solo traje mi cantar…”

Antofagasta la acogió en 1968. Trabajó en la Escuela Japón hasta que la exoneraron en 1985. Allí formó con los niños el grupo de danza “Pacariscas”, presentándose en actividades escolares y en la peña “El Tambo Atacameño”, que cerró sus puertas en 1980. Además de dedicarse a este quehacer – dice – que “para pasar el espanto” de los años de la dictadura militar, se dedicó de llenó a investigar lo que ha sido su eje artístico y cultural hasta los días de hoy: la proyección en la educación de los grupos promesantes y su integralidad en la danza. Miraba cómo movían sus pies y sus brazos; sus ritos y caminatas firme en la tierra. También les preguntaba por su gestualidad y las historias que contaban los bordados de sus trajes, concluyendo una presencia de una religiosidad popular e identidad colectiva que da cuenta del dominador y el dominado desde los tiempos de la conquista. Se había propuesto sistematizar sus observaciones, pero como en aquellos años la libertad de expresión estaba cercenada, optó por actuarlas y luego enseñarlas, diseñando para ello una metodología de aprendizaje que basada en el cuerpo y su apropiación como protagonista y el trabajo en equipo, abre espacios de comunicación, interpretación y de desarrollo personal y comunitario.

En los espacios políticos trabajó por la recuperación de la democracia en la Coordinadora Democrática de Mujeres y como animadora comunitaria y educadora popular desde el Servicio Paz y Justicia, Serpaj, intervino espacios públicos con una multitud de mujeres para vencer el miedo, usando el color, las formas y el movimiento. A los jóvenes les enseñó incluso a votar durante la campaña del No en 1988. El poeta Andrés Sabella le había dicho que la educación la podía ejercer incluso a la vuelta de la esquina.

Desde 1994 dirige el Taller de Danzas “Pampina”, que reúne a mujeres, jóvenes y niños de distintas edades, quienes bailan al compás de ritmos de música andina, morenadas y propuestas artísticas propias, entre ellas, por ejemplo, aquella que adhirió con ocasión del 8 de marzo de 2018, al grito colectivo, “Ni una menos”, pronunciándose en la calle por un “Basta de Femicidios”.

El grupo ha logrado presentar en un escenario a 50 adultos y cerca de 30 niños; todos ellos entregados a un público nuevo y o permanente que se reúne en su casa conocida como “Donde Nelly”. Y es que podría decirse que la convirtió completamente en un centro cultural, o mejor dicho una escuela de danza o quizás es una Peña Folclórica que también abre sus puertas a grupos y artistas locales emergentes y a organizaciones comunitarias que requieren un espacio para sus reuniones. Esta fue su respuesta una vez que se cansó de andar de un lado a otro, tratando de conseguir salas para ensayar. Así, a puntas de bingos, donaciones y presentaciones gratuitas de artistas, amplió su casa de material ligero para disponer de una enorme sala provista de tarimas destinadas al montaje de un escenario con focos, luminarias, equipamiento de sonido, camarines, cortinajes, una sala de reuniones y un taller de costura a cargo de confeccionar los coloridos trajes del grupo de danza, que cuenta además con un cuerpo de monitores y un taller infantil.

Ella vive al fondo en un pequeño departamento al cual se llega pasando primero por la amplia sala. De hecho, cuentan que sale y regresa, tras comprar su propio boleto de entrada a las tertulias artísticas que allí se organizan (calle Orella#1250) . En su familia, tres generaciones han seguido sus propios pasos. Su hija Lenka Vilicic y Luis Martínez, tienen a su cargo la puesta en Escena; su nieta Tania Jiménez es bailarina y monitora de danza; su bisnieto Cristián Guerra es integrante del Taller Infantil y con Ana María Lemus, su hermana, forman parte del equipo de apoyo.

“Vine a ofrecerte mis versos, qué otra cosa puedo dar…”

Aunque considera que mundo poético lo ha dejado más bien en los cuerpos, lo cierto es que sus poemas han recorrido el mundo entero de manera musicalizada por importantes músicos y compositores. El grupo Illapu tiene ocho canciones basadas en sus textos. “Arrurú la Faena (mamita obrera)”; uno de los tantos grandes éxitos del conjunto antofagastino, destacando además: “Morena Esperanza”, “Mamá Aída” y “Zampoña Queja del Indio”. Nunca ha podido olvidar aquel día cuando en plena dictadura recibió un cassette que le enviaba Roberto Márquez, desde su exilio en Francia. Era la canción que habla de la “mamita obrera”; una mujer trabajadora que gana “cuatro monedas” y cuyos brazos son la cuna de su niño que nombra como su “pedacito de luna llena”.

Entre otros artistas que han puesto música a su poesía se encuentran Tito Fernández (Coplas de una mujer) y el músico antofagastino, Fernando (Chepo) Sepúlveda (Pacarisca Danza al viento, Arco iris de niños, Camanchaca y Canción de despedida, entre otras). Con este último, produjo el disco Cd y libro “Mujeres Invisibles”, que aborda oficios y vivencias de mujeres del mundo popular de Antofagasta y una serie de villancicos que presentan para el día de la Pascua de Negros/ Día de Reyes; celebrando la tradición del “Alza del Niño Dios” que aún se mantiene en el norte de Chile y sur de Bolivia y Perú. Otra interesante actividad en torno a la navidad es la muestra de una colección de pesebres que Nelly Lemus ha logrado reunir a lo largo de su trayectoria.

Los músicos y compositores Claudio Araya, Alejandro Castillo, Sergio Cerda y Nelsón Stübing, también han incorporado sus poemas en sus repertorios.

“Sí la tierra me da vida, en un libro he de brotar…”

En Antofagasta siendo parte del movimiento Canto Nuevo, la música andina y de las agrupaciones de danzas promesantes convertidas en pasacalles artísticos, Nelly Lemus, bordeando los ochenta años, es reconocida un referente cultural que ha contribuido a promover, fomentar y difundir espacios para agrupar a mujeres, desarrollar talleres de creación colectiva, realizar y patrocinar cursos de perfeccionamiento y por sobre todo rescatar y promover el patrimonio identitario nortino.

“Cuéntame de la tierra salitrera, hija y madre siempre adelante abriendo nuevas sendas”; “vuelvo para encontrarte pampina, caminando por las calles”, dice la canción que interpretó Roberto Márquez, durante un acto de homenaje que le rindieron en 2010, junto al taller de danza y la Orquesta Sinfónica de Antofagasta. Ha recibido el Ancla de Oro y la Medalla del Centenario de Neruda; ambos reconocimientos por su aporte y entrega a la comunidad. Se suma a todo ello los homenajes que recibe día a día por parte de quienes han pasado por sus talleres y su casa que acoge solidariamente a la gran familia artística que se apoya entre sí.

A la hora de definirse, dice que es una mujer descendiente de la epopeya del salitre, su vencer al desierto y su accionar de resistencia durante durante la dictadura militar. Siguiendo la huella de su familia militante comunista, el pueblo ha sido su academia y su retroalimentación. De allí viene su fuerza. Su padre pirquinero, tiró palas en pleno desierto, fue alcalde de Chañaral y en la época de González Videla, prisionero político en Pisagua.

“Extiende la mirada por las inmensas llanuras incendiadas de sol”/ “acuñada desde la infancia en ese medio, su vida se hizo de esa tierra”/ “de ese contraste sobrecogedor, entre desierto planetario y hombre, el verso recoge autenticidad y sangre para vivir”, dijo Juvencio Valle (Premio Nacional de Literatura -1966 ), al presentarla en su libro “Descripciones”.

Dedicada libremente y a tiempo completo a lo que considera su razón de vivir, renunció al mundo de pareja. Y es que necesita más de 24 horas diarias para su afán creativo de cada día. Dice que tiene sus manos calientitas para continuar hasta el fin de sus días. “Ay! lamentos que me llegan/ ya mis huesos crujirán”… No quiere que la recuerden sino que la vivan.

Fuentes. Poema “La Despedida”, Nelly Lemus (Subtitulos y versos finales); entrevista personal en Antofagasta, con ocasión de invitación Feria Internacional del Libro Filzic 2018; “Conversando la Región”, Carlos Cantero; audiovisual Nelly Lemus Villa: La pampa con aroma de mujer, SIGPA – Sistema de Información para la Gestión del Patrimonio Inmaterial; Libros de Nelly Lemus: “Versos Caminantes entre música y Danza” y “Presentaciones en Sociedad”, (reeditado en 2015).. Fotografías: 1) Homenaje a Nelly Lemus (2010). Fotografía Corporación Cultural de Antofagasta. 2) Fotografías de danzas (Sistema de Información para la Gestión del Patrimonio Inmaterial, SIGPA) y archivo grupo. 3) Con Roberto Márquez y Paulina Lizana (Grupo Pampina) en la cocina de su casa (Facebook Nelly Lemus) 4) Con Fernando (Chepo) Sepúlveda.

* Periodista – Zurdos no Diestros (serie). Historias humanas de humanos demasiados humanos. mayo de 2018

Fuente: Gritografías en red

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  1 comment for ““Vine a ofrecerte mis versos, qué otra cosa puedo dar…” En Antofagasta, “Donde Nelly”

  1. maria
    23 Mayo 2018 at 22:08

    maravillosa mujer

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