VIH/SIDA: pensando positivo

Por Teresa Valdés, Observatorio de Género y Equidad

Estamos todos de acuerdo: es muy grave que no se haya notificado con prontitud a un número importante de personas cuyo Test de Elisa había dado un resultado positivo. El VIH/SIDA es un asunto de vida o muerte: de vida si es detectado oportunamente y la persona se incorpora a tratamiento de triterapia, de muerte si no es informada y llega a desarrollar la enfermedad.

Pero ¿quién es responsable de esta situación? ¿Él o la funcionaria del laboratorio que entregó el resultado, el servicio de salud donde se realizó el examen, el SEREMI de Salud, el subsecretario de Salud, la Ministra, o una sociedad que niega la diversidad sexual, que ha discriminado por años a las personas homosexuales y que tiende un manto de silencio sobre la sexualidad de sus integrantes? Una medida de protección frente a esta sociedad ha sido el requisito de confidencialidad impuesto por la Ley de SIDA a la hora de informar de diagnósticos positivos.

Porque entre quienes hoy día rasgan vestiduras y quieren quemar en la hoguera a funcionarios del Ministerio de Salud, se encuentran muchos que se han opuesto por años a la educación sexual en los colegios, a la conversación abierta sobre sexualidad y el VIH/SIDA y también a las campañas de prevención de esta enfermedad.

Y esa negativa ha tenido graves consecuencias en distintos niveles, cuyo eslabón final y más grave es la situación creada por los problemas de notificación de los resultados positivos. La ignorancia y el temor a la enfermedad, mucho más extendidos en los sectores socialmente vulnerables, están en la base de la gran mayoría de los contagios. Se trata de chilenos y chilenas que han sido víctimas de las decisiones de quienes controlan canales de televisión y otros medios de prensa y presionan a las autoridades para impedir la educación sexual en los colegios.

Pero hay otras víctimas de esta situación: en estas semanas hemos podido apreciar los niveles de ignorancia de periodistas, parlamentarios e incluso algunos profesionales de la salud. Han preguntado, por ejemplo, por qué no se dan a conocer masivamente los síntomas del VIH/SIDA para que las personas puedan reconocerlos y tomar medidas, como si fuera el cólera o una enfermedad respiratoria. O han sugerido que se busque a las personas seropositivas con apoyo de Carabineros, o que se busque a todos los contactos sexuales que han tenido las personas no notificadas como forma de detener el contagio.

Chile ha sido un país ejemplar en el abordaje de la epidemia del VIH/SIDA. Las autoridades de salud, en especial de CONASIDA, han tenido una comprensión adecuada de la naturaleza de esta enfermedad, que tiene un componente social y cultural que le dan gran complejidad. El trabajo con las organizaciones de los grupos más expuestos a contraer la enfermedad, así como el impulso a un cambio cultural entre el propio personal de salud y la formación de consejeros y consejeras en todos los servicios para eliminar progresivamente la homofobia y la discriminación y atender de la mejor forma a las personas portadoras del virus, han llevado a resultados epidemiológicos reconocidos en el mundo. Es por ello que el Fondo Global le otorgó recursos importantes, de modo de fortalecer un modelo de atención y poder replicarlo en otros lugares.

La situación actual es grave, pero tiene un lado positivo. Es hora de extender los acuerdos para que se realicen las campañas de información y educación en sexualidad que el país necesita, y para contar con una prevención eficaz, hacia todos los sectores, del VIH/SIDA. La revisión de los procedimientos, el perfeccionamiento de la ley, sin duda son necesarios, pero no son suficientes. La reestructuración de CONASIDA debe conservar la riqueza de su historia y construir nuevos caminos con las organizaciones sociales, actores fundamentales de la prevención y de la protección de la vida de tantas chilenas y chilenos. Es hora de pensar y actuar positivo.

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