Valoraciones políticas sobre la vida

Por Sebastián Jans / Tribuna del Bio Bio

Escalofriante, por decir lo menos, resultó escuchar a la autoridad política y conductor de la seguridad pública, expresar juicios de valor sobre el precio de la vida de un policía y el de un ciudadano común y corriente. El Ministro del Interior, señor Hinzpeter, ha establecido que la vida de un policía es más importante.

Tal desafortunada y carente de tino afirmación, debe ser corregida, antes que sea asumida por la policía como una política de gobierno.

La Declaración de Derechos Humanos señala taxativamente que todo individuo tiene derecho a la vida, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Ello implica que para todo Estado, toda autoridad política, todo gobierno, todas las vidas tienen un mismo valor, no importando su rol en la sociedad o la función que cumpla en determinadas instituciones, organizaciones o estructuras del desarrollo societal.

Entendiendo la lamentable pérdida de dos valiosos funcionarios policiales, cuyos asesinatos todos repudiamos, y que merecen la más drástica sanción penal, no puede perderse de vista la perspectiva que todo gobierno debe observar en el aseguramiento de la vida, aún de los imputados de delitos de sangre.

Por asegurar la vida de un policía, que todos queremos que sea una prioridad, no puede ponerse en riesgo potencial la vida de las demás personas. Imaginemos que un policía es atacado con riesgo de vida, en medio de una muchedumbre. Aplicando el planteamiento de valor del Señor Ministro, ese policía podría disparar indiscriminadamente para protegerse, ya que su vida sería más valiosa que los inocentes que le rodean. Los muertos que ocurran en un tiroteo en esas condiciones, serían consecuencia de la afirmación del Ministro: la vida del policía es más importante.

Es posible que, en su apasionamiento el Señor Ministro, no haya medido el alcance de sus palabras, por lo cual, debemos recomendarle que debe ser más prudente. Sus dichos, dada la autoridad que posee, pueden ser identificados como políticas de gobierno. Él es la autoridad política y debe asumir las implicancias que de ello se desprenden. La prudencia debe ser el sello de su gestión, más aún cuando se producen dolorosas circunstancias, como las enfrentadas por la Policía de Investigaciones el miércoles 23 de marzo.

El gobierno actual ha sido muy descuidado en las señales políticas que entrega. Durante bastante tiempo, incluso mucho antes de asumir, la señal era que quien cometía un delito, sin importar su relevancia, tenía que ir a la cárcel. Fue algo muy coherente como política, hasta que se produjo el incendio en la Cárcel de San Miguel, en que la lógica del sheriff se cayó a pedazos.
Hoy, la señal es establecer categorías sobre la vida de las personas, seguramente hasta que haya también consecuencias dolorosas.

No creo que el Señor Ministro del Interior sea un fascista, o que esté proponiendo una especie de Estado policiaco de Derecha. Lejos de ello, el señor Hinzpeter es un hombre con perfiles de liberalismo interesantes. Incluso ha postulado la idea de refundar la Derecha, para alejar la herencia de este gobierno de toda relación con el pasado del pinochetismo.
En importante, entonces, que se aleje de las tentaciones de ese pasado autoritario que tanto daño le hizo a nuestra sociedad, imponer la prudencia y solidarizar con la policía a partir de la firmeza de los valores presentes en los derechos humanos consagrados por la Humanidad.

El compromiso efectivo con el derecho a la vida, es lo que hace a un gobierno distinguirse por sus valores superiores, más allá de la guerrilla política y de los escapes emocionales frente a los acontecimientos cotidianos. El señor Ministro del Interior, debe ser más cuidadoso con sus palabras.

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