Unidad para Crear

Por Samuel Jiménez M.

Las contradicciones, conflictos y vacíos dan forma a una situación compleja que caracteriza la crisis chilena y que permite entender lo que sucede en otros países.

La exclusión de las mayorías sociales de los centros de decisión de la institucionalidad, parece estar en una etapa terminal.

La aparente derrota dada por la comunidad nacional a la dictadura y el regreso a formas democráticas y civiles, ha sido curiosamente un logro electoral, con un costo enorme, la aceptación de un modelo de abusos que ha dado paso a la consolidación del poder de una nueva clase política y de una red empresarial tan diversa, respecto de las actividades en que actúa, como fuerte por su capacidad y poder de acumular poder financiero y político.

La habilidad de los grupos de control merece al menos una reflexión. Sus aparentes derrotas lo consolidan y entonces ya es tiempo de revisar con mayor acusiocidad la singularidad del problema.

Los militares regresan a sus regimientos, pero dejan el modelo económico que se impuso tras el golpe de estado.

Ninguna actividad ha sido más rentable para los grupos económicos que el control y administración de los fondos de pensiones y las AFP en las que está el esfuerzo de millones de trabajadores es un capital que permite especular sin riesgo y asegurando sólo la existencia de ganancia para sus administradores, perdidas y costos son de cargo del mundo del trabajo.

Se abre la cobertura educacional, pero se ingresa el sistema al mundo de los negocios,y el movimiento estudiantil que ha tenido evidente respaldo de la comunidad, junto con “colocar sobre la mesa” el tema de la educación, lo ha legitimado y tanto el gobierno como el parlamento han dado a “sostenedores” y “controladores” un financiamiento mayor al que esperaban.

Ellos pierden pero se consolidan, el mundo del trabajo aparentemente avanza, pero legitima y termina administrando lo que combate.

Si vemos la realidad de Usa, Europa o de las “economías emergentes”, la situación es la misma, sólo hay cambios de nombres y lugares.

La necesidad nos convoca y proporciona un sentido de unidad tranversal, todo indica que serán las contradicciones del sistema de abusos las que lo derroten y que la tarea del mundo del trabajo es atreverse a salir de un sistema que se cae y crear alternativas sustentables, solidarias y justas.

Se requiere de grandes y profundas reformas, que permitan resolver los problemas de hoy y para ello es necesario una nueva institucionalidad, nuevos modos de producción y otra cultura de la vida.

Las elecciones muncipales, en el caso chileno, son una oportunidad para reconocer liderazgos locales, observar luego el mapa político y trabajar los nortes que las evidencias indiquen.

Nuevos partidos, nuevas alianzas sociopolíticas, pero a partir de la realidad y no sólo de la mesa de expertos y teóricos.

Cuando el mundo del trabajo logre valorar su propio poder, las victorias dejaran de ser aparentes y tomarán la forma definitiva de la realidad.

Es necesario reconocer el abuso global, nacional y el local, para que ni ellos ni los oportunistas, demoren los avances solidarios y justos.

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