Un proyecto necesario para transformar Chile



Por Julio Oliva García

Vocero de la Comisión FUNA

La coyuntura nos golpea, nos señala con claridad que nada puede ser cambiado en medio de la negociación con la institucionalidad vigente. La supuesta nueva propuesta del gobierno, entregada como documento a los dirigentes de manos del ministro Bulnes, contiene solamente más de lo mismo, no responde al fondo de las demandas del sector educacional ni menos a lo que la inmensa mayoría de los chilenos ha dicho a través de masivas marchas, de tomas, de paros, de barricadas, de fiestas, festivales y hasta de las encuestas, realizadas por empresas que no pueden calificarse de opositoras a la “clase política”.

Surgen voces de apoyo a la propuesta, todas de la ultraderecha nacional, algunos supuestos expertos en la materia, como el ex ministro concertacionista J.J. Brunner, se atreven a decir que “el documento denota improvisación”, sin señalar que él fue parte de gobiernos que abrieron más aun las puertas al lucro en la Educación, consolidando el modelo impuesto por la dictadura y haciéndose ellos mismo parte del negocio.

Otros, que modelan de ácidos opositores y se ponen al frente de las marchas, piden apurar la voz del Parlamento para abrir la negociación, como si en aquel antro de la antidemocracia algo bueno pudiese hacerse por las mayorías nacionales, como si sus compañeros “incluidos” no sufriesen el mismo desprecio del pueblo hacia toda la autodenominada clase política, solamente para tratar de alcanzar protagonismo que no tienen a nivel social ni popular.

Desde diversos sectores se llama a la unidad del mundo social en torno a diferentes, pero no contradictorias, propuestas. Unos hablan de la Asamblea Constituyente, otros de ganarles en el terreno de las elecciones, como también hay quienes se plantean la vía de luchar por que la Constitución acepte un plebiscito donde la sociedad pueda poner una de las alternativas y el resultado sea absolutamente vinculante para las autoridades de turno. Claro, también hay algunos que se plantean que derechamente el único camino posible es la revolución, aunque no dejan en claro cuántas divisiones tienen para aniquilar a las fuerzas armadas y derrotar a los dueños económicos y políticos del país.

Lo cierto es que cualquier alternativa que se escoja debe tener una correlación de fuerzas que la haga posible, por lo que se hace imperativo buscar formas de unificar caminos, propuestas y demandas para avanzar en esta rearticulación del mundo social que fuera desarmado durante la dictadura y desestimado por la Concertación para imponer cambios que, tal como lo prueba la evidencia, nunca quisieron hacer.

En la Asamblea por el Plebiscito, realizada el jueves 28 de julio en la Casa Central de la Universidad de Chile, participaron dirigentes de muchas instancias que se encuentran dando la pelea contra el modelo. Ahí llegaron ecologistas, estudiantes, docentes, dirigentes sociales, de derechos humanos, sindicalistas que están y no están en la CUT, nucleando un potente espacio que puede dar partida a la herramienta necesaria para provocar la transformación de Chile.

Allí pueden irse poniendo de acuerdo los dirigentes sindicales que “tienen tropa”, como dicen ellos, y que no están amarrados por la corruptela de la cúpula CUT, no debería importar si hoy están fuera o dentro de la Central Unitaria, si se fueron a la CAT, a la UNT o si tienen organizaciones poderosas y luchadoras como la CGT o CONGEMAR; lo realmente importante es ponerse de acuerdo en recuperar una Central Única de Trabajadores para Chile, con elecciones universales y pago mensual de cotizaciones, para evitar el fraude actual, y donde la organización no esté al servicio de los partidos –aunque se digan representantes de los trabajadores-, si no solamente de los trabajadores que serán quienes definirán su curso de acción.

En este espacio también se pueden coordinar acciones de los pobladores, allegados y deudores habitacionales, de los movimientos de derechos humanos, de las orgánicas estudiantiles, de los medios alternativos de comunicación, en fin, puede ser un espacio que funcione como posibilitador de estos encuentros y, a la vez, como herramienta de lucha, como generador de ideas y líneas de acción, como un referente distinto a los partidos tradicionales y con un funcionamiento absolutamente diferente, donde no sea la burocracia la que predomine, ni los intereses personales, ni las pequeñas aspiraciones de algunos, donde lo que realmente importe sea el futuro del país, el logro de la democracia real, la renacionalización de nuestros recursos naturales y de los servicios básicos, la construcción de un modelo educacional que permita a los pobres salir de la miseria y a Chile definir su propio destino.

La tarea de hoy es unir, organizar, luchar. Las formas que adquiera esa lucha dependerán de las resistencias que oponga la minoría enquistada en el poder político y económico, por lo que hay que estar preparados para todas las posibilidades y no caer en la ilusión de que los cambios se producirán por la toma de conciencia social de los que hoy lucran con todo.

De nosotros depende, de los jóvenes que hoy hicieron reventar esta institucionalidad y de los jóvenes que aprendimos, en medio de tanta derrota, que lo único cierto para el pueblo es que nunca estará vencido.

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