¡Ubernízate! construyamos una economía y consumo colaborativo

economia_colaborativaPor Pablo Rodríguez Arias
Los taxistas de varios países del mundo se manifiestan en contra de la vanguardista aplicación “Uber” y no nos debe extrañar: está dejando en jaque al negocio que ellos desarrollan y sostienen. Sin embargo, sí nos extraña, nos sorprende y molesta la reacción del Ministro de Transportes y Telecomunicaciones (y de varias autoridades que se han alineado a este discurso poco empático), que en vez de realizar un análisis y preguntarse “por qué Uber ha crecido tan rápidamente en poco tiempo”, opta por adoptar una actitud prohibitiva, agresiva y poco reflexiva, anunciando multas y retiro de autos si se sorprende a alguien prestando y ocupando este servicio.

En primer lugar, nos extraña esta actitud, ya que es desconocer un movimiento mundial que se está gestando como respuesta al agresivo sistema económico que cada vez más encarece la vida y no da soluciones a los millones de consumidores y consumidoras que se enfrentan a malas prácticas empresariales, malos bienes y servicios, un mercado altamente concentrado y altos precios. Para enseñarle algo al Ministro, le diremos que, desde aproximadamente el año 2010, se promueve desde la ciudadanía organizada y movilizada la llamada “economía colaborativa” y “consumo colaborativo”, que no son otra cosa que generar comunidades, relaciones e intercambios horizontales respecto a bienes y servicios que se promueven para la satisfacción de necesidades, donde predomine la confianza y colaboración. En otras palabras, son aquellas prácticas que desde siempre hemos realizado en nuestros grupos familiares o de amigos (pedirles dinero y luego devolvérselos; viajar de vacaciones o a algún lugar y compartir gastos; etc.), pero a escala mayor y a través de redes virtuales.

En segundo lugar nos sorprende, dado que este gobierno ha impulsado nuevos parámetros de modernidad del Estado, de emprendimiento, de innovación social y de otros conceptos rimbombantes, pero no es capaz de reconocer y reflexionar sobre esta nueva tendencia del consumo y economía colaborativa, y tampoco es capaz de adaptarse y vincularse con los consumidores organizados para retroalimentarse el por qué hoy se están desplazando desde el común servicio de taxis hacia Uber u otras plataformas similares.

Pero finalmente, nos molesta enormemente la acción de multar y “reprimir” la expresión de lo colaborativo, principalmente porque ningún Ministro de Transporte (de todos los gobiernos que han pasado y este) se ha dado el tiempo ni el trabajo de regular y normar el sector del transporte terrestre de pasajeros, dejando esto al arbitrio de los prestadores de servicios, con calidades y precios muy disímiles entre los oferentes. Creemos que la discusión no debe ser la ilegalidad del servicio (que muy discutible puede ser, y que para muchos de nosotros “no es tema”), sino las causas que provocan tal fenómeno. Ejemplo de esto es nuestra otoñal ciudad de Concepción, donde el sistema de taxis no tiene, en su generalidad, taxímetro u otro sistema de cobro objetivo por tramo o distancia recorrida, y sólo queda al arbitrio de la empresa o taxista fijarlo, cobrando en muchos casos tarifas desvergonzadas (por ejemplo, un tramo que en Santiago de Chile cuesta $2.000, en Concepción puede llegar a los $6.000). Pero además, tampoco hay frecuencia, ni mucha calidad en el servicio. No mencionaremos el sistema de transporte licitado ni tampoco el de buses interprovinciales o interregionales, donde hay una mayor desregulación y arbitrariedad.

Así las cosas, acá el llamado no debe ser a la multa, a la sanción y a la reducción de una práctica mundial que se posiciona muy fuertemente. Acá la respuesta debe ser la reflexión; debe ser el incluir de una vez por todas a los consumidores y consumidoras organizados (a través de las asociaciones de consumidores u otras expresiones similares) en la construcción de políticas públicas de transporte; debe ser el entender que el sistema económico actual está en crisis, y que debemos repensar y avanzar hacia nuevas formas de sobrevivencia y satisfacción de necesidades, como por ejemplo la economía solidaria, el comercio justo, la economía y consumo colaborativo, entre otros.

Ubernicémonos y avancemos hacia un Estado moderno, reflexivo, vanguardista y que protege tanto a la empresa como a los consumidores.
Pablo Rodríguez Arias
FOJUCC

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