Turquía: Se formó el Chapuleo (o como ser latino y entender lo que pasa)

El santoclaro

Protestas en Turquía

por Grettel Reynoso

No he querido confundir al Santo con el tema de las llamadas revueltas turcas. Desde que nació, esta criatura ha sido engendrada con sentires isleños y para ellos; dedicada a la tierra que me parió, que llevo a cuestas por medio mundo y de la que siempre quiero hablar, sobre todo cuando estoy lejos. Pero resulta que mis amigos y lectores quieren aprovecharse de mi presencia en Estambul para enterarse, por una voz más familiar que la de los titulares televisivos, de cómo andan las cosas por esta zona, tradicionalmente convulsa.  Además –lo confieso- no puedo evitarlo, no quiero… se viven momentos intensos en esta ciudad, capital de dos imperios, europea y asiática. Se vive mucho en estos días y sobre todo se vive.

No quiero abordar el tema desde mis inevitables mañas periodísticas. El Santo Claro me incita a contar más bien, qué ve, qué mira y qué siente una cubana por estas tierras otomanas que parecen despertar de pronto y defender su derecho de, al menos, pasársela bien.  Iré poco a poco, en breves capítulos, tratando de articular la historia, la experiencia, lo que se está viviendo por acá desde hace ya más de una semana.

I. Erdogan se desencadena

tayyipRecep Tayyip Erdogan, Primer Ministro de Turquía desde 2003 es un personaje singular. Llegó al poder como carta de triunfo del Partido Justicia y Desarrollo, que él mismo fundara junto a su actual vice Primer Ministro y el presidente Abdullah Gül, islamistas moderados y liberales, viejos colegas que acapararon los tronos del país y que ya empiezan a mostrar sus desavenencias producidas, precisamente, por el poder.

Carismático, populista, excéntrico, el gobierno de Erdogan ha sido el artífice del exuberante crecimiento económico de Turquía y de medidas democráticas que aspiraban insertar a la República en la Unión Europea, lo cual finalmente no ha fructificado y que, teniendo en cuenta el actual estado de la Unión, probablemente ha dejado de ser de su interés.

Pero en los últimos tres años, por dar un margen de tiempo estimado, el Primer Ministro ha ido mostrando su lado oscuro y hoy es una certeza para muchos que no solo intenta convertir al Estado secular turco en una República Islámica sino que básicamente, el tipo pretende hacer lo que le da la gana, tratando al pueblo como niños malcriados a los cuales se les dice “caquita” y se les da un manoplazo cuando se portan mal.

1ro de Mayo en EstambulEl último mes ha sido ya demasiado. El Primero de Mayo hubo gas y golpizas abundantes pues los manifestantes tenían prohibida la entrada a Taksim supuestamente por las obras constructivas que se estaban llevando a cabo en esa histórica plaza. Luego está la ley contra el aborto presentada el pasado febrero, que parece que se viene inevitablemente aunque no llega a consenso, más palos y gases en otras manifestaciones de orígenes diversos, encarcelamientos y represiones a intelectuales y activistas y las últimas declaraciones y proyectos sobre el alcohol, que han sido delirantes.

Tayyip no se limitó a declarar recientemente que la bebida nacional de Turquía es el ayran (una especie de yogurt acuoso y salado), lo cual ha dado tema al choteo nacional, sino que su parlamento se sacó de abajo’e la manga, así sin más, las nuevas regulaciones contra el alcohol que prohíben todo tipo de anuncios y publicidad, las ventas minoristas de bebidas entre las 10 pm y las 6 am y la expedición de nuevas licencias para bares y establecimientos a menos de 100  metros de una escuela o una mezquita. A los que ya las tienen se ha dicho que no se las cancelarán, pero algunos aseguran que lo más posible es que no se las renueven.  Dicho así, parece que no difiere mucho de las regulaciones de varios países europeos, pero debo explicar que en Estambul, especialmente en las zonas viejas y algunas de las más turísticas, debe de haber un promedio de una mezquita por CDR, o al menos unas cuantas por Consejo Popular (al que no entienda esta nomenclatura, lo siento, es difícil de explicar, recomiendo preguntarle a un cubano).

Pues eso, que el Tayyip con su más reciente desinhibición y sin reparo en sutilezas, se ha ido ganando el descontento de la gente y aunque sigue teniendo millones de seguidores, muchos que incluso le votaron hoy sienten un poco de vergüenza al reconocerlo. Las fuertes tensiones con Siria y las continuas amenazas de guerra contra el país vecino han despertado también movimientos pacifistas. Para colmo, sus negociaciones con el PKK kurdo tampoco fueron muy bien recibidas por los ultranacionalistas turcos y aunque los kurdos han tratado de mantenerse tranquilos para no boicotearlas sus banderas también están presentes en las manifestaciones.

Vamos, que el Primer Ministro no las tiene todas con la gente. Y aunque nadie imaginaba que las inofensivas protestas contra las obras en el Gezi Park devendrían en lo que se ha formado hoy en casi todo el país, la cosa viene de atrás, viene de una acumulación de excentricidades, prohibiciones y disparatadas arbitrariedades protagonizadas estelarmente por el señor Tayyip. Es más que un grupito de ecologistas en un parque y sin dudas,  diferente a la horda de “çapulcu” (saqueadores, maleantes) que declara Erdogan.  Gracias a él, la palabra ha cobrado un nuevo sentido en el plano jocoso y el ingenio popular. ¡Se formó el chapuleo! Everyday I’m çapulling!

II.  Gezi Park

Recuerdo que el año pasado, durante mi primera visita a Estambul, se habló de un supuesto proyecto (vi imágenes que circulaban por ahí) para construir una mega-mezquita en la Plaza de Taksim. Esa debilidad por las megaconstrucciones parece caracterizar al gobierno de Erdogan, que ya ejecuta un tercer Mega aeropuerto, se planifica un tercer puente intercontinental y se ha hablado incluso del Kanal Istanbul, una especie de versión artificial del Bósforo que convertiría a una sección de la parte europea de la ciudad en una isla.

Al regresar este año el proyecto de Taksim hablaba de la construcción de unas históricas barracas otomanas en el Parque Gezi, una de las pocas zonas verdes del centro de Estambul, que podrían convertirse en un gran centro comercial. Digo podrían porque nadie estaba muy seguro y es que la propia municipalidad de Estambul había desaprobado el proyecto. Sin embargo, el Primer Ministro declaró que las obras se llevarían a cabo de cualquier manera, porque sí, y en los últimos días de mayo empezaron a llegar las excavadoras.

gezi parkEntonces se formó el campamento. Un gran grupo de jóvenes ocuparon el lugar, montaron sus tiendas, hicieron sus conciertos, pusieron pancartas y sencillamente se instalaron allí para evitar la masacre ecológica y urbanística que se avecinaba. El 30 de mayo vino el primer desalojo, pero no fue suficiente para los defensores del parque, que reafirmaron su posición y hasta ganaron nuevos adeptos. Fue entonces, en la madrugada del 31 de mayo, que se desató el desenfreno policial: llegaron con carros de agua y gas, arrasaron los campamentos, echaron a todos por la fuerza y cercaron la zona.

Comenzó así el primer capítulo del llamado “chapuleo”, Joven turca: Çapulcucuando los manifestantes se trasladaron a la plaza de Taksim y luego a las calles adyacentes, huyendo del gas que impregnó todo el vecindario pero sin resignarse a la retirada. En la mañana del sábado muchos medios de transporte hacia el centro estaban cortados y los habitantes de la parte asiática protagonizaron una gran caminata tumultuaria atravesando a pie el puente del Bósforo para apoyar a los jóvenes de Taksim. Gezi Park fue la chispa que prendió el fuego en Estambul, un fuego que se extendería brevemente a otras latitudes de Turquía.

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