Trabajadoras de Casa Particular: las parientes pobres de la legislación laboral.

Por Natalia Flores / Observatorio Género y Equidad

En junio de este año, la Organización Internacional del Trabajo llamó a los Estados a suscribir el Convenio 189 y la Recomendación 201. Las nuevas normas de la OIT, establecen que los millones de trabajadores/as domésticos del mundo, que se ocupan de las familias y los hogares, podrán tener los mismos derechos básicos que otros trabajadores, incluyendo horas de trabajo razonables, descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas, un límite a los pagos en especie, información clara sobre los términos y las condiciones de empleo, así como el respeto a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, incluyendo los de libertad sindical y negociación colectiva.

Si miramos el escenario nacional, podemos encontrar que durante los últimos años, las trabajadoras de casa particular han conseguido importantes logros como el fuero maternal, igualar el salario mínimo con el resto de las y los trabajadores, días feriados libres, entre otros. La conquista de cada uno de estos derechos no fue gratuita, ya sabemos que la legislación chilena no propende a la sindicalización y que especialmente en aquellos sectores laborales feminizados y precarios, la organización de las trabajadoras es más compleja aún.

En Chile, la jornada actual de las trabajadoras domésticas es de un máximo de 12 horas diarias si éstas realizan su trabajo puertas afuera y de 9 horas continúas de descanso si habitan en el lugar de trabajo. Imagínese lo que es para una mujer, que normalmente trabaja en comunas apartadas a las que vive, trasladarse por al menos 2 horas de ida y 2 horas de vuelta para trabajar otras 12, o que en el caso de las “puertas adentro” que duermen a saltos porque a los patrones se les ocurre comer algo en medio de la noche. ¿En que momento del día están con sus propios hijos o hijas? ¿Cuando descansan? Ni pensar en dedicar tiempo para terminar sus estudios o avanzar en ellos, con el fin de cambiar en algún momento de oficio.

Es por eso, que la nueva normativa de la OIT se hace tan urgente y necesaria en nuestro país, tanto para que estas mujeres puedan contar con una jornada laboral digna e igual a la del resto de  los trabajadores chilenos, como para que las trabajadoras de casa particular puedan acceder a la anhelada negociación colectiva.

Recientemente, la Revista Qué Pasa difundió una carta del Club de Golf “Las Brisas de Chicureo”, recordando a sus socios no sólo el uso obligatorio del uniforme por parte de las trabajadoras de casa particular en sus dependencias, sino que además la restricción que ellas tenían de hacer uso de los espacios comunes de Club como el restaurante y las piscinas. Dicha misiva, generó una oleada de críticas visibilizando la discriminación y maltratos a que han sido sometidas históricamente las trabajadoras. Sus dirigentas hicieron públicas sus vivencias y demandas laborales. Rápidamente, el Congreso reaccionó y el Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular presentó junto al Diputado Gabriel Silber un recurso de Protección en contra del Club que fue acogido por la Corte de Apelaciones de Santiago. Por otra parte, los diputados/as Adriana Muñoz, Denise Pascal, Tucapel Jiménez y Osvaldo Andrade constituyeron una Mesa de Trabajo junto a las dirigentas con el fin de avanzar en la legislación de un Estatuto Especial -para ellas- en el Código del Trabajo.

Por su parte, el Gobierno tomó postura y la Ministra Matthei se mostró indignada con el “instructivo”, pero no hizo mención alguna al compromiso incumplido, hace ya 6 meses por el Gobierno del Presidente Piñera, en ratificar el Convenio 189 de la OIT.

Hoy cuando todo Chile se moviliza en contra de la desigualdad en la educación y en la salud, sería bueno recordar que las trabajadoras de casa particular siguen siendo el pariente pobre de la legislación laboral, que existe una deuda histórica con sus reivindicaciones y que ya llegó el tiempo de pagarla.

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