“Soy Nicolasa Quintreman Calpan, mapuche pehuenche, y hasta el final lucharé…”

escrito por MEV ,  TBB
nicolasaquintremanFueron casi diez años de lucha decidida en contra de la central hidroeléctrica Ralco, en el Alto Bío Bío. La ñaña Nicolasa y su hermana Berta, sacaron la voz y encabezaron la oposición a Endesa. Este 24 de diciembre, el cuerpo de Nicolasa Quintreman apareció flotando en las aguas del lago Ralco, el mismo al que tanto se opuso. En Ralco Lepoy le brindan el último adiós.
Fue en 1995, cuando las hermanas Nicolasa y Berta Quintreman empezaron a aparecer públicamente y sus voces y sus reclamos a tornarse cada vez más frecuentes: “Es nuestra tierra, nuestra montaña, nuestra agua, nuestra lengua. Las tierras no tienen precio, es nuestra riqueza y por eso seguiremos luchando”, aseguraban una y otra vez.

Empezaban así una larga y dura batalla contra la transnacional Endesa que para entonces ya construía la central Pangue, en el río Bío Bío y proyectaba la mega central Ralco, la que quitaba el sueños a las ñañas Quintreman.

“La tierra nos dio Chachao, no está en venta”, decía Nicolasa, que muy pronto se haría conocida y reconocida por su ironía y la forma tajante en que hacía sus afirmaciones. “No saldré con vida de mi tierra. Somos mapuche pehuenche nacidos y criados aquí y defenderemos el Bío Bío hasta el final”, fueron sus palabras en marzo de 1997, cuando el entonces presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle inauguraba la central Pangue.

Sin embargo, fue Ralco la que desató el conflicto al afectar directamente a 91 familias pehuenche de las comunidades Quepuca Ralco y Raco Lepoy, cuyas propiedades quedarían bajo el agua del embalse.

Fue lo que obligó a Berta y Nicolasa, hijas de Segundo Quintreman Calpan y de Carmen Calpan Paillon, a dejar su tranquila vida a orillas del Bío Bío y salir a enfrentar el mundo. El mismo motivo que las impulsó a subirse a un avión y llegar hasta España en busca de algo que finalmente no fue posible: detener la construcción de la megacentral Ralco. Fue una batalla muy larga. Casi diez años de peleas judiciales, de manifestaciones y protestas,
muchas de las cuales terminaron con detenidos y lesionados. De intentos de
acercamiento. De reuniones con autoridades y lobbys de todo tipo. Incluso con una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de la OEA y la presencia de Rodolfo Stavenhagen, Relator Especial de la ONU sobre Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Indígenas, quien en visita hecha a la zona a mediados de 2003 hizo serios cuestionamientos a la forma cómo se estaba tratando a la etnia pehuenche en el marco de la construcción de Ralco.

Entre tanta acción, protesta, manifestación y declaración, hubo hitos relevantes y que fueron marcando este lucha contra el poderío económico de Endesa: la inédita paralización de las obras de construcción  de Ralco, decretada por el entonces juez Mario Carroza, titular del Sexto Juzgado  Civil de Santiago, que el 8 de septiembre de 1999, acogió una medida precautoria en el marco de una demanda de nulidad de derecho público que había sido presentada por las hermanas Quintreman y otros pehuenches afectados en contra de Endesa y de la entonces Conama.

En su larga pelea contra Ralco, las hermanas Quintreman y el resto de los opositores la central, -apenas siete familias de un total de 98-,  tuvieron apoyo de distintos grupos y organizaciones,. Pero la pelea cotidiana, en el territorio, siempre la dieron ellas. Enfrentándose a diario con el poderío de Endesa, con el acoso constante, con la presión y la soledad que pronto empezaron a sentir.

Nicolasa tenía 56 años cuando empezó su lucha contra Ralco. Vivía modestamente, en la tierra que le dejara sus padres, a orillas del río que tanto amaba. Y para poder defender lo suyo, se vio obligada, junto a su hermana Berta, a viajar a donde fuese necesario. A veces se la encontraba en Concepción, otras en Santiago, pronto de vuelta en Los Ángeles o rumbo a Temuco. Casi siempre empezaba a hablar en su lengua, con un tono perentorio, de molestia, hasta de ira contenida, por verse forzada a dejar su tierra amada para, precisamente, defenderla.

Muchas veces repitió sus palabras que resultaron, de algún modo, proféticas: “Moriré en mi tierra”.

En entrevista publicada en Diario El Sur, el 8 de marzo de 1999, declaraba: “ …antes estábamos tranquilos, en paz, dormíamos bien. Ahora ni trabajamos por andar defendiendo lo propio. Esto es una ruina muy grande… No me voy a ablandar como el resto, mi futuro será siempre el mismo, no lo voy a cambiar”.

Y luego explicaba por qué no aceptaba permutar sus tierra: “No me interesa el dinero ni una casa con cocina. Tengo mi lugar, mi fogón y mi tierra para trabajarla. Tampoco quiero la luz que ofrecen, para eso tengo el sol… con eso estoy bien”.

Y con la misma convicción y  firmeza, aseguraba: “Prefiero morir con valentía, que salir en forma cobarde de mi tierra. Esa es mi posición y nunca la voy a cambiar”.

Pero la férrea oposición de Nicolasa y hermana Berta, y de las otras familias pehuenches, no bastó para frenar Ralco. El mismo intendente regional de la época, el DC Martín Zilic fue bastante categórico al afirmar que “Siete pehuenches no pararán Ralco”, en clara alusión al pequeño grupo de opositores que se mantenía batallando contra el gigante de Endesa y el propio gobierno, que respaldaba la iniciativa.

Es que pese a todo, contra viento y marea, Ralco siguió adelante. Y no sólo por la millonaria inversión de más 570 millones de dólares que estaba comprometida, sino porque esta central le resultaba clave para que la primera hidroeléctrica, Pangue, construida aguas abajo, pudiera funcionar sin grandes dificultades. Pero claro, también estaba en juego la credibilidad de la empresa. Así que había que seguir a cómo diera lugar. Tanto así que no dudó en invertir más de 30 millones de dólares en el plan de relocalización y compensación para las 97 familias pehuenches que debieron dejar sus tierras ancestrales. Para hacer frente al poderío de la transnacional, las familia que seguían resistiendo –en su mayoría mujeres- formaron la Asociación Mapu Domuche Newen (Mujeres con fuerza de la Tierra) a través de la cual hicieron escuchar su voz. Ahí estaban las ñañas Quintreman, Aurelia Marihuan, Mercedes y Rosario Huenteao y Juan Quintreman, el único varón que seguía resistiendo las presiones y amenazas para aceptar una permuta de la cual nunca estuvieron convencidos. Eran como David enfrentándose a Goliat.

Nadie pensó que podrían ganar. Por eso no habría sorprendido, que a medida que avanzaban las obras de Ralco, y se acercaba el momento en que se llenaría el embalse, inundando más de 600 hectáreas de terreno, no fueran pocos los que esperaran la simbólica imagen de las hermanas Quintreman en sus tierras ancestrales esperando su anegamiento, con ellas al medio.

Pero esa imagen no se dio. Por el contrario. En diciembre de 2001, más exactamente el 28, los opositores a Ralco casi se cayeron de espaldas cuando supieron que Berta, una de las emblemáticas ñañas, había firmado un preacuerdo con Endesa que podría acarrear la permuta definitiva de sus 4 hectáreas de tierra. A cambio de esa firma, recibió 10 millones de pesos. Pero Berta lo explicó como una “broma de inocentes”. “Qué acuerdo voy a adoptar…no soy ninguna tonta. Lo hice para sacarles algo”, aseguró.

Y aunque las Quintreman aclararon que no tenían ninguna intención de negociar, lo cierto es que Endesa estaba empeñada en lograr su consentimiento y no paró hasta conseguirlo. Fue así como el 12 de diciembre de 2002 convenció a Nicolasa, la que firmó un acuerdo según el cual sus 3,4 hectáreas de terreno serían permutadas por un predio de 77 hectáreas, ubicado a 15 kilómetros al noreste de Santa Bárbara, mucho más lejos de Ralco Lepoy donde ella vivía. Además se le entregarían 200 millones de pesos para la adquisición de ganado y herramientas. “En todo el mundo deben estar enojados conmigo, que me disculpen, pero no tenía cómo hacer mi trabajo, porque no tenía plata”, explicaba la ñaña Nicolasa cuando se le preguntó por qué había aceptado dejar su tierra.

Mucho más impactante fue esta decisión, cuando apenas dos semanas antes, la misma Nicolasa declaraba: “No voy a salir de mi tierra. No me interesa la plata, quiero quedarme donde estoy y voy a resistir hasta el final”.

Ya para entonces estaba desilusionada de todos. No quería saber nada con los grupos ambientalistas, ni tampoco seguir con acciones judiciales. Querían resistir y así lo dijeron públicamente, pero eso no prosperó.

“Me quedo aquí donde nací, donde está mi cultura, allí no manda Endesa ni el presidente”, decía la ñana Nicolasa.

Y vinieron los cuestionamientos -no todos públicos- porque con este acuerdo, se venía abajo el símbolo de la resistencia pehuenche en el Alto Bío Bío.

La propia Nicolasa comentó lo ocurrido y el porqué de esta decisión tan sorprendente: “El presidente Lagos no me apoyó, está con Endesa. A nosotras con mi hermana Berta nos dejaron solas, ¿qué puede una hacer? Una tiene que pensar para no perder todo y por eso conversé con Endesa”. Su hijo Víctor, enfermo y cesante, fue su gran argumento: “Yo no podía seguir como estaba, mi hijo enfermo y si me muero se queda sin nada, eso lo tenía que ver”.

Nicolasa nunca dejó de amar su tierra. Y fue allí donde finalmente murió. A sus 72 años, cansada, con un glaucoma avanzado, quizás con la tristeza de no haber podido impedir que Ralco se construyera, Nicolasa falleció. Una muerte trágica, paradojal, al ahogarse en las aguas del lago Ralco, al que tanto se resistiera. La ñana Nicolasa será despedida este viernes, en Ralco, en el último adiós a una mujer de menuda figura y carácter firme, que un día debió dejar la tranquilidad de su vida en el campo para- junto a otros pehuenches- librar una batalla que ya quedó en la historia.

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