Sordos y ciegos estamos

Por Pedro Cayuqueo / el post

La huelga de hambre mapuche debiera ser una bofetada en el rostro de todos. No tanto por lo que denuncia (fallos arbitrarios y abusos procesales existen en todos los sistemas judiciales del planeta, debemos reconocer), sino más bien por lo que implica. ¿Y qué implica este ayuno forzado que ya sobrepasa los 80 días? Créanme que muchas cosas. No es tanto lo que la huelga denuncia; es mucho más aquello que desnuda frente a nuestros ojos.

Son cientos los comentarios de chilenos de a pie que he escuchado en estos casi tres meses de movilización carcelaria. Los hay y de variados tonos, entre quienes apoyan y quienes critican la dramática medida de protesta.

De los primeros, están aquellos que solidarizan porque se trata de “mapuchitos” que -al igual que huemules y cisnes de cuello negro- merecen ser protegidos de la extinción; están aquellos que, por definiciones ideológicas, los consideran aliados estratégicos en “su” proyecto político emancipador del capitalismo mundial; los hay quienes ven en ellos el rostro sufriente de Cristo, acusado de los mismos cargos (asociación ilícita terrorista) hace poco más de 2 mil años por el Ministerio Público de Roma; y no faltan quienes los apoyan porque simplemente “hay que apoyarlos”, de la misma forma que mañana apoyaran una marcha contra Hidroaysen, la derogación de la LOCE, las uniones civiles homosexuales y cuanta reivindicación callejera se les cruce en su camino.

Entre quienes rechazan la huelga, los argumentos también son variados. Están aquellos a quienes -al igual que huemules y cisnes de cuello negro- les importan un pepino los “mapuchitos” y su posible extinción de la fauna chilena; están también aquellos que, por definiciones ideológicas, jamás considerarían aliados estratégicos a estos indígenas rojos entrenados por las FARC; los hay quienes jamás verían en ellos el sufriente rostro de Cristo sino más bien al pérfido Barrabas y sus secuaces; y no faltan quienes los rechazan porque simplemente “hay que rechazarlos”, de la misma forma que mañana se opondrán a una marcha contra Hidroaysen, la derogación de la LOCE, las uniones civiles homosexuales y cuanta reivindicación callejera se les cruce en su camino.

Y así llegamos al día 80, al 81, al 82 y al 83. Y ni siquiera sospechamos que no solo es la vida de los huelguistas la que se nos escapa de las manos; es la posibilidad de construir, en conjunto, un país distinto y más amigable, lo que nos dice peukayal (hasta luego) en cada bendita jornada. ¿Es posible una democracia que persiste en no reconocer la diversidad étnica, lingüística y cultural del país, la misma que nos aflora hasta por los poros cada mañana frente al espejo? ¿Es posible una democracia que invisibiliza y niega de manera cotidiana los derechos colectivos de los primeros habitantes de este territorio llamado Chile? ¿Es posible un país que se conforma con ser paisaje y no precisamente una comunidad de destino? Yo al menos no lo creo. ¿Usted no lo cree?

Entonces no relacione de buenas a primeras la lucha mapuche con la necesaria defensa de los simpáticos y amigables huemules; no mimetice nuestra lucha con ideologías importadas donde en vez de sumar resultamos al final del día casi siempre sumados; no se esfuerce en hallar a Cristo en nuestras rogativas y ceremonias ancestrales, cual de todas más pagana e irreverente frente a los dogmas religiosos occidentales; ni mucho menos solidarice (o reniegue) de nuestras banderas reivindicativas siguiendo la última moda movimientista de la temporada. Esto último no solo resulta inoficioso; ofende sobre todo vuestra inteligencia. Y la nuestra, que aunque algunos todavía lo pongan en duda, vaya si la tenemos.

Es lo que desnuda la huelga y lo que, desde hace al menos dos décadas, están planteando los mapuches y sus organizaciones a la sociedad chilena en su conjunto; ¿Será posible construir una democracia donde quepamos todos en nuestra diferencia? ¿Será posible avanzar algún día hacia un Estado plurinacional, orgulloso tanto de su rubiedad como de su morenidad, en el decir de nuestro gran poeta Elicura Chihuailaf? Ello, hasta el momento, sepan, que no ha sido posible. Y la culpa no ha sido precisamente de los mapuches. No ha sido posible para nosotros y a ratos mucho menos para miles, para millones de chilenos no bienvenidos en los alfombrados salones parisinos de la OCDE. De existir la ética en política, esto debiera avergonzar de manera transversal a toda nuestra insigne clase dirigente. Pero no se oye Padre.

Más allá del polémico “Juicio de Cañete” y la impresentable Ley Antiterrorista, sus perversos testigos sin rostro y los apaleos nocturnos en húmedos y fétidos calabozos policiales, los “otros” temas que pone en el tapete la huelga debieran convocar a todos quienes en Chile gustan de llamarse “demócratas”. Estructura del Estado, estándar del sistema democrático, modelo económico de desarrollo, nuevas formas de ciudadanía y representación política… tales son los temas gruesos que desnuda la protesta de los cuatro ciudadanos mapuches hospitalizados graves en la ciudad de Victoria. Pero no los vemos. En el día 84, sordos y ciegos estamos. Como si el ayuno lo estuviéramos realizando nosotros y no precisamente ellos.

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  1 comment for “Sordos y ciegos estamos

  1. Edelmira Carrillo
    8 Junio 2011 at 11:53

    Estimado Pedro…se te olvidó mencionar a aquellos que solidarizamos por conciencia social y política porque amamos la libertad como expresión máxima de los derechos humanos y porque somos del mismo grupo de ustedes…los excluídos del sistema social, político y económico que vive y profita de la exclusión, la explotación y la dominación. Nosotros los huincas somos tan dominados como ustedes, con una gran diferencia no contamos con la cultura salvadora que le da contenido a vuestras luchas, nosotros fuimos despojados de nuestra historia, de la amalgama cultural resultado de la unión de los pueblos. Nos protegimos a través de las vivencias, a través de los recuerdos y sabes? estamos mas solos que un pucho. Hoy buscando caminos que nos lleven a la libertad, a la solidaridad, a la corrdinación para construir un país que se exprese en una democracia capaz de contener la enorme diversidad étnica, cultural, sexual, religiosa que existe en Chile. Y ahí amigo debemos estar juntos, no podemos ser tan “negadores” de los otros, ni tan desconfiados, no es bueno para el enorme desafío que tenemos enfrente…Entonces habemos chilenos( mestizos en todos los casos, salvo excepciones) que estamos con los hermanos mapuche por amor, por sentir profundamente que los riesgos que corren son de vida o muerte…y esas posibles muertes son también las propias muertes…no lo olvides. Estoy segura que nos necesitaremos en el futuro, si de verdad nos duele la dominación de todo el pueblo.
    Un abrazo fraterno..seguiré en mi labor de difusión, con mis 68 años no puedeo marchar, pero puedo opinar, leer y solidarizar.

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