San Romero de América: el cura de los pobres canonizado por el Papa Francisco

El sacerdote salvadoreño, asesinado por la extrema derecha de su país en 1980, se convertió este domingo en el primer santo de la nación centroamericana. Para Marcial Sánchez, experto en la iglesia católica, la canonización de Romero hace justicia para Latinoamérica. Por Camilo Villa J.

Directo al corazón. La bala disparada por un francotirador fue certera: monseñor Óscar Arnulfo Romero cayó abatido el lunes 24 de marzo de 1980, a las 18:30 horas, mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador, capital de El Salvador.

A 38 años del crimen, el sacerdote católico fue canonizado por el Papa Francisco. Desde este domingo 14 de octubre, quien fuera asesinado por un sector de la derecha salvadoreña, será oficialmente conocido como “San Romero de América”.

Al Vaticano, llegaron más de siete mil salvadoreños, entre quienes se encontraba el presidente del país centroamericano, Salvador Sánchez Cerén, quien encabezó una delegación de autoridades católicas y estatales.

Y es que los salvadoreños esperaron años este momento. La figura de Arnulfo Romero se erigió como un símbolo de la lucha por el respeto a los derechos humanos, por la igualdad y la justicia, en tiempos que antecedieron a una guerra civil que costó más de 80 mil vidas, en un país que, en aquel entonces, contaba con menos de cuatro millones de habitantes.

Víctor Valle Monterrosa, embajador de la República de El Salvador en Chile, sostuvo a nuestro medio que la importancia de Óscar Arnulfo Romero tiene tres dimensiones esenciales: la política, la moral y la histórica.

Para el diplomático, la dimensión política radica en que su asesinato obedeció a la inquietud de la élite salvadoreña ante un sacerdote que predicaba contra el modelo económico imperante. El homicidio fue uno de los detonantes para la tristemente célebre Guerra Civil Salvadoreña, conflicto que Romero, quería evitar a toda costa.

La dimensión moral se ve representada –según Víctor Valle- en la congruencia entre lo que Romero dijo e hizo. En ello, el representante del gobierno salvadoreño en Chile ejemplificó con la vida sencilla que llevó siempre el sacerdote.

Y la dimensión histórica reluce en la relación que tuvo Romero en su calidad de autoridad católica con el pueblo, relación de igual a igual que antes no se había practicado.

“Es histórica porque Monseñor Romero representó un punto de quiebre en la historia reciente de El Salvador, porque desde una institución tradicionalmente conservadora como es la Iglesia Católica, él se erigió como un vocero de los sectores populares y fue conocido incluso como la voz de los que no tienen voz. Convirtió el pulpito de su Catedral –cuando él era arzobispo- en una cátedra de educación ciudadana y de concientización para educar no solo a los sectores populares, sino que para hacer conciencia en las élites de lo pertinente que era transformar el modelo económico”, explicó el diplomático.

Sin embargo, no todos entendieron la postura de Romero, de hecho, muchos en El Salvador aplaudieron su asesinato –el que dio la orden para matarlo es Roberto d’Aubuisson, fundador de ARENA, principal partido de oposición en el país.

Muy lejos de celebrar el homicidio estaba el Papa Juan Pablo II, sin embargo, la figura de Romero no era de su agrado. De hecho, el sacerdote salvadoreño se proponía como santo desde principio de los ’90, pero Juan Pablo II nunca accedió a que se concretara. Lo mismo hizo su sucesor, Benedicto XVI. Recién, con Francisco I, se concretará su canonización. Para Víctor Valle Monterrosa, esto obedece a la declarada admiración que siente el actual Papa por Óscar Arnulfo Romero.

“Los seguidores de Monseñor Romero, no solo en El Salvador, sino en todo el mundo, se preguntaban por qué no avanzaba rápido ese proceso. Para ponerlo de manera resumida, podríamos decir –tomando información de dominio público- que el Papa Juan Pablo II no veía con simpatía la figura de Monseñor Romero, mucho menos su beatificación y canonización. El Papa Benedicto XVI mantenía una prudente posición sin oponerse ni favorecer plenamente, y es cuando llega el Papa Francisco que, como un evidente admirador de Monseñor Romero, abre las compuertas e inicia un proceso que ha tenido, aparentemente, bastante aceleración”.

Para el sacerdote jesuita Nemo Castelli, la incomodidad que producía Óscar Arnulfo Romero en Juan Pablo II y Benedicto XVI se debía al latinoamericanismo que profesaba Romero, muy difícil de comprender para quienes vivían en otra realidad, como la europea.

“Juan Pablo II miraba desde el prisma polaco, que sufrió horrores con la invasión soviética. Y Benedicto XVI, siendo un teólogo brillante, no podía sino pensar desde Europa. No entendieron un catolicismo que movido por la fe en Jesús se jugara por la justicia y los derechos los humanos”.

En ese sentido, Nemo Castelli destacó la dimensión política de Romero, siempre identificado con la lucha social de los excluidos del sistema.

“Romero entendió que la fe, que la propuesta de Jesús de un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva, tiene una dimensión política. Se tomó muy en serio lo que pasaba en su país, estaba atento a las encrucijadas sociopolíticas de El Salvador de fines de los 70’s, pues confiaba en que Dios le hablaba de la realidad, de los campesinos empobrecidos, de los perseguidos, de los torturados, de los movimientos sociales, de las demandas por mayor justicia. Es ahí donde Dios actuaba. ¿Qué criterio utilizaba para reconocerlo? El de Mateo 25,31: Dios se identifica con los excluidos.

Si Óscar Arnulfo Romero estuviera vivo y se encontrara en nuestro país, ¿qué temas le preocuparían? Nemo Castelli lo tiene claro.

“Si pasara por Chile, me lo imagino preocupado por los excluidos en la periferia de nuestras ciudades, por la inclusión de los migrantes, de la gente en calle, de la comunidad LGTB, por el conflicto Estado Chileno – Pueblo Mapuche… y ofrecería propuestas de acción concretas. Es que Romero era un místico social”.

El historiador y experto en Iglesia Católica, Marcial Sánchez, explicó que, desde la Segunda Conferencia Latinoamericana de Medellín en el año 1968, el sacerdote centroamericano fue asumiendo la identidad de una América empobrecida y azotada por el modelo económico capitalista.

“Óscar Romero es un personaje muy importante dentro del proceso latinoamericano de liberación de los pobres. Era secretario de la Conferencia Episcopal en el año ’68 cuando se produce la Segunda Conferencia Latinoamericana de Medellín. En esta segunda conferencia, y por primera vez en esa reunión, los obispos toman el problema histórico del momento. Son capaces de poder expresar los niveles de pobreza y marginación que estaba viviendo América Latina, por lo tanto, es un hombre de su tiempo y, en la medida que fue asumiendo los mandatos de Medellín, fue colocándose de alguna u otra forma en una América morena que era una América que estaba sufriendo fuertemente, era una América morena que estaba siendo absorbida –hablando en términos económicos- por el mundo capitalista”.

Para Sánchez, Romero tenía una visión muy clara de lo que pasaba en el continente, y por eso se la jugó por sus valores desde el pueblo mismo. En ese sentido, se distanció de gran parte de sacerdotes católicos, a quienes les era más simple “levantarse por las mañanas e ir a sus parroquias para no hacer absolutamente nada”.

El académico, sostuvo que con la canonización de Óscar Arnulfo Romero se hace justicia para Latinoamérica, y ayudará para que, desde el catolicismo, se empiece a encauzar el rumbo desde el continente y no desde una importación de Europa.

Por último, Marcial Sánchez afirmó que la santidad de Romero radica en que fue capaz, al igual que Jesús, se subirse a la cruz y sufrir como lo hace gran parte de la población latinoamericana.

“Es un hombre que, efectivamente, la palabra de Cristo la lleva adentro, sin acomodaciones, -como dice el Papa actual- sin edulcorantes, sin colocarle ningún aditivo, es lo que es, y si efectivamente –como dijo Cristo- hay que estar con los pobres, él estuvo con los pobres, si dijo que había que sacar a los mercaderes del templo, sacó a los mercaderes del templo. Es decir, es un hombre que vive en vida la palabra de Cristo, no me cabe la menor duda, y yo creo que ese es el camino de la santidad”.

La ceremonia de canonización fue transmitida en vivo para todo El Salvador, país que es escenario de numerosas celebraciones en honor a su primer santo: Óscar Arnulfo Romero, el cura de los pobres, el contestatario, el asesinado. San Romero de América.

Fuente: Radio U Chile

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