Reflexiones ante una nueva conmemoración del golpe militar del 11 de septiembre de 1973

Testimonio escrito por Gabriel Reyes A. / Tribuna del Bío Bío.cl

De nuevo llega el 11 de septiembre, fecha que ha dejado una fuerte marca entre los chilenos, en uno u otro sentido, y que 39 años después sigue generado reacciones y opiniones de diversa índole. Gabriel Reyes fue una de las víctimas del golpe militar al sufrir detención y posterior exilio y en este relato entrega parte de su testimonio.

En mi condición de “sobreviviente” de ese nefasto periodo de nuestra historia quiero recordar (o dar a conocer, hay muchos que lo ignoran), que producto de la toma del poder por parte de los militares el Estadio Regional Esther Roa Rebolledo se convirtió en Centro de Detención de cientos de personas del mundo político, social, académico, cultural y deportivo de la región.

Luego de varios meses en que ese campo deportivo cambió su función por la de cárcel, un grupo cercano a las 100 personas fuimos desterradas a más de 1500 kilómetros de Concepción, yendo a pasar varios meses de encierro en la nortina ex oficina salitrera de Chacabuco en la Región de Antofagasta, iniciando así un largo recorrido por diversos campos de concentración como Tres Alamos, Ritoque y Puchuncaví en la Región de Valparaíso para que luego de ello, un grupo no menor fuera lisa y llanamente -y sin juicio de ningún tipo- expulsado fuera de Chile.

Una parte importante de estos ex “prisioneros de guerra” fuimos finalmente desterrados a México, Panamá, Venezuela, etc, marcando nuestros Pasaportes con la fatídica letra “L” que nos impedía regresar legalmente a nuestro país.

Del centenar de prisioneros penquistas enviados a Chacabuco y al exilio hoy aproximadamente un 20% ha fallecido, un grupo cercano al 30% vive en el exterior y otro 50% sobrevivimos en la Región del Bío Bío u otras partes del país.

La mayoría de nosotros, jóvenes y vitales en 1973, hoy somos “adultos mayores”, enfermos, nostálgicos, en muchos casos con enfermedades que son secuelas de la tortura pero siempre soñando en que un mundo mejor es posible.

Nuestras familias y amistades conocen de las dificultades que debimos pasar durante muchos años, por eso, hoy como ayer, ratificamos nuestra fe y confianza en la democracia.

Por Gabriel Reyes A.

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