Referentes desubicados

Por Wilson Tapia Villalobos

En este maremágnum provocado por la crisis civilizatoria en que vivimos, Chile es vapuleado de manera inmisericorde. Sus referentes se perciben cada vez en forma más difusa y los mensajes que emiten resultan contradictorios y por lo mismo contraproducentes. Para algunos, es el resultado de la utilización, de forma casi exclusiva, de la racionalidad y la técnica en la toma de decisiones políticas. Lo que se refleja en que la economía -y no la política- guía la elaboración de políticas públicas. Y los resultados son una realidad paupérrima en términos valóricos. O, dicho en otros términos, con propuestas incapaces de considerar al interés general como objetivo último. De allí que, obviamente, les sea casi imposible descifrar las demandas de los nuevos factores sociales que comienzan a aparecer.  A quienes los referentes desconocen, ignoran por conveniencia o consideran un peligro para sus posiciones conservadoras. En resumen, aquellos que debieran guiar los pasos del país hacia el futuro, no están cumpliendo tal labor con su pueblo.

Por ello, es comprensible la percepción que tiene los chilenos respecto de sus instituciones democráticas esenciales, como el Parlamento, la Justicia, el Gobierno, los Partidos.  Y por ende, de los actores humanos que las operan: dirigentes políticos, parlamentarios, presidente de la República, jueces. Tal visión no es una actitud irresponsable de jóvenes inexpertos o de descontentos sin razón. Es la consecuencia directa de la ausencia de una dirección que se perciba en beneficio de todos.

Los elementos para llegar a la conclusión que esbozo están a la vista todos los días. Como en el caso de la ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, que criticó un fallo de la Corte Suprema por paralizar las obras para la instalación de la  planta de generación eléctrica Castilla, que operaría a partir del carbón. Su instalación estaba prevista en la Tercera Región.  Se trata de un proyecto resistido por la comunidad de Totoral,  y por pescadores de Punta Cachos. Consideran que afectaría gravemente su calidad de vida. Al parecer, la secretaria de Estado estimó vulnerado su ámbito de acción por la decisión del máximo tribunal.  Otra mirada, sin embargo, podría develar que los jueces tuvieron que hacer el trabajo que a ella correspondía en la protección del medio ambiente.

Los ejemplos abarcan prácticamente a referentes de todos los ámbitos. En días recientes, el arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, fue entrevistado por el diario El Mercurio.  Obviamente, el prelado necesitaba ese espacio para profundizar sus dichos en el Tedeum de las Fiestas Patrias. Para nadie es un misterio la situación en que se encuentra la Iglesia Católica en el mundo y en el caso particular de Chile.  En ambas esferas, su pérdida de influencia es manifiesta. Tratando de acercarse a las posturas de amplios sectores de la población, aseguró que “cuando los jóvenes se revelan contra el lucro, tienen razón”. Dijo, también, que su Iglesia no es fundamentalista y que confía en no seguir sirviendo de mediadora en los conflictos que sacuden al país.  Una claro intento por bajar el perfil político que su institución siempre ha tenido entre nosotros. Además criticó la falta de equidad en la distribución de los bienes “que pertenecen a todos”. En resumen, un esfuerzo por mostrar una institución remozada que ya ha hecho su mea culpa por los abusos sexuales cometidos contra jóvenes confiados a su dirección espiritual.

Sin embargo, son dichos que hasta el momento no resultan refrendados por hechos. El lucro en la educación  la encabezan liceos  de orientación católica.  Y en los que, además, se segrega por condición económica.  Incluso abriendo establecimientos diferenciados en comunas de ingresos distintos. Una práctica que aumenta la segregación. Tampoco está claro el alejamiento del fundamentalismo. Temas que van ganando espacio en el nuevo paradigma que comienza a dibujarse, la Iglesia Católica chilena los rechaza.  Para ella ni siquiera debiera abordarse la situación de las parejas del mismo sexo.  Y no hay que olvidar que Chile fue el penúltimo país en aprobar la ley de divorcio. Tampoco se trata de manera adecuada la realidad de la mujer. Comenzado por rechazarla en el seno de sus pastores y relegándola a un lugar secundario.  Pero en esto no es sólo la Iglesia Católica la que está en deuda.  Uno de los principales referentes del laicismo, la Francmasonería, también se encuentra anclada en un pasado que no habla de libertad, ni de apertura de pensamiento.

El presidente del Senado, el socialista Camilo Escalona, ha desconcertado a muchos de sus seguidores con su posición frente a la posibilidad de llamar a una Asamblea Constituyente.  Su argumento es que Chile no se encuentra en una situación tan precaria que la haga necesaria. Para él, la ciudadanía no tendría derecho a querer cambiar una Constitución armada por una dictadura y que ha llevado a Chile a una postura de rigidez extrema en la aplicación del modelo económico neoliberal. Y él es un líder socialista.  Un referente.

Con razón muchos piensan que nos hemos quedado sin referentes a los que escuchar y respetar.

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