Radio La Tribu festeja 25 años ampliando su campo de acción

Una celebración más allá del micrófono / Por Facundo Gari

No es que los programas de la radio hayan perdido peso o sean secundarios: los responsables de la FM de la calle Lambaré señalan que la apertura a otras actividades y las decisiones tomadas de modo asambleario colaboraron para una nueva dimensión del proyecto.

Si la anécdota fundacional que se cuenta en las empresas radiofónicas tradicionales es la de los “locos de la azotea” –sobre los cuatro estudiantes de medicina que realizaron en 1920 la primera transmisión de la Argentina–, en las emisoras comunitarias porteñas podría narrarse la de la vez en que a FM La Tribu (88.7) una vecina de Almagro le confiscó la antena de la terraza del departamento de la calle Gascón, antes de la mudanza a la cercana casona de Lambaré 873. El relato sería a razón de lo pintoresco del hurto, porque el silencio de ese hiato sin “torre” transmisora es opuesto al carácter del éter tribal. “La Tribu es un espacio por el que pasan voces y sentidos disímiles”, caracteriza Analía Fernández Fuks, del área de Comunicación y el programa La mar en coche. El asunto de la vecina fue en 1989, hace 25 años, apenas después de que el grupo de jóvenes de Comunicación de la UBA debutase en el dial. Ese cuarto de siglo de comunicación comunitaria y autogestiva tuvo su celebración oficial el jueves en Groove, con recitales de Las Taradas y Sara Hebe. “El problema fue encontrar alguien en condiciones para operar las consolas el viernes”, tira entre risas Agustín Sinibaldi, justamente operador técnico, en diálogo con Página/12.

Aunque no sería poca cosa, es impreciso hablar de La Tribu como si fuera sólo una iniciativa radiofónica. Por empezar, cuesta imaginar a sus trescientos participantes semanales congregados en el estudio. “Hace un tiempo se dice ‘La Tribu’, sin el ‘FM’, porque son diversos los espacios en los que laburamos”, suma Natacha di Persia, del programa Sonidos clandestinos. Fernández Fuks avala: “Me ha pasado preguntarle a alguien cómo conoció la radio y que me responda: ‘¿Hay una acá?’”. Incluso hubo un demo rotando en 2007 que decía “La Tribu es una radio, ¿sabías?”. “Ahora decimos que no, que no es sólo eso”, añade la periodista. A nivel interno, es una experiencia emblema de autogestión y militancia, cuyas características no se quedan quietas, conservan el gen mutante. No hace mucho no existía un área llamada Territorio, que Di Persia integra y que se encarga de las actividades en el bar y el auditorio, zonas que completan un centro de capacitación y una isla de producción audiovisual. “Siempre hablamos de ‘en el aire pero con los pies en la tierra’, de desarrollar espacios poniendo el cuerpo”, cuenta. A nivel externo, además de un medio de comunicación ha sido un fructífero gestor de cultura emergente: desde ferias de comida vegana y jornadas de copyleft a campeonatos de ping pong con obstáculos y festivales de cortos animados, en muchos casos de la mano de la especificidad de organizaciones hermanas.

En general, La Tribu es una movida con un modo de relacionarse que desdibuja los límites del adentro y afuera: allí aparece la horizontalidad como alternativa al verticalismo. “La organización fue adaptándose a las necesidades de los participantes y los momentos del colectivo”, reseña Sinibaldi. “Desde que La Tribu se fundó, tendió a la apertura de los espacios de decisión. Ahora hay una asamblea, que es la dirección política y está compuesta por unas treinta personas; y la coordinación, que tiene unas quince, ejecuta las decisiones consensuadas y resuelve las cuestiones cotidianas.” ¿Cómo se deciden los proyectos? “Con horas de debate”, responde Di Persia. “Por ahí es más complejo o agotador que el verticalismo, en el que un jefe te dice qué y cómo hacer, pero es mucho más rico el debate en las asambleas”, aporta Fernández Fuks. Para la integrante del área de Territorio, la responsabilidad es mucho mayor que en un trabajo convencional. “No vas a intentar disminuir la explotación fumándote un pucho media hora. Elegís el laburo y sabés que si no cumplís no estás cagando a tu jefe sino a un compañero. Eso cambia una relación mercantilizada por una que tiene más que ver con la conciencia colectiva y el amor.” Sinibaldi todavía se pregunta si su hacer allí es un trabajo o una militancia, y el bello dilema aparece con los laburos propios (o apropiados) que “coinciden con” o “surgen a partir de” convicciones propias. “Es un trabajo porque hay que venir todos los días y hacer cosas que no nos gustan, pero es militancia porque hay una decisión política”, sopesa.

Aún pisando el aniversario, “éxito” es una palabra alejada del vocabulario tribal en un mundo que bastante la emparda al dinero. Pero al mencionarla Fernández Fuks recuerda la bajada “Apagá La Tribu y hacé tu radio”, una invitación a que los comunicadores en potencia se vuelvan comunicación potente. “Cuando cursé periodismo, mis compañeros decían ‘cuando salga de acá quiero ir a tal gran medio’. Yo decía que quería estar en La Tribu. Y desde entonces nacieron un montón de radios en un montón de lugares. No sé si es éxito, pero ver tantos proyectos en el mismo camino está bueno.” En esa dirección, la emisora integra la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc).

Sinibaldi va a la raíz de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. “Más allá de que tengamos reservas con respecto a su aplicación, creo que es un triunfo no sólo de La Tribu sino de todo el movimiento de radios que peleó por una comunicación democrática durante treinta años. Fue una ley gestada desde abajo, más allá de que en los últimos años el Gobierno haya hecho un montón de debates y audiencias. Con ejemplos así suena menos utópico que las radios comunitarias también cambian el mundo.” No deja de añadir una distinción central respecto de los medios comerciales: “No los dirigen periodistas sino contadores o abogados que ven números, no comunicación. Los medios autogestivos piensan su agenda en función de si es importante para el vecino, la sociedad, el mundo. Eso solo ya cambia todo el paradigma: aparece realmente el interés del colectivo y un periodismo más genuino, más puro”.

Fuente: Página 12

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