Producción de contenidos: ¡urgente!

Página 12 / Por Eva Fontdevila y Emanuel Gall * Desde Tucumán

La sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual abrió la puerta “grande” de la comunicación a los comunicadores populares. Otorgó a las organizaciones sin fines de lucro la oportunidad de ocupar el 33 por ciento del espectro radioeléctrico. La posibilidad de contar con licencias es fuente de tranquilidad para cualquier colectivo, pero a su vez es la llave para el acceso a subsidios y créditos. Desde ese punto de vista, todo medio de comunicación aspira a la legalidad.

El panorama de la “propiedad” de los medios se está alterando en el país. Las radios comunitarias han conquistado con esta ley muchos derechos. Y discuten actualmente sobre financiamiento, acceso a pauta publicitaria oficial y privada, entre otras cuestiones.

Muchas radios comunitarias, alternativas, populares, se han formado con apoyo de organizaciones internacionales o sus pares. Se han fortalecido en los años ‘90, en los peores momentos de la economía, en contextos hostiles desde lo político. Han formado redes para construir su sustentabilidad. Y ahora atraviesan nuevos desafíos: construir este nuevo mapa comunicacional en conjunto con (no ya a pesar de) organismos públicos que desarrollan planes de fomento a la producción.

El sector sin fines de lucro –diverso y heterogéneo en sí mismo– se enfrenta con importantes dificultades. Una de ellas es la saturación y desorden del espectro radioeléctrico en zonas urbanas. La tendencia a la formación de oligopolios y la batalla que el Estado argentino ha dado contra grupos multimediáticos poderosos para poder desconcentrar y organizar el espectro son parte de este contexto.

También son preocupaciones legítimas los costos de los equipamientos y la falta de profesionalización de sus cuadros. Durante décadas se ha generado una masa crítica de radialistas formados como coordinadores de talleres, se han producido libros, trabajos académicos y textos de sistematización. La capacitación en la gestión de proyectos radiofónicos es una realidad extendida en el país. Se ofrecen, en el marco de políticas públicas o por fuera de ellas, talleres destinados a grupos promotores de radio. Sin embargo, estos procesos en muchos casos son interrumpidos, intermitentes, o deben comenzar reiteradamente desde lo básico porque los grupos cambian. En este marco se destaca una dificultad: la capacidad necesaria para producir tanto contenido propio como indica la ley, más la gestión de contenidos de otros medios o productoras para su retransmisión aún no está desarrollada en muchos casos. Una parte importante de las radios comunitarias no están en condiciones de sostener 12 horas de programación ni de elaborar programas diversos, de contenido social, respetuoso de los derechos, y de calidad, todos criterios que la LSCA tiene en su carta de principios. Por falta de conocimientos técnicos, ausencia de productores rentados para hacerlo, falta de formación, debilidad en los grupos o dificultades de gestión y organización, muchas radios tienden a reproducir música o poner al aire programas en los cuales la producción de noticias se reduce a la lectura de diarios.

En este sentido, la “legalidad”, además de una gran oportunidad, es un desafío y una responsabilidad para los comunicadores populares.

Las radios comunitarias formadas luego de la sanción de la LSCA, y las que esta permitió legalizar, dialogan hoy con un mapa mediático en proceso de cambio y con una cultura de la lectura crítica de medios que la propia ley fomentó.

La radio comunitaria destinada a pasar avisos, la anécdota pintoresca en la que una mujer avisaba a través de la radio sobre la crecida de un río, o saludaba a un vecino por el cumpleaños no es el único horizonte de los proyectos que se gestan actualmente. Muchos de ellos ya están atravesados por las nuevas tecnologías, son llevados adelante por jóvenes y adultos con intenciones de incidir en el discurso mediático, y se desarrollan en comunidades más complejas, con más gente incluida, atravesada por políticas públicas de nuevo tipo.

La producción de contenido resulta crítica en este escenario. Las radios comunitarias ya no están destinadas sólo a los contenidos locales. Eso que en muchas concepciones es la fortaleza de lo comunitario, el localismo, el pintoresquismo, la pequeña escala, la cercanía con el vecino, es una parte. Hoy las comunitarias pueden transmitir a través de Internet y trascender el territorio, pueden acceder a fuentes diversas, contar con los medios públicos para retransmitir contenidos, concursar en certámenes de producción de contenidos, darse la discusión por la comunicación en mayúscula.

* Miembros de Abrojos, Colectivo de Educación Popular. www.abrojos.org

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