Primero, el Pueblo.

Por Samuel Jiménez M.

El proceso de “alumbramiento” de una nueva realidad tiene sus propios tiempos y comportamientos, los que no siempre van en la dirección que se desea, a la velocidad o premura de los que esperan que se perfeccione o transforme lo existente.

Pretender que será una persona o una figura la que resuelve la cantidad de abusos e injusticias, sería incorporar una suerte de religiosidad a la política, más basada en la fe que en el trabajo. Sin la participación del pueblo, la salida política y social a los problemas de hoy, no es ni posible ni sería duradera.

A riesgo de muchas cosas, convengamos en que las dictaduras no terminan, pasan por la esperanza, la confianza y ello da lugar a situaciones complejas que permiten la legalización de los abusos y un distanciamiento entre el pueblo y sus líderes o representantes.

La presencia de nuevos liderazgos sociales es una señal de maduración, de mayor conciencia, de una nueva capacidad de “darse cuenta”. Pero aunque marchen miles, sin organización de base y si discusión política social, esa mayoría puede  seguir y apoyar el proceso más por inercia que por convicción fundada.

En el caso chileno, los partidos existen en teoría y en “derecho”, pero basta con observar su capacidad de convocatoria interna o la conducta de sus democracias partidarias para comprender que, en la práctica, lo que queda son sólo sus burocracias administrativas funcionando con fuerte apoyo de los medios de comunicación.

Es tiempo de preguntas y si es posible de respuestas también. No se trata de problemas personales ni de mayor o menor simpatía y eso no para quedar bien con todo el mundo,simplemente se hace necesario vivir una tolerancia y un respeto activo, en la esperanza de que las soluciones no sean violentas y encuentren espacios y tiempos inteligentes.

La capacidad intelectual de la “clase política” y de los “grupos de control económico y político”, es tal, que no les deja el privilegio del “perdónalos porque no saben lo que hacen”. Los abusos de los bancos, la privatización de las propiedades del Estado, el uso de los fondos de pensiones, la explotación irracional de las personas y los recursos naturales no es posible concebirlos sin el pleno conocimiento y responsabilidad de los que han dirigido los destinos de Chile en los últimos 40 años.

Que la foto de una persona mujer arriba de un tanque sea un motivo inspirador para captar el voto popular o que una tragedia, como 33 mineros atrapados, permita ver un liderazgo, eso da cuenta de que el “control de daños” causados por la dictadura en Chile, aún no concluye.

Las propuestas y candidaturas, especialmente las presidenciales, deben pasar las pruebas de la transparencia mínima y ser claramente del pueblo, ni prestadas ni menos de ellos.

Es tiempo de más preguntas y de perseverar en el trabajo colectivo que trasciende y tiende a permanecer en el tiempo.

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