Presentación del libro “Danza de los Cuervos” en Villa Grimaldi

Visión del Maule

Quiero comenzar recordando a todos nuestros compañeros caídos en la lucha antidictatorial y a todos aquellos que han dedicado su vida a luchar por un mundo más justo.

Este es un lanzamiento muy significativo y no fue elegido al azar, ya que se efectúa en Villa Grimaldi, lugar que la DINA denominaría “Cuartel Terranova” y desde donde fueron trasladados personas que estaban secuestradas al cuartel Simón Bolívar durante los años 76 y 77 donde nadie salió vivo.

Aquí por primera vez se cuenta con los testimonios y declaraciones judiciales de los agentes de la Dina; o sea se cuenta la historia desde adentro, de los propios ejecutores, hay una minuciosa descripción del exterminio de personas durante la dictadura militar en sus primeros años

Es una de las investigaciones más serias desde el periodismo investigativo que aporta a la historia reciente nuestra, a la vez que plantea la necesidad de ampliar y enriquecer nuestra memoria histórica y cultural del país en que vivimos.
Una de las preguntas que nos asaltan ¿cuánto más nos falta aún por conocer?
Hoy día nos convoca hablar sobre un libro que desgarra, que nos hace pensar en cómo una ideología puede crear tales mentes enajenadas, capaces de proferir a otro ser humano dolores, sufrimiento y humillación para doblegar la voluntad.

Me refiero a la tortura. Eso que se hizo parte del día a día en todos estos centros de torturas y exterminios, como lo fue el cuartel Simón Bolívar de la DINA,

Yo llegué a este personaje Jorgelino Vergara  trabajando en el equipo jurídico dedicado a los derechos humanos en el CODEPU. En tribunales me enteré de su existencia y la de otros agentes de la Brigada Lautaro y hablé con Javier, con el cual llevaba trabajando un tiempo en estos temas; se necesitaba alguien valiente y él lo es.

Como persona conocedora del Derecho, sabía que las posibilidades de que se conociera públicamente lo ocurrido en Simón Bolívar eran casi nulas, puesto que los procesos se encuentran bajo las normas del antiguo sistema procesal penal, que impide que se conozca el sumario hasta que se condene en una sentencia firme que generalmente llegue a la Corte Suprema, este caso está hoy en secreto de sumario.

Javier me preguntó ¿qué me puede pasar cuando salga el libro?, yo le respondí: no te preocupes hay cinco abogados dispuestos a defenderte.

A propósito de esto, debo informarles que esta semana el programa de derechos humanos de investigaciones está interrogando a Jorgelino Vergara, sobre lo que no contó en el libro: su trabajo en la CNI.

Esta investigación específica, que empezó hace más de siete años, se debió a la Primera querella criminal puesta en 1992 por Gladys Marín, que en paz descanse.

Muchas veces nos enfrentamos a murallas difíciles de derribar para que esto saliera a la luz pública. Debido al hermetismo de lo que es la Justicia en nuestro país, las presiones políticas existentes y la no voluntad de seguir investigando más allá que aún hoy persisten .

Comprender es comenzar a escribir una memoria activa, que logre un conocimiento riguroso para desentrañar los procesos constituyentes que desencadenaron estas resultantes trágicas que hoy nos reúnen.

Todos fuimos sorprendidos por la brutalidad después del golpe de Estado. Nadie había escrito sobre cómo actúa la derecha cuando ve amenazados sus intereses de clase en Chile.

Todos quienes murieron en estos recintos fueron resistentes y eso es el gran aporte de sus vidas a esta sociedad que hoy tiene a jóvenes resistiendo a un modelo de educación injusto y clasista, que permite que existan chilenos de primera clase y hasta de cuarta clase.

La historia de nuestro país está demostrando que es imposible. “dar vuelta la hoja”. Cada día se develan más y más episodios ocultos respecto a las violaciones durante la dictadura; este libro es una muestra de ello.

Un país que no quiere enfrentarse con su pasado, analizar las herencias de la dictadura y como éstas influyen y condicionan a nuestra sociedad actual volverá a repetir los mismos errores del pasado. No puede actuar en el presente y mucho menos podrá construir una sociedad diferente donde se respeten los derechos de las personas y de todo su entorno.

Personalmente me parece sospechoso este olvido, que se quiera “olvidar”. Está demostrado que lo único que repara estas cicatrices del alma es la justicia, la verdad y la reparación. Y no la reconciliación.

Por eso reconozco que el libro de Javier Rebolledo supera cualquier expectativa frente a esta necesidad de abrir las compuertas sobre el pasado.

Considero que es un deber apoyar todas las iniciativas de construir una memoria que dé cuenta de las violaciones a los derechos humanos, pero también que dé cuenta de la resistencia de miles de personas que desafiaron a la dictadura militar rompiendo sus marcos de obediencia y sumisión al terror.

Hemos hablado sobre violaciones a los DDHH, sobre terrorismo de Estado y, por supuesto, de la Dictadura Militar.

Son palabras que en estos momentos de la historia se encuentran muy relacionadas unas con otras; nos referimos a ellas con absoluto rechazo, significan para nosotros la total negación de la justicia y la dignidad, e investigaciones tan rigurosas como la realizada por Javier Rebolledo nos reafirman más y más la atrocidad de la que fue protagonista el Estado de Chile.

Inmediatamente después de esto se nos viene a nuestra mente la palabra “memoria”, memoria como herramienta histórica que nos ayuda en la construcción de nuestra identidad como individuos y como pueblo; se nos viene a la mente el “nunca más”; y también se nos viene a la cabeza aquellas ideas por las cuales lucharon los compañeros caídos, por las ideas que luchamos todos, por las ideas de real justicia, real democracia y real libertad.

Y todo este universo de ideas, personas, palabras y cosas, nos hace enfocarnos casi inevitablemente a esa época: 17 años de terror, la Dictadura, Pinochet, Mamo Contreras, Edgar Ceballos, Moren Brito, Alvaro Corbalán y yo digo Fernando Matthei.

Pero muchas veces en nuestro afán de conmemorar a nuestros muertos, de identificar a los asesinos y a los artífices de tal atrocidad, solemos caer en una suerte de encorvamiento del alma y nos cuesta levantar la cabeza y realizar el ejercicio básico de abstraernos del dolor inmediato y ver qué significó realmente esa política tan nefasta.

La dictadura militar es, entre muchas cosas, el recuerdo permanente de que para poder instaurar un modelo de tales características como el que existe hoy en día en Chile, se tuvo que llevar a cabo a sangre y fuego. La “paz democrática” (y digo paz entre comillas y democrática entre comillas) actualmente vigente en Chile ha sido previamente abonada por la barbarie. Sin ésta no se entiende aquélla. Esta supuesta paz ha sido hija legítima del castigo y la violencia, la punición y la dominación, tópicos que quedan normalmente fuera del discurso social y político.

Entonces, si la Dictadura y su barbarie fueron la violencia fundante de lo que vivimos hoy en día ¿qué son nuestros muertos? Fueron la resistencia, fueron la sustancia rebelde que se opuso y, así, podemos decir, que nuestro sistema político y económico está manchado con sangre.

Por otra parte, en nuestra reflexión y superación de lo inmediato, debemos entender que, así como hubo una violencia fundante del actual modelo, también es necesaria una violencia que lo mantenga, y eso inevitablemente nos lleva a las violaciones de los derechos humanos hoy en día.

Y esa es la relación de la violación de DDHH de ayer y de hoy, la primera fue iniciadora y la de hoy conservadora, en el sentido de que tiene por finalidad la mantención de este modelo.

Algunos ejemplos de estas violaciones de DDHH hoy día:

  • La violencia ejercida por el Estado en contra de las comunidades mapuches y, especialmente, los niños mapuches, puesto que un Estado y un mercado de estas características jamás aceptará una gota de autonomía que oponga a sus intereses;
  • La violencia indiscriminada en contra de los estudiantes que son la voz que al criticar el modelo de educación están cuestionando las bases de este modelo de la desigualdad y segregación;
  • La muerte de Manuel Gutiérrez que ya se cumple un año desde su asesinato por parte de un policía que ha quedado en la absoluta impunidad;
  • El montaje judicial conocido como “El Caso Bombas”, llevado a cabo en contra de jóvenes que se les acusó de terroristas que se basó en el prejuicio y la discriminación;
  • Una ley llamada Hinzpeter que pretende criminalizar las únicos medios de expresión que nos van quedando;
  • Se quiera evitar la representación popular por la vía de la judicialización de los conflictos. Me refiero a la acusación judicial contra el dirigente poblacional, concejal de Peñalolén y candidato a alcalde, Lautaro Guanca

¿Es toda esta violencia casual? A mí me parece que no.

Por esto, insisto, las violaciones a los DDHH de la dictadura y las que ocurren hoy en día se encuentran inter relacionadas de una manera inseparable. La de antes fue para instaurar este sistema, la de hoy, es para mantenerlo.

Hoy al igual que ayer, castigan al cuerpo, lo intimidan, lo golpean, lo abusan. ¿Vamos a permitir que esto pase frente a nuestros ojos?

La respuesta es NO

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