Por un periodismo que al decidir, respete

machismoPor Catalina Baeza

Cada vez que tomamos una decisión, por menor que sea, nos enfrentamos con algunas dudas o conflictos de intereses entre lo que deseamos y lo que de hecho podemos hacer. ¿Me levanto a las 7:00 o a las 7:30? ¿Compro 4 panes o 6? ¿Me cambio de trabajo o espero un poco más? Muchas veces estas dudas nos pasan desapercibidas porque nos ocupan pocos minutos de nuestro tiempo, otras veces, cuando la duda se relaciona con algo que pone en conflicto nuestro interés principal o nos pone en conflicto nuestra visión de mundo, el tiempo que tomamos para resolverla es mayor.

Por ejemplo, al escribir esta columna me asaltan dudas sobre las palabras que utilizaré. ¿Será que es mejor que escriba en primera persona del singular o será que es preferible continuar en un modo más impersonal? ¿Cual es la intención y el interés que tengo al escribir esta columna? ¿La escribo de forma objetiva?

Estas preguntas y muchas otras que me hago cuando escribo un artículo me ayudan a entender el sentido y el objetivo de hacerlo, y una vez que soy capaz de responderlas, me puedo sentar a escribir sobre el tema que es de mi interés comentar.

Esto me muestra que racional y emocionalmente alcanzo mis objetivos cuando pienso sobre mis intereses, sobre mis intenciones, pero aunque las dudas con las que nos enfrentamos las solucionamos pensando en nuestros objetivos e intereses, de hecho la mayoría de nuestras acciones no dicen respecto solo a nosotros mismos. La mayoría de nuestras acciones incluyen a otros y los incluyen de muchas formas diferentes, por ejemplo al escribir asumo que este acto puede beneficiar directa o indirectamente a algunas personas y al mismo tiempo perjudicar a otras.

Un modo de perjudicar una persona escribiendo es faltándole el respeto, algo que sucede con bastante frecuencia en los medios de comunicación y redes sociales. Por respeto entiendo la aversión a provocarle sufrimiento, mal o dolor a otro ser humano con la intención de hacerlo.

Decir esto no soluciona el problema que surge en el momento de la duda sobre como escribir, pero me alerta sobre los dominios de la moral. La moral entendía como el comportamiento que afecta al otro o a la otra como consecuencia de mi actuar.

Cuando un medio de comunicación decide incluir un titular sexista y ofensivo como forma de alcanzar su objetivo lo que hace es legitimar la violencia contra las mujeres naturalizandola y al hacerlo, no se cuestiona por la moral de su actuar.

Cuando un medio de comunicación, al plantearse sus objetivos no se cuestionan sobre las intenciones y las consecuencias de las palabras que utiliza, lo que hace es no asumir la parcela de responsabilidad que tiene por la construcción social y el modo como sus palabras pueden afectar a quienes lo leen. Construcción que a través del lenguaje continúa fomentando la violencia contra las mujeres, el abuso, la discriminación y la indiferencia frente al maltrato verbal y psicológico a pesar de todas las recomendaciones que la Comisión de Género del Colegio de Periodistas les ha hecho en reiteradas ocasiones.

En un proceso recursivo, la sociedad lee la naturalización de la violencia contra la mujer como algo légitimo y responde, afectada por lo leído, un poco más violenta hacia la mujer.

Somos seres relacionales que se constituyen en el lenguaje, dependemos y aprendemos de los otros y de las otras. Las palabras que utilizamos no son inocentes, construyen o destruyen, lo que leemos en los medios de comunicación fue escrito por una persona o un editor que tomó la decisión de utilizar esa palabra y no otra, en esa decisión yo solo espero que el objetivo sea construir una sociedad donde el respeto hacia mujeres, niñas y niños, respeto hace la diferencia, sea la intención del medio de comunicación.

Fuente: El Desconcierto

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